El juego de la gallina

Opinión
por Miguel Otero Iglesias

Desde que Syriza llegó al poder estamos asistiendo a lo que se conoce en teoría económica como el juego de la gallina entre Grecia y Alemania.

Una situación en la que dos actores no ceden en sus posiciones negociadoras hasta el último instante, con la esperanza de que el otro vaya a ceder justo antes de que finalice la negociación bien sea porque se acaba el tiempo o porque ya no hay más recursos para negociar. La imagen que se suele utilizar para este tipo de juego es la de dos coches que marchan uno contra el otro o que van hacia un precipicio. En este caso, los que están sentados en los dos coches son los ministros de finanzas griego y alemán, Yanis Varoufakis, y Wolfgang Schäuble, y las posibilidades del juego son cuatro: 1) que los dos hagan “la gallina”, es decir, que los dos cedan en sus posiciones antes de llegar al precipicio; 2) que solo ceda Varoufakis; 3) que solo ceda Schäuble, ó 4) que no ceda ninguno de los dos, lo que significaría Grexit (la salida de Grecia de la zona euro). El juego no es apto para espectadores con problemas cardíacos porque los dos conductores son de sangre fría. Schäuble tiene 72 años, está curtido en mil batallas políticas en Alemania y Europa, incluso ha superado un atentado contra su persona, y es de los negociadores más duros que hay en Europa. Varoufakis es un experto en teorías de juegos, su complexión física impone, y es uno de los economistas más inteligentes y mediáticos que ha producido Grecia en los últimos años. Para ganar este juego los dos saben que tienen que convencer al otro de que están dispuestos a llegar a Grexit (aunque realmente ninguno de los dos lo quiera). Varoufakis sabe que en esta partida de póker la carta más poderosa que tiene es la de Grexit. Demostraría que la unión monetaria europea ha sido un error, que el euro ya no es irreversible y que cabe la posibilidad de que salgan más países. Muchos analistas creen que la posición de Varoufakis es débil porque la amenaza de Grexit no es creíble. Más del 70% de los griegos no quieren salir del euro, así que es muy difícil que Syriza fuerce tanto su posición negociadora hasta llegar a ese extremo. La baza por lo tanto de Schäuble es la de esperar a que el ciudadano griego vote con su “bolsillo”. Es decir, que empiece a sacar sus ahorros de los bancos por temor al Grexit y que eso al final fuerce a Varoufakis a ceder. Al final todo va a estar en manos del árbitro de la carrera: el Banco Central Europeo (BCE). Los bancos griegos van a poder proporcionar la liquidez necesaria (es decir, euros en los cajeros) a los depositarios griegos mientras el BCE haga lo mismo con ellos. Si el BCE se cansa del “chantaje” griego y cierra el grifo, Grexit sería inminente. Pero incluso en ese escenario, Tsipras tendría una última carta. Convocar de inmediato un referéndum sobre la permanencia o no en el euro. Seguro que la gran mayoría de los griegos votarían a favor de la permanencia. ¿Qué haría entonces Draghi? ¿Y Juncker? ¿Qué haría Merkel, la jefa de Schäuble? ¿Echarían a Grecia del euro contra la voluntad democrática del pueblo griego? No. Lo lógico, y sensato, sería que se dejasen de juegos peligrosos e intentasen buscar una solución política a lo que es un problema político.

 
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