Milagros inesperados

El Ojo de Horus | Judiciales

MILAGROS INESPERADOS
Brenda Barattini es la joven que lesionó gravemente los genitales de su amante con una tijera de podar. El juicio se reprogramó para el 11 de septiembre ya que la Cámara 2° hizo lugar al pedido de agravar la acusación a Tentativa de Homicidio, hecho por la fiscal Laura Batistelli. De todos modos, ya pudimos escuchar la declaración de SF, la víctima de 42 años. Contó detalladamente desde que se conocieron con Brenda hasta su vida actual y las secuelas que trata de superar. Por supuesto, fue muy ilustrativo a la hora de narrar sus recuerdos de aquella noche del 25 de noviembre de 2017, cuando fue al departamento de Chacabuco al 580, a buscar un instrumento musical. Dijo que la relación estaba casi terminada y que su plan era ir a ver el clásico, que jugaban Independiente y Racing (que ganó el Diablo por 1 a 0).

Fue en ese momento cuando apareció la sugerencia de Brenda de un encuentro íntimo; minutos después, semidesnudo y con una venda de terciopelo en los ojos, ya tirado sobre la cama, se toparía con la macabra sorpresa. En completo estado de shock y con su sangre regando las baldosas, SF recibió tres ayudas fundamentales. Atontado, buscó de un manojo la llave de la puerta del departamento, sin conocerla, manoteó una cualquiera que resultó ser la correcta. Ya en el pallier del sexto piso, gritó por ayuda. La primera en llegar fue una vecina, enfermera, quien al advertir que se estaba desangrando rápidamente le hizo un torniquete. Trasladado luego al Hospital de Urgencias, SF fue recibido por el jefe de Guardia, quien curiosamente era un urólogo, que no sólo descartó la posibilidad de seccionarle el pene, sino que le realizó una complejísima cirugía para salvárselo. Hoy lo puede contar. La llave, la enfermera y el urólogo fueron, en aquella noche de terror, sus “milagros inesperados”.

SOLO MÍA
En la Cámara Primera comenzó esta semana otro juicio de la infinita plaga llamada Femicidios. Lo impresionante de es-te asesinato es que fue cometido en el crematorio de Tole-do. El victimario, Miguel Ángel Steritemberg, era socio de esos hornos, y eligió ese lugar para pegarle un tiro en la cabeza a Silvina Mónica Merlo, su ex pareja, 20 años menor que él. Ocurrió el 27 de diciembre de 2017. Steritemberg y Merlo vivieron juntos durante cinco años, pero seis meses antes del crimen, ella terminó con esa relación asfixiante en la que los celos, la vigilancia y el control del acusado habían enfermado completamente el vínculo. Aquel fatídico día él, le tendió una trampa.

Con la excusa de firmar unos papeles de una cuestión pendiente la encerró en una habitación del crematorio, le rompió el celular y la mató. Luego habría intentado suicidarse, pero los empleados le impidieron consumar su propio final. Más allá de los ribetes propios, la historia se repite hasta el hartazgo. La cosificación de la mujer como si fuera una propiedad, y la permanente amenaza que se guarece detrás de un supuesto enamoramiento: "me pertenecés únicamente a mí, no necesitás ni amigos ni salir. Yo te doy todo lo que necesitás. No te hace falta nada, ni nadie más allá de mi presencia y existencia. Vos, ¡escucha bien! vos, sos sólo mía”. El discurso del horror.

 
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