Havel o el país de los poetas

Otro Día en el Paraíso
por Federico Racca
Especial para HDC

A Nelson, que me lo dijo.

Una vez que comience, una vez que intente / -aquí y ahora, / justo donde estoy, / sin excusarme con palabras- / siendo más fácil hacerlo / sin grandes discursos / y gestos ostentosos. / A pesar de todo, lo más persistente / -para vivir en armonía / con la “voz del Ser” como yo la entiendo / (sin mí)- / es que tan pronto empiezo / súbitamente descubro / para mi sorpresa / que no soy el único / ni el primero / ni el más importante / que se lo ha planteado / en el camino.

Si todo está verdaderamente perdido / o no / depende enteramente de / si yo estoy perdido o no.

“Después de los políticos, me dirigí a los poetas dramáticos, a los autores de alabanzas y a otros, convencido de descubrir mi ignorancia frente a ellos. Tomé los poemas que me parecían mejor construidos y les pregunté su significado para así aprender algo de ellos. ¿Y saben atenienses lo que descubrí, algo que me avergüenza pero que es mi deber decir? Que casi todos los aquí presentes se expresarían mejor que ellos si les hiciera las mismas preguntas. Así comprendí que las poesías no nacían de la sabiduría, sino de un cierto don y entusiasmo, semejante al de los adivinadores y profetas, que dicen muchas cosas bellas sin comprenderlas. Por este hecho me di cuenta que los poetas creen ser más inteligentes que los demás hombres, pero no lo son y por eso me alejé de ellos.” Con estas palabras Sócrates se expresaba ante el tribunal que lo acusó de corromper la juventud y negar a los dioses. Platón es quien las escribe en la Apología, el mismo Platón que excluyó a los poetas de su República.

Vaclav Havel fue un dramaturgo, político y poeta checo que murió hace pocos años.

La historia de Vaclav Havel es rica: participó en 1968 de la Primavera de Praga, en la que los checos (por entonces: los checoslovacos) intentaban la primera apertura del gobierno comunista, que sería reprimida por tanques soviéticos. Más tarde volvió a solicitar dicha apertura junto a pensadores, deportistas, filósofos y cineastas publicando el manifiesto “Carta 77”. En 1989, cuando cae el Muro de Berlín, se pone al frente de la Revolución de Terciopelo que finalmente derrota al gobierno comunista. Con la llegada de la democracia es elegido presidente de Checoslovaquia. Luego, desde allí, lidera la separación de las naciones Checa y Eslovaca; todo esto realizado sin un tiro, de manera democrática.

Lo que no fue dicho, es que durante toda esa historia, Havel escribió obras de teatro, versos, manifiestos y poesía concreta, un intermedio entre poesía y dibujo. En ese tiempo, durante varios años, sufrió la dura cárcel roja y el exilio.  
 
Muchos, pese a las críticas que como todo político recibió, creemos que Vaclav Havel fue un modelo de tipo y de estadista; tal vez uno de los pocos políticos humanistas que hemos tenido en el siglo veinte. Pienso en cómo lo hubiera considerado Platón. ¿Estadista o poeta? ¿Dónde lo hubiera puesto? ¿Estaría dentro o fuera de la República?

El poema que abre este artículo es de Havel, esta hermosura que lo cierra, llamada Barrera, también:

 
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