Las fuerzas de seguridad

Lamentos de la calle

¿Cuántas veces escuchamos que se quejan de la inseguridad? La gente no para de decir que ya no se puede andar tranquilo, que si llevas el teléfono en la mano pasa alguien en moto y te lo arrebata, que caminar de noche es un peligro, que a las mujeres si van vestidas medio provocativas las violan, que hoy por hoy te matan por cincuenta pesos. Todo cierto, yo lo comparto. Pero lo que no comparto es que, si el gobierno de repente aumenta la presencia de fuerzas de seguridad en la ciudad, todos pongan el grito en el cielo porque le están violando no sé qué derechos. Dicen que les hace acordar a los años de la dictadura militar y puede ser cierto, pero a eso hay que tomarlo con pinzas. No digo que lo milicos no hayan hecho algunas cosas mal, feas, jodidas, pero que alguien me diga si en esa época había robos, violaciones, asesinatos en plena vía pública. Me parece que no. Digamos las cosas como son, lo bueno y lo malo.

Y digamos que si la inseguridad crece, necesitamos más fuerzas de seguridad en la calle, para que controlen que no pase nada malo, nada raro. Porque si no, parece que en este país solamente nos gusta quejarnos, y cuando el gobierno, que tiene un montón de cosas criticables (no piensen que soy un pobre pavo que compro todo lo que me quieren vender), cuando el gobierno hace algo que se ve, realmente, que uno puede encontrar todos los días cuando sale de la casa, no somos capaces de apreciarlo. Se trata de un refuerzo para el bienestar de todos, es un avance más en la batalla contra la inseguridad y el narcotráfico, contra el flagelo de las drogas que tanto mal le hace a los más jóvenes y pobres. Además, seamos sinceros, el que no tiene nada que ocultar ni anda en nada ilegal, no tiene nada de lo que tener miedo.

Increíble el escándalo que se armó con ese vídeo de la supuesta maestra en el colectivo. ¿Por qué se quejaba tanto esa mujer, qué estaba ocultando? ¿Qué había hecho? Era la única que se quejaba del procedimiento de los gendarmes, el resto miraba tranquilo y colaboraba, como corresponde cuando se está ante una autoridad. Si se quiere más seguridad, tiene que haber más control. No hay mucha vuelta que darle. ¿Cuántas veces escuchamos que las mujeres se quejan del acoso en los colectivos, o de que les sacaron la billetera de la cartera o de la mochila en medio del amontonamiento de gente? ¿Cuántas? Miles de veces, y muchas más desde hace unos años. Bueno, con un militar arriba de cada colectivo se acaba el problema. Pero no, porque eso nos quita libertades, dicen. Bárbaro, tené tu libertad, disfrutala, hacé lo que quieras con tu libertad, pero después no te quejes si te pasa algo porque la calle es zona liberada. ¡Ja! Zona liberada, ese tipo de liberación quieren. Porque detrás de la gente que se queja de la ayuda de Gendarmería, hay un montón de mafiosos controlando esas opiniones que la gente cree que tiene porque sí, porque se les ocurrieron a ellos. Y no es así. Los que no quieren a Gendarmería dando una mano, son los que hacen negocios sucios en la calle, los que corrompen a nuestros chicos y se divierten violando a nuestras mujeres.

Todos los indignados les vienen al pelo, los ayudan a seguir con sus negocios turbios sin problema. Entonces, la única solución es un poco más de control, gente. Una sociedad controlada, donde las personas hacen lo que tienen que hacer sin perjudicar ni lastimar a los otros, es una sociedad que funciona, una sociedad sana. Una sociedad contralada identifica quiénes son las manzanas podridas, las identifica y hace lo que hay que hacer con ese tipo de desviaciones. Más seguridad es más control, y más control es no solo Gendarmería en los colectivos, sino también en los barrios, en las entradas a la ciudad, en los puentes, en las terminales de ómnibus. Personalmente, celebro que por fin un gobierno se preocupe por la seguridad de su pueblo, celebro la presencia de las fuerzas de seguridad y el control de los ciudadanos. Cada vez duermo más tranquilo, y estoy agradecido por eso.

26 Octubre 2018
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