No nos olvidamos

El ojo de Horus

No nos olvidamos

El sábado pasado se cumplieron ya cuatro meses del crimen de Silvia Apaza en Barrio Congreso. La mujer de 31 años que trabajaba en una empresa de limpieza, y una madrugada mientras esperaba el colectivo en la parada para irse a trabajar al Instituto Modelo de Cardiología -donde ingresaba a las 7 de la mañana- fue asesinada por motochorros. Ese día, su marido no la podía llevar al trabajo porque tenían el auto roto. Ella sólo tenía en un sus manos una bolsa con un abrigo y un permiso para circular debido a las restricciones de la cuarentena.

En dicha circunstancia, dos delincuentes a bordo de una moto se le acercaron, le robaron la bolsita y le dispararon en la cabeza provocándole la muerte. Silvia era madre de dos niños y la conmoción golpeaba una vez más a la zona sur de nuestra ciudad.

La investigación fue compleja desde el principio. Una filmación mostraba las siluetas de los asesinos huyendo a gran velocidad pero los dateros jamás aparecieron. Sólo un "chamuyero" contó una versión totalmente falsa que derivó en la detención de un hombre inocente, quien finalmente debió ser liberado.

A pesar de las directivas precisas del fiscal Tomás Casas, por ahora no hay avances significativos. A Silvia Apaza la mataron el 10 de junio pasado, y su crimen permanece impune… No nos olvidamos.

Un mármol

Pocos momentos en la vida se pueden comparar al de un nacimiento. La vida, maravillosa, se abre camino y esa imagen del llanto gritón, desesperado del recién llegado, buscando los pechos generosos que confirmen que mamá está ahí, que lo de afuera es tan bello como lo de adentro.

Claro que después la vida dibuja meandros que -en algunos casos- desembocan en espantosas e incompresibles situaciones como lo son los matricidios.

En Río Cuarto condenaron a prisión perpetua a Héctor Ferreyra, de 60 años, quien el 2 de agosto de 2018 mató a su madre, Elsa Segovia, de 83 años, con golpes y un cuchillazo en el tórax. El hecho ocurrió en un edificio céntrico y Ferreyra intentó inventar un supuesto hecho de robo jamás ocurrido.

Aparentemente, el hombre le pedía frecuentemente dinero a su madre, quien esta vez se habría negado a firmar una garantía, una decisión que habría sido la gota que colmó el vaso y el motivo que desencadenó el fatal desenlace.

Durante el juicio conformado por jurados populares, Ferreyra sólo dijo que "era inocente". Palabras huecas que se correspondieron con una apatía sorprendente. Impávido, desinteresado, sin una sola lágrima. Sin el mínimo arrepentimiento. Lo que comúnmente se le dice "sin sangre en las venas". Un testigo del proceso judicial lo describió a la perfección: Ferreyra parecía un mármol.

 
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