El papa Francisco baila el tango

por Gustavo Morello SJ
desde Boston, especial para HDC
 
Religión y política son parte de la vida cotidiana y están en una constante relación. Podemos debatir sobre esta relación, si está bien o mal que religión y política se mezclen. Más aún, podemos acordar (o no) bajo qué circunstancias esa relación se puede dar. Este es un debate, que nos debemos y que es necesario, sobre diferentes modos de vivir en sociedad. 
Pero el hecho, lo que podemos observar nos guste o no, es que lo político y lo religioso forman parte de la vida de las personas y los pueblos. Y en esta relación, los actores religiosos y políticos, más que pelearse, bailan. Es una especie de tango. Ambos protagonistas se mueven sobre un escenario, al compás de la música, “ganando” o “perdiendo” terreno, incorporando coreografías nuevas y reeditando las viejas, dejando protagonismo a uno u otro bailarín alternativamente. Pero no dejan de estar juntos en el escenario. Lo religioso y lo político se mezclan, se distancian, se abrazan y se separan. Están en una relación constante. La relación entre religión y política no está en poder de un solo actor, sea del sistema político o del religioso. La relación involucra a los dos. Es como el tango, se necesitan dos para bailarlo. 
Y ya que estamos en metáforas musicales, una “milonga” importante es analizar políticamente las acciones de los actores religiosos. Las palabras y gestos religiosos no siempre tienen intención política. Pero las consecuencias de esos actos son independientes de las intenciones, de lo que las personas pretenden hacer o decir. Las palabras y los gestos de los actores religiosos son comentados, a pesar de ellos mismos, desde una perspectiva política. ¿Cómo interpretar políticamente a Francisco?
 
Lo que se cifra en el nombre
Desde su asunción, el papa Francisco no ha hecho más que recordar la doctrina social católica, acentuando algunas cosas que él considera más relevantes en este momento histórico. Así como otros papas se enfocaron más en la moral personal, o en la ortodoxia dogmática, Francisco ha escogido acentuar más lo que, parafraseando a Borges, se “cifra en su nombre”. El santo de Asís es globalmente conocido por vivir pobremente, buscar la paz, abrazar la naturaleza y cuestionar al clero de su época. Estos cuatro puntos (pobres, paz, medioambiente y reforma) son los énfasis, a mi entender, del papa argentino.
Ahora bien, esta agenda religiosa, clásica si se quiere, tiene consecuencias políticas independientes de las intenciones de Bergoglio. Muchos ven en el papa a un líder global anti-sistema. Al hablar y escribir sobre la paz (social, política y religiosa), los pobres, la reforma eclesial y la protección del medioambiente, Francisco ha criticado al capitalismo, a los gobiernos poderosos, a los monopolios de prensa, a los empresarios que pagan salarios de hambre. Esto probaría que Francisco es un papa “progresista”, crítico del sistema neoliberal. Si bien este reclamo resuena con la agenda progresista, se puede interpretar también como una velada crítica a la izquierda global. Porque al ocupar el rol de referente mundial “progre”, ha desnudado las limitaciones de la izquierda, que no ha sido aún capaz de generar alternativas políticas viables y encuentra ¡en la Santa Sede! no sólo un aliado, sino un líder popular a quien seguir y citar.
 
Ni yanqui, ni marxista
La forma más común de analizar el pontificado de Francisco ha sido la de encuadrar sus dichos en la dicotomía “progresista-conservador”. Como vimos, buena parte de quienes escriben sobre su pontificado, lo han ubicado del lado “progresista” del espectro político. Yo creo que el principal problema es que “conservador” o “progresista” son categorías que no terminan de reflejar adecuadamente la política argentina, que es el contexto en el que Bergoglio vivió durante 75 años. 
Es que ¿es posible definir al peronismo o al radicalismo como “conservadores” o “progresistas”? ¿Qué quieren decir esas palabras? ¿En que sentido Juan Perón o Raúl Alfonsín fueron conservadores o progresistas? El problema, para mí, es que esos conceptos no terminan de reflejar bien la tensión más importante de la política argentina: pueblo versus elites. Más que la tensión entre progresistas y conservadores, o entre liberales y tradicionalistas, la tensión subyacente en la vida nacional ha sido la de “pueblo” versus “gorilas”. Líderes políticos, sociales, o religiosos; miembros de la farándula, artistas, o cantantes; intelectuales, filósofos o escritores; futbolistas o boxeadores; todos han sido medidos con esta vara. Eran del “pueblo”, o eran “gorilas”.
No estoy diciendo que Francisco sea del pueblo o de la elite, sino que como un hombre criado en Argentina, la trama política en la que vivió es parte de su contexto vital. Esta tensión –pueblo o elites- puede ayudar a interpretar políticamente su discurso. Tan profunda es esta tensión en la cultura argentina, que fue una periodista alemana quien le preguntó, en su vuelo de vuelta de la visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, por qué si bien en su papado había hablado mucho de los pobres y criticado a la elite, no había dicho casi nada a la clase media. [Ver Recuadro]
 
Pueblo
El papado de Francisco se entiende mejor desde la tensión pueblo vs. elites. Una nota de su papado han sido los baños de multitud que parecen rejuvenecer al papa argentino. Cuentan que recién elegido papa, momentos antes de su saludo en el balcón, rechazó los vestidos litúrgicos pomposos y, a esto ya lo vimos por TV, salió a la plaza, no a dar la bendición, sino a pedirle al pueblo que lo bendiga a él. Pero no es sólo estilo. Si miramos las respuestas a problemas de moral, como la situación de los gay y los divorciados, veremos que ha enfatizado actitudes pastorales, de cercanía con las personas concretas, más que repetir en abstracto enseñanzas de una elite teológica. Sus alocuciones al clero han insistido en no separarse del pueblo, ni ambicionar cargos. Su encíclica sobre la ecología enmarca el problema del cambio climático, no como una causa de la vanguardia ambientalista, sino como un derecho vital de los pobres. No son sólo golpes de efecto, o demagogia fácil. 
Más allá de las intenciones pastorales y religiosas del papa, estas acciones se pueden interpretar políticamente. Y mejor que evaluarlas como “conservadoras” o “progresistas”, es mejor interpretarlas como “elitistas” o “populares”. 
No me parece errado contextualizar el papado de Francisco con la historia política argentina. Hay en muchas de sus acciones un respeto profundo por el protagonismo del pueblo en la vida política y social, la confianza en que a través de aciertos y errores son los pueblos quienes construyen sus destinos.
 
Mensajes
- Santo Padre, en este viaje hemos escuchado tantos mensajes fuertes para los pobres. También tantos mensajes fuertes, a veces severos para los ricos y poderosos. Pero algo que hemos escuchado poquísimo son los mensajes sobre la clase media: gente que trabaja y gente que paga impuestos. La gente normal. Mi pregunta es: ¿Por que en el magisterio del Santo Padre existen tan pocos mensajes sobre la clase media? Y si quisiera dar un mensaje ¿cuál sería?
 
- Muchas gracias. Es una buena (bella) corrección, ¿eh? Usted tiene razón. Es una equivocación por mi parte (no) pensar en esto. Haré algún comentario, pero no para justificarme. Pero usted tiene razón. Tengo que pensarlo. El mundo está polarizado. La clase media es más pequeña: la polarización entre ricos y pobres es grande, esto es verdad. Quizá esto me ha llevado a no darme cuenta de esto. En el mundo algunos países no van muy bien, pero en general en el mundo la polarización se ve. El número de pobres es grande, y después ¿por qué hablo de los pobres? Porque es el corazón del Evangelio. Siempre hablo del Evangelio, de la pobreza, no es que sea sociológica. Luego sobre las clases medias, hay algunas palabras que he dicho un poco en el pasado, pero la gente común, la gente sencilla, el obrero tiene un gran valor. Pero creo que usted me dice algo que debo hacer. Debo profundizar más en este magisterio. Se lo agradezco, le agradezco por la ayuda. Gracias.
 
(Extraído del diario La Nación)
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