Brasil, decime cómo sigue

AMÉRICA LATINA
por Federico Vázquez

El resultado de la primera vuelta en Brasil confirmó una característica de la campaña: la sorpresa. Dilma quedó primera, con el 41,59%,  Aécio Neves recuperó mucho terreno, llegando al 33,55%, y Marina Silva quedó fuera del ballotage, con el 21,32%. La disputa del próximo domingo promete ser voto a voto. Tal vez como nunca antes, el resultado será clave para el resto de los procesos políticos de la región. Siete claves para entender una elección inesperada.

Los pronósticos de las encuestadoras se mostraron muy distantes de lo que finalmente votaron los brasileños, lo que muestra un escenario cambiante, que probablemente tendrá más novedades en los últimos días de la campaña para la segunda vuelta. Algunas claves para pensar lo que ocurrió:

1) Definitivamente se trató de una elección “rara”. Cuando todo hacía pensar en una disputa centrada en Dilma Rousseff y Aécio Neves, la muerte del tercer candidato, Eduardo Campos, ex aliado del PT, le abrió el juego a su vice, Marina Silva. En cuestión de horas Marina se convirtió en la candidata predilecta de los medios y el establishment, que la vieron como la herramienta para desplazar del poder al PT. Luego, las encuestas mostraron una notable recuperación de Dilma, de la mano de Lula que tuvo un gran protagonismo al final de la campaña. En los últimos días, Aécio Neves, que parecía desahuciado, volvió a recuperar el voto opositor. Tamaños movimientos en el electorado avisan que nadie tiene la vaca atada, y muestran que, al menos una parte de la sociedad, puede hacer un viraje inesperado.

2) Un dato central de la primera vuelta es la caída de votos del PT respecto a la primera vuelta de 2010. Hace cuatro años, Dilma le sacó a José Serra casi 15 puntos, esta vez, la diferencia con Neves fue de 8. Es la peor primera vuelta del PT desde el triunfo de Lula en el 2002. De todas maneras, un caudal de 41,5 % es una base sólida, que confirma al PT como la principal fuerza de Brasil. Habría que anotar que este angostamiento electoral parece ser parte de una tendencia regional de los gobiernos progresistas: en Venezuela Maduro consiguió un triunfo ajustadísimo, en Uruguay las perspectivas son magras y el Frente Amplio apenas estaría superando el 40%. Aún reeligiendo, los oficialismos lo van a lograr por márgenes mucho más estrechos.

3) ¿Donde perdió esos votos Dilma? Se mantiene una tendencia de los últimos años: el PT se consolida como una fuerza hegemónica en el nordeste, la zona más postergada del país: Alagoas, Bahia, Ceará, Maranhao, Paraíba, Piauí, Río Grande do Norte y Sergipe son estados donde el PT supera el 50%, y en algunos llega al 70%. En todos ellos, Dilma mejoró, incluso, la performance de 2010. En algún sentido, similar a lo que es el norte y noroeste argentino para el Frente para la Victoria. Sin embargo, en uno de los más importantes, Pernambuco, perdió muchos votos, en manos del PSB. La razón tiene su lógica: es el estado donde Eduardo Campos era gobernador hasta que se convirtió en candidato presidencial. En el 2010, Campos era un aliado de Dilma, y los votos del estado fueron en esa dirección, esta vez fueron para Marina. El otro lugar donde perdió posiciones fue en Sao Paulo, estado gobernado desde hace 20 años por el opositor PSDB, pero donde, esta vez, Neves logró aumentar cuatro puntos respecto a 2010. Puede no parecer mucho, pero esos cuatro puntos valen mucho porque Sao Paulo es, por lejos, el mayor distrito electoral del país.

4) ¿Se desinfló Marina Silva? Respecto a lo que mostraban las encuestas, sin dudas. Sin embargo, repitió casi exactamente su propia marca de 2010, sumando apenas un par de puntos. Con dos candidaturas presidenciales a cuestas, rondando un 20% en cada una, no habría que hablar de “novedad”, sino más bien de un liderazgo consolidado, aunque de connotaciones ideológicas más que difusas. Lo que sí parece claro es que en esta elección Silva profundizó su perfil opositor, en parte, producto de esas semanas donde los medios la mostraban ganándole a Dilma en segunda vuelta. Esa veloz construcción como líder opositora, ya sin medias tintas, parece ser un camino sin retorno.
5) Marina apoyará a Neves en la segunda vuelta. En su primera aparición después de los resultados, ya indicaba que inclinaría por lo que llamó un “voto por el cambio”. De todas formas, lo que haga ella puede ser distinto a lo que haga el Partido Socialista Brasileño que la llevó en su lista. En ese sentido, dejó la puerta abierta: “Yo soy la líder de Red Sustantable, el PSB hará sus reuniones”, respondió cuando le preguntaron por su voto por Aécio Neves.

6) ¿Cuál va a ser la estrategia de Aécio Neves, la gran sorpresa de la elección? Envalentonado por un resultado que posiblemente ni él se esperaba, llamó a una gran alianza, incluso por fuera de los acuerdos partidarios: “mi candidatura no es más la candidatura de un partido político o de un conjunto de alianzas, es un sentimiento más puro, de todos los brasileños que tienen la capacidad de indignarse, pero principalmente de soñar”. Palabras que parecen intentar soldar una representación política de aquel descontento social que apareció en las calles de Brasil en el 2013. En varios tramos remarcó que existe una “mayoría” anti gubernamental, una dudosa pero previsible aritmética que intenta mostrar que el 60% que no votó al PT en la primera vuelta son opositores netos. En estos días, los medios intentarán instalarán la idea de que el gobierno se convirtió en “minoría”.

7) Dilma, lo primero que hizo fue volver a vincular su suerte política de la de su mentor y principal arma de campaña: “Sin el presidente Lula yo no hubiera llegado hasta donde llegué” dijo, taxativa. En un diálogo con la militancia que la escuchaba, respondió al cantito de “el pueblo unido jamás será vencido”, con “la lucha sigue, y si ganamos, el pueblo unido no habrá sido vencido”. Dilma admitió que no salió todo como esperaba: “entendí el mensaje de las urnas. El principal mensaje que recibí es que el pueblo brasileño desea más avances, más progresos. Quiere ver una fuerza responsable de cambio”. Prometió más seguridad social, más programas de salud y educación, e incluso anunció una reforma política mediante un plebiscito. Profundizó, así, el lema de su campaña: “Cambia más”. Esa palabrita parece ser el secreto de la elección y de la disputa que viene: qué significa cambiar.

 
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