¿Alguien se quedó con algún vuelto?

Judiciales | El ojo de Horus

El Tribunal Federal 2 dio a conocer el veredicto del primer juicio de la Causa CBI. Se ha juzgado una presunta operatoria irregular en la desaparecida financiera que funcionaba ilegalmente en la intermediación de dinero, con posible lavado de activos y, tal vez, conformando varios de los acusados una asociación ilícita.

Entre las perlitas y derivaciones que ha dejado este primer proceso, figura la declaración de Marcela Barreiro, quien fuera secretaria del máximo responsable, Eduardo Rodrigo.

Entre tantas cosas, Barreiro contó que la empresa Siemens depositaba en la extinta financiera la recaudación de la tarjeta Red, Bus hasta que “algo” sucedió a finales del año 2011 con el cambio de gestión en la Municipalidad.

Rodrigo le habría dicho que a Siemens le habían surgido “costos extras” y que por estos “nuevos costos” interrumpía la relación con CBI. Cuando el fiscal Carlos Gonella le preguntó a la testigo sobre lo que quería decir con “costos extras”, Barreiro respondió: “Coimas”.

Si bien el fiscal Gustavo Vidal Lazcano ya comenzó a investigar, por ahora nada más se sabe sobre el asunto. Sólo existen presunciones que se pueden resumir en una pregunta: ¿Alguien se quedó con un “vuelto”…?

El 38 estaba cargado

En la Cámara Primera del Crimen juzgan a Darío Alberto Castagno, de 25 años. Está acusado de haber matado de un disparo en el pecho al policía Mario Luis Sosa, en el barrio Los Gigantes. El hecho ocurrió el 21 de octubre del año pasado, durante la madrugada, cuando Sosa estaba descansando junto a su familia.

La investigación del fiscal Marcelo Fenoll estaba trabada: ¿por qué lo habían matado a Sosa? ¿Era un ajuste? ¿Algo vinculado a su trabajo de policía? ¿Un robo común y corriente? De repente algo inesperado sucedió.

En Barrio Marqués Anexo se mató un joven usando un revolver calibre 38. Gracias a la pericia balística y la investigación de este suicidio, se descubrió que con ese mismo revolver 38 habían matado a Mario Sosa.

Habían sido “rompe-puertas”, que no le dieron tiempo a nada al policía. Él había dejado su pistola reglamentaria 9 milímetros arriba de la heladera. Le tocó a Sosa, le pudo haber tocado a cualquiera. Aquella madrugada los delincuentes estaban armados… tenían un 38, y estaba cargado.

 
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