Desplegar el arte en la vejez

Porota

Hace un par de años, cuando aún estaba sumergida en una profunda tristeza, me invitaron a disfrutar de una obra de teatro protagonizada por nietos, nietas, abuelos y abuelas. Personas mayores, sin oficio en el arte de actuar, escenificando con profunda belleza el vínculo con las generaciones que los suceden. Con los hijos e hijas de sus hijos e hijas.

La obra se llamó Vínculo y se presentó en el Teatro Real de la Ciudad de Córdoba en septiembre de 2014. La dirigió mi querido amigo Walter Cammertoni, un talentosísimo coreógrafo, dramaturgo… Un artista de nuestro país, de una sencillez y generosidad poco habitual; de una apertura y humildad que me atrajeron desde el primer día que lo conocí.

Vínculo habló por mí. Escenificó lo que yo no estaba pudiendo expresar. Emociones que habían quedado varadas en algún lugar. Fue la expresión que permitió comenzar a abrirme, a salir del mundo de depresión en el que había elegido quedarme. Las miradas profundas que un hombre y una mujer mayor compartían mientras bailaban. La abuela danzando junto a su nieta. El abuelo caminando a la par. La música intensa, de suave cadencia, las luces que mostraban y ocultaban; encandilantes, tenues.

El psicólogo francés Boris Cyrulnik es especialista en resiliencia. Este hombre ya mayor, escapó con tan solo seis años de Auschwitz. En una entrevista le preguntaron por el arte y su vinculación con la resiliencia. Y él dijo: “Si cerramos las bibliotecas, suprimimos el cine y el teatro nos quedaremos sin posibilidad de canalizar nuestros dolores. El cine, el teatro, los libros, narran tragedias, cuentan historias emotivas de gente, de niños que consiguen superar la tragedia. Para nosotros es una forma de comprender y para quienes han sufrido algún trauma es una forma de pedirle al artista que sea su portavoz. La negación es protectora, nos evita afrontar el problema y obstaculiza la resiliencia. Sin embargo cuando le damos la palabra a los artistas, poetas, cantantes, escritores, deportistas y cineastas las emociones están controladas. Ellos dirán lo que yo no puedo. Representarán la tragedia de manera soportable”.

El arte que mi amigo Walter ayudó a desplegar en el escenario a esas personas habilitó a que mi dolor pudiese hallar la belleza necesaria para expresarse, permitiéndome representar, a través de otros, un modo saludable de sanar. La respuesta habitaba en mí, pero sin la ayuda de esa obra Vínculo no hubiese sido posible obtenerla.

El arte juega un papel muy importante en el proceso de resiliencia, especialmente en la infancia, pero también en cualquier etapa de la vida.

Esta reflexión es un homenaje sencillo y humilde a quienes se dedican a promover, impulsar, generar, financiar y compartir arte. Todos deberíamos poder regalarnos un momento artístico al día: leer, escuchar música, pintar, bailar, actuar, cantar, ir al cine o disfrutar de una película en casa.

“La carencia invita a la creatividad”, dice Boris. Aprovechemos nuestras carencias y dolores para transformarlas en pequeños, genuinos y simples actos artísticos. Así, y solo así, nos garantizaremos la esperanza de saber que la belleza habitará aún en los lugares más oscuros e inhóspitos de nuestra humanidad.


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10 Mayo 2019
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