Los Saillén, aislados por arriba y por abajo

El carnicero de Urca

En mi barrio por suerte hay algunos que, en vez de picnic de la primavera, hacen asados. No es que sean multitudes ni mucho menos, pero algo es algo en estas épocas tan complicadas.

El fin de semana estuvo bien primaveral y un poco se movió el mostrador. Y hasta tuve clientes con un cierto mejor ánimo y todo. Cómo será, que hubo una señora que me dijo que por qué no ponía una florería como anexo. Le dije que me sonaba medio incompatibles, por estética y aromas, pero si la cosa sigue cuesta arriba va a haber que agudizar el ingenio.

Justo cuando la estaba saludando a mi clienta, vino un veterano abogado muy ligado a la política y de militancia kirchnerista. Andaba en búsqueda de una colita de cuadril y un vacío, porque a los nietos les gusta el asado sin hueso. Y unas salchichitas parrilleras, porque son las preferidas de los chicos. Me contó que le pone mucho más pila al asado con los nietos el domingo, que a la política. Yo le sonreí, pero le dije que no le terminaba de creer.

Y se empezó a quejar de algunos ruidos en su espacio, hasta que llegó al tema de los Saillén. Según él, no sólo están complicados judicialmente, sino que se están quedando aislados políticos.

“Están perdiendo respaldos por arriba y por abajo”, encaró. Y yo le pregunté cómo era eso. Me explicó que lo de arriba está muy claro, desde el mismo momento en que Alberto Fernández les bajó el pulgar, los desconoció, y le pidió a Franco que renunciase a la candidatura a la banca. Y que para abajo las cosas no les van mejor. Que imaginaban una protesta contundente cuando salieron los pedidos de detención, y acciones como hacer demostración de fuerza a medida que avanza la causa, pero que se encontraron que no todos los muchachos están dispuestos a acompañar.

“Parece que hay mucha gente incómoda de cómo usaron su plata para hacerse ricos”, me dijo el abogado, mientras buscaba los billetes para pagar.

Pero una vez que ya le había entregado el pedido y se estaba yendo, me tiró misterioso: “Pero nunca se sabe, hay gente que es más hábil que los gatos en caer parados”.

Y cerró la puerta.

Yo miré por la ventana el solazo que entraba y me quedé pensando cómo deben ser los días en una cárcel por más comodidades que tenga el pabellón donde estés.

Pero rápidamente me fui de esos pensamientos y seguí con otro cliente.

Nos vemos el lunes.

 
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