Chisme

Ojo de Horus 

Chisme

Hace varios años, el actual fiscal federal Nº2 de Córdoba, Gustavo Vidal Lascano, ocupaba un importante despacho en Tribunales I. Era el Fiscal General mientras transcurría el segundo gobierno del fallecido ex mandatario José Manuel de la Sota. Sin embargo, el crimen de Nora Dalmasso en Río Cuarto, y los vaivenes de la investigación, provocaron que Vidal Lascano presentara su renuncia indeclinable a principios de 2007. A partir de allí, su quehacer se trasladó al Parque Sarmiento. Por estos días, y en medio de la fragorosa investigación por presunto lavado de activos de la “causa Luz y Fuerza”, comenzó a circular un comentario de pasillo sobre la aspiración que tendría el susodicho de volver al Palacio cercano a la Plaza de la Intendencia, pero para ocupar un lugar en el Superior Tribunal. Es probable que un integrante del Alto Cuerpo que peina muchas canas le ponga fin a su carrera y entonces dejaría una silla vacía. ¿Gustavo Vidal Lascano al TSJ? Por ahora, solo es un chisme.

Pepas y cartones

La muerte de otro joven, Samir Velásquez, por consumo de extásis, volvió a cachetear a la empalagosa sociedad cordobesa. Las fiestas, electrónicas y otras, continuarán haciéndose y las drogas, desde el alcohol hasta las sintéticas, consumiéndose sin escalas. Es el lacónico pero realista pronóstico que trazan los especialistas sobre una problemática que tiende a buscar y encontrar responsables fuera de las familias. Los controles de la FPA (Fuerza Policial Antinarcotráfico) suelen ser rigurosos, con cacheos estrictos, pero insuficientes para evitar el empastillamiento de los que por propia voluntad eligen “vivir” una noche de luces raras dando vueltas y un corazón vertiginoso con pretensiones de saltar del propio cuerpo. La intoxicación es facilísima: se pone una pastilla o un ácido debajo de la lengua y todo ocurre. Como si hiciera falta, los nombres comerciales del éxtasis y amigos son bien carteludos, como Rolex o Superman. Lo cierto es que como en los tiempos de los tiempos, muchos jóvenes y no tanto, tal vez desamparados, tal vez impotentes frente a los vacíos existenciales de sus vidas, buscan un poco de locura y alegría (sin conciencia real de la tragedia) en las “pepas y los cartones”.

 

 
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