República, republiquita

El avispero

¡Buenas, queridos lectores, espero que todos aquellos que tienen la dicha de ser padres hayan podido disfrutar de un buen domingo (dentro de las restricciones que nos aquejan)! Yo no suelo celebrar estas fiestas, porque se imaginan que en mi casa (el Panal… Zzz… Zzz…) al avispón macho es un padre ausente…
En fin, a pesar de no tener con quien celebrar, lo mismo me pasé el domingo descansando, porque la verdad es que el sábado quedé de cama; les cuento: estaba yo lo más tranquila revoloteando por la vera del Suquía después del mediodía, cuando pasaron raudamente unas relucientes camionetas 4x4, de esas enormes y llenas de cromados por todos lados, que bajaban por la costanera hacia el nudo de la Terminal, a los bocinazos limpios. Ahí nomás aceleré mis alitas y los seguí, a ver qué cosa era tanto quilombo; cuando la caravana cruzó el río y enfiló para Plaza España, bajaron los vidrios de las ventanillas y desplegaron banderas argentinas (tuve que alejarme un poco, porque casi ligo un banderazo en un remolino). “Ah -me dije- ¡qué patriotas! ¡es una caravana por el Día de la Bandera!” Pero cuando llegamos a Plaza España aquello era un despiplume de coches y bocinas, y me di cuenta que con Belgrano y la enseña patria no había mucha relación cuando comencé a escuchar los cánticos, que en forma creciente se multiplicaban: “¡Viva el capitalismo!”, “¡El covid es mentira!”, “¡Frenemos al comunismo!”, “¡Todos somos Vicentin!”, “¡Nos gobiernan los Montoneros!”, “¡Basta de cuarentena!”, “¡Abajo Alberto!”. Qué ensalada de frutas… bajé un poco desde mis alturas, a ver si se me aclaraba un poco el tema, y escuché a dos ruralistas, de boina de carpincho, que habían bajado de sus 4x4 y estaban eufóricos: “Pensé que no íbamos a ser ni la mitad, ¡pero esto es una revolución! Los volvimos a frenar, como con la 125… ¡Hasta aquí llegaron estos!” le decía uno al otro, mientras lo abrazaba. Y, la verdad, había mucha gente: atronaba el aire el bocinazo general y se estiraban los minutos y no aflojaba. Luego, comenzaron a bajar hasta el Patio Olmos; yo los seguí.

El banderazo en el centro era aún más anárquico que en Nueva Córdoba, y un tanto contradictorio, porque los que aseguraban a los gritos que “la pandemia no existe” y que el aislamiento y la cuarentena son medidas autoritarias “para frenar las protestas y las movilizaciones”, lo decían con los barbijos puestos; los que clamaban por que se cumpla la Constitución y las leyes, lo hacían en abierta violación a las disposiciones legales sobre reuniones y concentraciones en emergencia sanitaria; y así. Pero de todas las cosas que me resultaron tan llamativas en esa movilización espontánea de cordobeses y cordobesas “por la Libertad y la República”, hubo dos que me dejaron pensando: entre todas las banderas argentinas, la pancarta más grande que desplegaron en la marcha estaba muy bien hecha, en azul sobre lienzo blanco, y era un mensaje dirigido al gobernador Schiaretti: En sus manos y en las de sus diputados está el destino de la República, decía, o algo así. Claro: iba dirigida a los que, en el Congreso, deberán votar probablemente la expropiación de la cerealera Vincentin, según anunció el Presidente. “Qué prolijito, hecho por letristas profesionales”, le decía una señora, tapada con su tapado y su barbijo, a su compañera, que se había puesto una bandera argentina de bufanda. Con esta gran pancarta y esta movida, ¿ya puede argumentar el Gober que el “clamor popular” le pide que Córdoba se oponga al gobierno nacional en el tema Vicentin…?

Y el otro cartel que me sorprendió en esa tarde tan llena de consignas llamativas fue uno amarillo, que pusieron (significativamente) tapándole los ojos a la esfinge del Gringo Tosco: una serpiente verde enrolladita sobre una frase en inglés: “DONT TREAD ON ME”. Como mi inglish es muy malo, me acerqué a uno que lo estaba leyendo: iba en un Citröen 3CV medio baqueta que desentonaba entre tanta camioneta cromada, y el republicano se lo traducía a su señora en el más natural de los dialectos locales: “Dice: No me piséi, culiáu”. Zzz… Zzz… Zzz…

Raimunda, la avispa

 
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