Se vienen los coletazos de Saillén en el Esop

El carnicero de Urca

Días intensos, entre viento, calor y fin de mes. La gente se queja. Bueno, la gente se queja del frío, del calor, del agua, de la sequía… aunque está la otra sequía, la de los bolsillos, que es de la que más se queja.

Pero acá estamos, un lunes más compartiendo con ustedes este espacio, que son los relatos de un simple carnicero de lo que escucha detrás del mostrador.

Tengo la suerte de tener algunos clientes que tienen la posta: los escucho y el fin de semana me siento a escribir para compartir con ustedes.

Uno de ellos anduvo el viernes a la tarde por la carnicería. Es un contador joven, que tiene relaciones con distintos partidos y empresas.

Me estuvo contando de lo variado de empresarios y políticos que lo fueron a ver a Alberto Fernández, en el almuerzo que le ofrecieron en la Fundación Mediterránea; de la preocupación en la provincia por la (inmensa) deuda; de las quejas de los intendentes por la caída de la recaudación…

Hasta ahí, nada súper novedoso, cosas que ya había escuchado yo en los últimos días. Me había pedido varias cosas, algunas como para freezar. Yo estaba preparando bolsa por bolsa, y él se largó a contarme algunos avatares de la transición municipal.

Me dijo que había hablado con uno de los que se sienta en la mesa de transición por Llaryora, y que hay “algunos números que los sorprenden”. No “cierran”, parece que le contaron.

Y cuando estaba con esos detalles, disparó: “La idea de la nueva gestión que entra era no hacer ninguna denuncia de nada, pero hay varias cosas que están más que dudosas, quizás no les quede otra…”

Yo ya había terminado de preparar todo, así que lo escuchaba con atención, me dijo que una de las preocupaciones más grandes está en el Esop: las ramificaciones del caso Surrbac son cada vez más complejas, y esa causa nadie parece que le vaya a poner freno en la justicia federal.

Según lo que me contó, los directivos del Esop están “en estado de alerta”, porque puede que el caso los salpique mucho, pero mucho más que con la lista de ñoquis que difundió el peronismo.

Después de tantas revelaciones, me pagó y se fue. Afuera había un viento bárbaro.

Y yo me quedé pensando lo que hay que laburar para quedarse con unos pocos pesos en el bolsillo y que no a todos les pasa lo mismo. Pero ya llegó otro cliente y seguí con lo mío.

Nos vemos el lunes.

 
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