Gringo caliente

El avispero

¡Buenas, queridos lectores, y un especial saludos a nuestros suscritores LGTBIQ+ (disculpas si me olvido de alguna consonante) en el Día del Orgullo! Hablando de orgullosos, ya es sabido el carácter altoitaliano que navega por las arterias de nuestro Gober: el hombre es de reacciones enérgicas cuando las disposiciones que ha tomado se cumplen a medias, o sus subalternos (por alto que sea el cargo que ocupen en el funcionariado) se hacen un poco los distraídos, y en la distracción diluyen lo que el Jefe haya decidido. Algo de eso vi la semana pasada en las oficinas altas de mi casa (el Panal… Zzz…) con cierto subsecretario que -seguro por un olvido imprudente pero sin mala voluntad- andaba por los pasillos del poder sin el preceptivo cubrebocas, justo en el momento en que el Gober pasaba rumbo a su despacho.

Ahí nomás se despachó el hombre, y a los gritos pelados, “¡¿Cómo vamos a esperar que los cordobeses comprendan que la cosa es grave si nosotros mismos no nos ponemos los barbijos!?”, o algo así se escuchó atronar. Un rato después, salía la decisión de enviar a la Legislatura el proyecto de ley de aplicar multas económicas a aquellos que se “distraigan”, o que conscientemente incumplan con las medidas de prevención dispuestas por la autoridad sanitaria, como el uso de barbijos en todos los espacios públicos, y la prohibición de reuniones de más de 10 (diez) asistentes. “¡Y no serán dos mangos con veinte, multas de verdad, a ver si así entendemos que no es joda!”, atronó en mi casa. Yo volé a las piecitas pequeñas del Panal y ahí me quedé, manteniendo distancia social prudente y obligatoria. Y ahora, multable. 

La bandera idolatrada

Y ya que hablamos de orgullosos, fui testiga de una cosa extraña este finde (extraña, digo, porque una cree que los tiempos pasados ya pasaron, y que ciertas actitudes perimidas de esos tiempos pasados no deberían volver…) Pero el sábado, como quien conmemora los 100 días de cuarentena, salí a dar unos vuelos por el Parque Sarmiento, y me llamó la atención el colorido que flameaba sobre la rotonda de entrada a nuestro jardín urbano. Me acerqué, y era la bandera del arco iris, que nuestro Lord Mayor, Martincito Llaryora, había izado en el mástil de la placita para apoyar a la diversidad sexual y a la libertad, adhiriendo, desde el gobierno municipal, al Día del Orgullo. Muy loable iniciativa, por cierto, que da un paso más en ese camino tan largo y tan lleno de obstáculos: el del vivir como cada uno quiera y sienta.

Estaba en esas disquisiciones cuando veo llegar a un grupo también diverso: un señor de gafas negras, un señor de gafas blancas, y una señora de pelo teñido, y se ponen a arriar la del arco iris y a reemplazarla por la bandera nacional. “Somos Ciudadanos Argentinos, y pondremos en el mástil el Azul Paño Nacional, que no ha sido atado al carro triunfal de ningún vencedor de la Patria” (así hablaban, con mayúsculas y todo). Había unos chicos de los colectivos de la diversidad cerca, y les hicieron frente: “Nosotros también somos ciudadanos, y ustedes están cometiendo un delito”. Y de paso les recordaron que estaban en infracción, porque ninguno de los tres vecinos llevaba puesto el obligatorio cubreboca.

Qué lástima, me dije mientras volaba de vuelta al Panal, que hayamos pasado tanto dolor y tengamos todavía entre nosotros gente que no soporta ser libre ni soporta ver gente que viva libremente. Pero llegando a casa también pensé qué esperanzador es que haya chicos como ésos, que no tengan empacho ni temor de enfrentarse con los retrógrados, y exponerlos en defensa de los derechos de todos. 

El poder de ellas

Y en esto de cosas que cambian y cosas que se niegan a cambiar, qué me dicen del creciente poder de las compañeras gremialistas, ¿eh? Según escucho por los pasillos, ya está definido que Hilda Bustos, la titular del gremio de los Gráficos (y, no olvidar, legisladora provincial del oficialista bloque de Hacemos por Córdoba) sería la reemplazante de José Pihen al frente de la CGT-Córdoba. El escandalete en torno a la jubilación del Pepe Pihen sigue; como se sabe, con 74 años y 53 de aportes, al líder sindical le concedieron la jubilación, en trámite “express”, 48 horas antes de que se aprobase la reforma jubilatoria que recorta los haberes de los pasivos (en un acto legislativo, además, del que el propio Pihen participó, como legislador provincial que es).

Y ese escandalete se cortaría mediante una baja médica, con la salida de Pihen del escenario; lugar que pasaría a ser ocupado por su actual secretaria adjunta, la compañera Ilda Bustos. Si se da ese enroque, y con la compañera Beatriz Biolatto -estrechísima y cercana amiga del otro histórico líder sindical, Rubén Daniele- al frente del potente sindicato de los municipales (Suoem), el poder gremial cordobés estaría por entero en nuestras femeninas manos. ¿Qué tal, Pascual? Zzz… Zzz… Zzz… 

Raimunda, la avispa 

 

 
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