De la Sota, un dialoguista que marcó el pulso político en Córdoba

Por Ramón Mestre 

Todavía no salgo del asombro. Me cuesta creer que José Manuel De la Sota, el “Gallego”, se haya ido trágicamente en un accidente automovilístico, en la misma ruta que lo tuvo al frente de una promesa que cumplió. Se fue un dirigente político diferente. Nos enseño tres cosas. Que la perseverancia, aún frente a las derrotas, es un valor fundamental. No darse por vencido nunca para defender las convicciones. Que el liderazgo se ejerce cuando se tiene la capacidad de innovar y adaptarse a los cambios. No es estático, siempre se aprende porque el cambio es una constante. Y, sobre todo, que el diálogo maduro y responsable es una herramienta de construcción permanente. Más allá de nuestras profundas diferencias partidarias, de las distintas formas de entender el quehacer en la gestión y, también, de nuestras coincidencias.

Tengo el mejor de los recuerdos de un dirigente comprometido con la democracia y de un político desafiante de lo establecido. Así, supo construirse a sí mismo. Así, supo cimentar su capital político. En 1987, con vestigios de la última dictadura militar aún en llamas, Eduardo César Angeloz, Ramón Bautista Mestre y José Manuel de la Sota se tomaron del brazo, en una muestra de fuerza. La democracia de Córdoba tenía custodios. Me quedo con ese recuerdo, con esa imagen que era pura acción.

Un remador. Recuerdo que, allá por 1983 y siendo yo muy chico, De la Sota y mi padre se enfrentaron en la aventura por el Palacio 6 de Julio cuando recuperábamos la democracia. A esa compulsa la ganó mi padre; pero luego, en 1998, le arrebató la gobernación de la provincia cuando el radicalismo buscaba la reelección. Fue elegido por los cordobeses y condujo los destinos de la Provincia en los períodos 1999-2003, 2003-2007 y 2011-2015. Fue senador, diputado, embajador, docente y sin dudas, uno de los protagonistas luego de la vuelta de la Democracia.

También, estaba construyendo el sueño de gobernar Argentina. Esa debe haber sido una de las pocas cosas que le quedó en el tintero. De todas formas, logró destacarse y ser un dirigente muy respetado a nivel nacional en su partido, el Partido Justicialista. Hace unos días estuve con él, me transmitió su preocupación por el país y me dijo que estaba dispuesto a dar batalla. En mi primer mandato como intendente y en su tercer mandato como gobernador de la provincia, el diálogo fue el camino que nos llevó siempre a buen puerto, porque pudimos atravesar con generosidad distintas problemáticas de la ciudad y buscar soluciones en conjunto.

El “Gallego” tendió su mano, sin importar nuestras posiciones partidarias. Porque competir no significa ser enemigos y él lo entendió a la perfección. Un valor fundamental para cualquier tiempo, al margen de las diferencias, que las hubo, y muchas. Se fue un líder que excedió al peronismo, que construyó con firmeza desde la pluralidad. Sin dudas, José Manuel de la Sota marcó el pulso de la política en Córdoba. Su espíritu dialoguista, su perseverancia y su liderazgo marcaron su impronta. Se va a notar su ausencia en el futuro. Ya se nota.

Intendente de Córdoba

Especial para HDC

 
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