Ravioles, tallarines y pascualinas

El ojo de Horus

Buenos sueldos

“No envidies la riqueza del prójimo” (Homero). Pero cuando la envidia es sana, entonces envidiemos. Desde hace varios años, el gremio de los judiciales reclama la “porcentualidad”; lo que implica que los salarios de los trabajadores sean más cercanos y atados a un porcentaje de lo que cobran los magistrados. Por eso, en Tribunales resulta inevitable preguntar sobre los números, los billetes y el bolsillo.

Por estos días, se está implementando un aumento del 15% en dos tramos para los trabajadores. Con este refuerzo, el salario de un integrante del Superior Tribunal de Justicia (TSJ) superará los 350.000 pesos; los jueces y fiscales de Cámara los 300.000 pesos; y de allí hasta el cargo más bajo, el de los prosecretarios, por encima de los 120.000 pesos. Muy por debajo los trabajadores, con maestranzas y meritorios por debajo de los 30.000 pesos.

Por supuesto, la inmensa mayoría tiene la gran suerte de NO sufrir el descuento del Impuesto a las Ganancias. El básico de un ministro de la Corte Suprema ronda los 240.000 pesos, monto al cual se le deben sumar los múltiples adicionales, y entonces suman más de 400.000 pesos. En el Alto Cuerpo, quien menos cobra de básico, es el ayudante, se lleva casi 50.000 pesos.

Un juez de antigüedad gorda, defensor de la intangibilidad de los salarios, se atajó cuando le pregunté y me dijo: “Dejen de criticarnos, que la mayoría de los trabajadores tengan sueldos miserables no es nuestra culpa. Lo que si te reconozco es que los nuestros, son BUENOS SUELDOS”.

Ravioles, tallarines y pascualinas

Los memoriosos recordarán, con agua en la boca, lo placentero que era ir a comer pastas a Bettini, en el ya desaparecido comedor de barrio General Paz. Desde el mismo momento en el que los hermanos, el gordo y el flaco, te recibían y te invitaban a pasar mirándote por encima de los lentes.

En los próximos días, dos jóvenes ex cabos de la Policía serán juzgados por un insólito decomiso durante un control vehicular. Sucedió el 16 de agosto de 2016, en la Ruta 20 y calle Comechingones, a la altura de barrio Ameghino Norte. Pasadas las 22 horas, Darío Luján y Lucía Moyano frenaron a un taxista que trasladaba a dos adolescentes deportistas de Universitario quienes, a su vez, llevaban diez cajas de pastas para una habitual venta que hacían en el club, destinada a juntar unos pesos para viajar y competir con otros equipos; nada raro.

Nada raro, sí, hasta que a uno de los policías se le ocurrió decomisar las cajas “porque se había cortado la cadena de frío” y eran riesgosas para el consumo. Sin acta de secuestro alguna, y para sorpresa de los jóvenes damnificados, los agentes se llevaron los ravioles y tallarines al móvil de la fuerza. Dos horas después, las cajas seguían en el asiento trasero, pero una de ellas estaba abierta.
La acusación es la de abuso de autoridad, coacción y hurto.

Veremos qué argumento ensaya ahora la defensa durante el juicio en la Cámara Once. Si por mí fuera, les hablaría a los jueces con el estómago…” la culpa fue de los Bettini… ¡Hacían tallarines y ravioles taaaaaan ricossssss!

 
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