Sin miedo al ridículo

Por Ivana Saltanovich

El mismo sábado, unas horas antes de que la muerte del ex gobernador José Manuel de la Sota sorprendiera y conmocionara a los cordobeses y a todo el arco político nacional, me topé con la figura del ex mandatario en dos situaciones que, distintas entre sí, representaban su impronta peronista. La primera aparición del día fue por la mañana, en la red social Twitter, cuando comenzó a viralizarse el video en el que De la Sota anunciaba su aparición televisiva en el popular canal Crónica HD. “Puentes”, iba a llamarse el programa, donde se hablaría “de las cosas que nos unen” a los argentinos, según palabras de De la Sota en el cierre del spot. En concreto, se trataba de una plataforma desde la cual el líder peronista cordobés buscaría llegar a los miles de argentinos distribuidos a lo largo del país, de cara a su lanzamiento (algunos dicen que en diciembre próximo) como precandidato a Presidente de la Nación para 2019.

Un libro biográfico, un disco de tangos y boleros, una tienda de ropa masculina en Río Cuarto, fueron otras de las incursiones que el ex mandatario se animó a realizar sin miedo al ridículo y con un claro objetivo: humanizar, bajar al llano, la imagen de aquel animal político que, con sus claroscuros, dejó su sello en la provincia a través del espacio que fundó junto a Juan Schiaretti, y desde el cual gobernaron 20 años estas tierras: Unión Por Córdoba.

Ver a De la Sota en su faceta de conductor me disparó la imagen de Olga Riutort, ex esposa y funcionaria del “Gallego”, en su primera gobernación. La vida (¿política?) los distanció y hoy su relación era nula, pero había situaciones que aún nos recordaban lo que en algún momento fueron el matrimonio con más poder de Córdoba. Riutort hace unos meses abrió un canal de cocina en YouTube, “Comamos rico con Olguita”, en el que ofrece todo tipo de recetas culinarias a sus seguidores. La estrategia es la misma a la de su ex compañero, alcanzar nuevos públicos, en este caso con una ambición más acotada: la ciudad capital.

A ambos los une la insistencia y la perseverancia. De la Sota no bajó los brazos, se mantuvo firme, perdió tres elecciones hasta lograr derribar al radicalismo y, en 1999, asumir como gobernador de Córdoba. Iba por un sueño más grande, y por el cual en las presidenciales últimas perdió la precandidatura a manos de Sergio Massa. No se acobardó, todo hacía suponer que volvería a insistir el año próximo.

La segunda imagen que tuve de De la Sota el trágico sábado fue recorriendo, durante la siesta, el Parque Kempes, idea y creación de este abogado que ingresó a la política a los 24 años. Fue una de las últimas obras que hizo antes de retirarse de la Gobernación.

Córdoba creció en demasía en los últimos años y el avance urbano –desordenado- fue limitando el poco verde que la ciudad ofrece a sus vecinos. En ese acontecer, entre nuevos “housing” y proyectos inmobiliarios, al costado del estadio homónimo y de lo que será próximamente el cierre del anillo de la Circunvalación, se mantiene en pie ese pulmón de 40 hectáreas que hoy permite la recreación de familias enteras. “Cuidemos lo público, porque para algunos es lo único”, me alertó hace un tiempo un cartel que colgaba en la Isla de los Inventos, en Rosario. De eso se trata la política, asumir decisiones que modifiquen, para bien, la vida de la gente.

A dos días de la abrupta muerte de De la Sota inclinamos este inventario hacia el legado activo que dejó. Habrá tiempo para recordar los saldos en rojo que no pocos cordobeses debieron soportar.

@IvaSaltanovich

 
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