Desgracia

El ojo de Horus

Desgracia

La herencia está asegurada por los genes, en lo que respecta a las cualidades físicas, y por la identificación y los mandatos familiares, para las conductas aprendidas y el perfil de la cada personalidad. La historia de Jorge Guillermo Altamira -alias “el Gallo”- encaja perfectamente en esta certeza científica, casi sin margen de error. Hace algunos días fueron condenados cinco de sus hijos por el mismo delito que lo tiene preso a él en Bouwer desde hace más de tres años. La venta de drogas en su Colonia Lola, barrio que bien podría ser considerado “el gallinero de los Altamira”.

Las condenas de la Cámara Segunda del Crimen fueron de cuatro años y seis meses de cárcel para José Luis Altamira (mono), Ivana Yael (rata), Roxana del Valle, Dalma Lourdes y Jimena Elizabeth. Pero también fueron condenados dos nietos: Marcos Ariel de 21 años, y una adolescente de solo 17 años. Sin dudas, el trasvasamiento generacional en la familia del Gallo es de buena calidad. Aunque por estos tiempos, esta pyme familiar pareciera haber caído en desgracia.

Luchín

A veces, la diferencia entre el bien y el mal es gigantesca y mucho más cuando el que termina ganando es el mal. Pero si es tan fácil decirlo y entenderlo, entonces: ¿Por qué a veces pagan justos por pecadores? La Cámara Quinta del Crimen comenzó a juzgar, y muy posiblemente condenará, a dos exponentes de la peor resaca social: Sergio Martín Acosta -alias Dillinger- y Hugo Héctor Gigena.

Según la acusación, durante la tarde del 12 de abril del año 2018 algo salió mal en un “negocio narco” en Colonia Lola y los imputados empezaron a perseguirse en auto y a tirotearse tejiendo al barrio de balas. Con su bicicleta, el conocido zapatero de la zona, Luis Alberto Toledo de 56 años, había llevado a su hijo Axel a la casa de su madre y cuando regresaba quedó en medio de la balacera y uno de los plomos atravesó su cabeza.

En el piso, Toledo gastaba su último hilo de vida tratando de levantarse cuando vecinos gritaban desesperadamente en completo estado de shock. Acosta y Gigena solo aceleraron y escaparon del lugar. Un testigo del aberrante hecho se preguntaba: “¿Por qué a él, si era un buenudo total? Luis Toledo se ganaba la vida arreglando zapatos. Dicen, era de los buenos… en el barrio lo llamaban Luchín.

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar