Un actor protagónico durante cuatro décadas

Por Sergio Piguillem

Para los que abrazamos la política con vocación de servicio, compromiso social y, al mismo tiempo, como herramienta indispensable de construcción ciudadana, no dejamos de valorar y, hasta en ciertas ocasiones, de admirar, a aquellos hombres y mujeres que más allá de sus ideas, de sus posicionamientos, de su actuar cotidiano, han sido capaces de trascender sus propios espacios partidarios o de construcción política.

José Manuel de la Sota fue uno de ellos. Controvertido, polémico, innovador, el “Gallego” como lo conocían sus amigos y el pueblo peronista, era un político de raza. Quizás y sin temor a equivocarme el último de su generación en la Córdoba de la democracia recuperada en el ´83.

Protagonizó, junto a Eduardo César Angeloz, lo más importante de la política de Córdoba en los últimos 35 años. Se repartieron, casi por partes iguales, el gobierno de la provincia, y ambos fueron los actores principales de la transición democrática.

En lo personal, debo confesar que, si bien el pensamiento del ex gobernador casi siempre me ubicó en la vereda opuesta, fue uno de los políticos que me sedujo con su palabra. Sus discursos tenían la virtud de transmitir pasión, sentimientos, posiciones claras y contundentes. Algo cada vez menos frecuente en los políticos actuales, más proclives a repetir el libreto políticamente correcto pero vaciado de contenido, escrito por el consultor de turno.

Fue un hombre de la democracia, apegado al diálogo y a la búsqueda de consensos.

Su partida repentina priva a los cordobeses y a su partido de un hombre clave. El tiempo juzgará sus aciertos y sus errores pero indefectiblemente De la Sota tiene ganado un sitial en la historia de la Provincia.

Dirigente de la UCR de Córdoba

 
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