Del anillo a las esposas

El ojo de Horus

La fe mueve montañas, pero cuando es ciega, también nos puede llevar al abismo. Arturo Peralta era el "pastor evangélico" de la iglesia Josafat de Jesús María. Su prédica era poderosa y sus oídos, gigantes parabólicas que escuchaban los padecimientos interiores de quienes confiaban en él. De este modo, conocía quién era quién en su rebaño, las fortalezas y las debilidades.

Pero este "pastor" guardaba un perverso secreto que quedó al descubierto cuando una de sus confidentes rompió el pacto de silencio. Peralta se aprovechaba de las mujeres vulnerables y abusaba de ellas.

El martes pasado fue condenado por la Cámara Octava del Crimen a 16 años de prisión. Según la acusación, cuando manoseaba a no menos de diez mujeres (y en un caso con acceso carnal), Peralta "las liberaba del maligno espíritu de la seducción". Las tocaba y les pedía tranquilidad, porque les decía, que en realidad "estaba orando". Como él era el Representante de Dios en la tierra, entonces amenazaba a estas feligresas para que no contaran nada de esas espantosas vivencias "espirituales". El Demonio podría caerles encima, a ellas y a sus familias.

Para los quinieleros, el 16 significa "el anillo" en el mundo de los sueños; para las víctimas, lamentablemente, todo fue una pesadilla, y para Peralta, el 16 termino siendo "las esposas".

La costumbre de robar autos

Los tiempos modernos imponen exigencias mayores, incluso para los especialistas en vivir del "choreo". Hace algunos días, la Cámara Quinta del Crimen condenó a los 18 integrantes de una banda dedicada al robo de autos en nuestra ciudad. Entre ellos cuatro policías, incluyendo a dos ex jefes del área Sustracción de Automotores. Habían armado un polirubro, que iba desde el levantamiento, hasta el desguace, venta de las partes, reventa de los vehículos con papeles adulterados y hasta simulaciones de robos para cobrar los seguros.

Me sorprendió conocer que varios de estos condenados, ya estaban acusados por nuevos hechos posteriores a los años 2011 y 2012, cuando ocurrieron los eventos juzgados. Según se desprende de algunas confesiones y conversaciones telefónicas, "saber los secretos de robar autos" permite ganar buena plata, sin arriesgar demasiado. Uno de los condenados dijo "no sé hacer otra cosa. Este es mi trabajo y es a lo que estoy acostumbrado".

 

 
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