Llora el corazón de mi país

Por Daniel Chiantur

Allá por el año 1998, con varios compañeros de la “Facu” participamos de la campaña del “Gallego” de la Sota conformando los equipos técnicos y presentando muchos proyectos que luego se cristalizaron en políticas públicas durante sus primeras gestiones. Todavía no militaba activamente, primero debía terminar mis estudios, que con esfuerzo pagaban mis padres desde mi San Francisco natal. En 2003 di mis primeros pasos en el Ministerio de la Solidaridad, en uno de los programas más revolucionarios que conoció la política de hábitat social de la provincia “Mi casa, mi vida”.

Caminé la Córdoba olvidada, marginada, la Córdoba “peligrosa”, al fin, luego de 7 años de vivir en la ciudad, la estaba descubriendo. Familias enteras viviendo al borde de canales contaminados, varias familias viviendo juntas, todos los niños con problemas respiratorios, abuelos abandonados, prostitutas, travestis, cartoneros, carreros, trabajadores de comercio, empleadas domésticas, luchadores… viviendo en la pobreza. Y allí estaba la mirada del Estado del gobierno de José Manuel de la Sota, de un hombre que ya había visto todo lo que les cuento. Un hombre que entendía más que ninguno el sentido de la justicia social y que tenía capacidad de gestión suficiente como para generar políticas públicas que la reivindicaran. Un político de raza, que, al caminar entre la gente, en las villas y los barrios ciudades, lo llenaban de besos y abrazos.

En 2006, José Manuel nos llevó a trabajar cerca suyo, en la oficina pegada a su despacho. Una de sus prioridades era atender la demanda concreta de cada ciudadano. Por eso nos encomendó una tarea titánica: leer todas y cada una de las notas y pedidos que le daban en mano y las que llegaban por Sistema Único de Atención al Ciudadano (SUAC), identificar quién podía brindarle una respuesta al ciudadano, ponerlos en contacto y, luego de un tiempo, chequear en qué había quedado esa demanda.

En términos técnicos, estábamos implementando un sistema de seguimiento de la demanda ciudadana y haciendo control de gestión. Allí también seguimos recorriendo los barrios y hasta viajamos al interior del interior a llevar agua potable a escuelas del entonces olvidado norte cordobés. Y allí confirmé nuevamente que la política “es el arte de lo posible”, que el Estado existe en tanto y en cuanto resuelve los problemas de la gente, del pueblo, de todos los ciudadanos. Agradezco haber sido parte de sus gobiernos y de seguir trabajando en la Provincia de Córdoba, “el corazón de mi país”, como alguna vez escuchamos en aquel slogan de esa primera campaña presidencial de nuestro indiscutido líder, gobierno en el que dejó su impronta y que sigue estando atento a las demandas del ciudadano, generando y sosteniendo políticas educativas, de empleo y de inclusión social.

Militante Peronista

 
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