¿Muerte de la utopía?

Entrevista a Carmen Guarini | Por Natalia Garayalde

Días atrás, en Cosquín hubo un acontecimiento extraordinario: se llenaron las salas de cine con una cartelera de películas independientes. Es el efecto hipnotizante del grito ¡Aquí Ficic!

Esta novena edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (Ficic) incluyó una retrospectiva de la directora de cine, docente y antropóloga Carmen Guarini. El director artístico Roger Koza propuso así revisar los "vasos comunicantes" en la historia del cine documental argentino. Esta apuesta comenzó el año pasado con el foco en la realizadora Ana Poliak y continuó en esta edición con la fundadora de DocBuenosAires. "Sus películas funcionan como un eslabón entre el cine argentino que se discontinúa con la dictadura cívico militar y lo que llamamos el Nuevo Cine Argentino", explicó Roger Koza. Con la presencia de la directora, se proyectaron los films Ata tu arado a una estrella (2017), Gorri (2010), Meykinof (2005), El diablo entre las flores (2004) y Jaime de nevares, último viaje (1995). "Creo que no hubiéramos tenido el cine documental que existe en la actualidad en Argentina que es de una gran riqueza y variedad si no hubieran existido Carmen Guarini y Marcelo Céspedes, que abrieron una vía de cómo pensar el cine con lo real", agregó Roger. Ambos directores fundaron en 1986 la productora Cine-Ojo y en 2001 el Festival DocBuenosAires, espacios de formación y difusión del cine documental.

Antes de ser referente, Carmen Guarini fue discípula de grandes maestros como Fernando Birri. En la película Ata tu arado a una estrella, la vemos seguir el recorrido del director de Tire Dié en su búsqueda insistente de ideales pasados de moda. En este largometraje Guarini recupera un proyecto de 1997 que iba a llamarse Compañero Birri en el que registra al cineasta en el rodaje del documental Che: ¿muerte de la utopía? El creador de la escuela de cine de Santa Fe y la Escuela de Tres Mundos de Cuba habla con Eduardo Galeano, Osvaldo Bayer, Ernesto Sábato y León Ferrari. Ninguna mujer, por cierto. Salvo la misma Carmen Guarini y las mujeres de la familia Birri que comparten un asado mientras juegan a imaginar con el director legendario su propio sepelio: una murga llevaría la urna adornada con preservativos y las cenizas serían arrojadas al río Paraná. El documental Ata tu arado a una estrella contiene también diálogos de la discípula con su maestro en su exilio final en Roma.
Después de la proyección y de la presentación del libro Diálogos de Cine conversamos con la realizadora.

HDC: Se podría hablar de muchas cosas con vos pero quisiera hacer foco en tu relación con Fernando Birri, que está plasmada en esta película y en el libro. Comencemos por la pregunta básica, ¿Qué impronta tiene Birri en tu carrera cinematográfica?

Carmen (C): Fernando ha sido una gran influencia. Primero que es uno de los grandes maestros del cine latinoamericano. Marcó un camino. No lo hizo solo, es un trabajo colectivo. Para ya en eso, en pronunciarse colectivamente, te habla de algo distinto. Estamos hablando de los años cincuenta, del siglo pasado. Y para mí es ejemplar esto de buscar lo que llamamos Cine Realista y Crítico, un Cine Poético y Político. Son conceptos que pueden sonar muy sencillos pero que tienen una real profundidad cuando una lee inclusive varios de sus libros. Él tiene varios libros que son condensaciones de sus clases, realmente magistrales. Empieza a hablar y no podés dejar de escucharlo. Para mí el tuvo una influencia, que a veces una no puede discernir dónde está y decir “esto es birriano”. Yo creo que no soy tan atrevida como era él. Creo que era un tipo más adelantado que muchos de nosotros, de mí generación y la que le sigue. Se atrevió a experimentar. Son tipos especiales. No aparecen todos los días.

HDC: ¿Por qué quedó inconcluso el proyecto Compañero Birri y por qué motivo lo retomaste aunque con otro nombre?
C: No hay una explicación muy cierta. A veces hay momentos para hacer ciertas cosas. Como no era una película a pedido, ni siquiera estaba financiado el proyecto inicial. En aquel momento no sabíamos si íbamos a tener los archivos. Pero en realidad quedó inconclusa porque empezaron a cruzarse otros trabajos. En ese momento creo que ya habíamos terminado Jaime (Jaime de Nevares, último viaje) pero veníamos de proyectos muy largos. Son esas cosas que a veces sentís que no las podés terminar. Sin embargo, cuando volví a pensar en esa película, en eso que había quedado trunco y que lo iba a volver a ver a Fernando, inmediatamente tuve la necesidad de terminarla. ¡Y veinte años después! Tengo varias películas que empecé a filmar y que están ahí pendientes. Pero en este caso me parecía que estaba bueno hablarlo ahora, por el momento histórico. Eso fue lo más motivador. Ni siquiera fue porque Fernando ya estaba viejito, nunca pensé en su muerte. Es más, no pienso en su muerte, es alguien que está ahí todavía, ¿no? No lo digo por tristeza sino porque es alguien que dejó vivas tantas cosas y a veces la desaparición física es una circunstancia.

HDC: ¿Y por qué era importante retomarlo ahora?
C: Por la cuestión política. Por lo que estamos viviendo, una vuelta del neoliberalismo. Y la necesidad de volver a repensar esto de las utopías, de aquello que no pudo ser y que permanentemente se va cayendo o lo hacen caer. Me parecía que era interesante volver a pensar en esa idea. No sabía cómo iba a resultar, ni qué iba a devenir de esas charlas. ¿A dónde se podía filmar la Utopía? ¿Cómo podíamos repensar eso hoy? No busqué hacerlo de un modo científico, sino poético y cinematográfico. Podría haber acudido a varios especialistas para que me dijeran qué pensaban de la Utopía. No se trataba de eso, sino de ir en ese camino de la búsqueda de algo que obviamente no tendría existencia real y es algo imaginario que nos estimula. Y esto es lo que muestra la película.

HDC: El libro “Diálogos de Cine” recupera las últimas conversaciones con Fernando Birri que quedaron fuera de la película
C: Si, todos esos últimos diálogos que fueron ocho encuentros, que en el libro aparecen transformados en cuatro, y que complementan la película. Fernando cuenta cuáles fueron sus influencias estéticas, cómo fue su inicio, cómo tuvo que irse de Santa Fe para estudiar cine y caer en Buenos Aires, como les pasaba a mucha gente del interior que necesariamente tenían que pasar por ese centro que concentra todo. Y sin embargo, cómo él fue eyectado. En ese momento no había espacio para aprender, para que alguien te abriera una puerta. El libro deja paso a cosas de su propia memoria, de su propia historia, sin ser una biografía pura y dura. Son divagues entre los dos, donde él va contando cosas, cuando fue a Italia a estudiar, cómo fue el proceso de la Escuela de Cine en Cuba, que es lo que a él le interesaba hacer allá. Y ahí iban apareciendo también su recorrido personal y profesional. Entonces iba hilvanando algunos elementos de la vida de Fernando.

HDC: En aquellos primeros registros vos tenías una admiración hacia él, que la seguís teniendo, pero en la última aparición también te animaste a hacerle preguntas más incómodas. ¿Hay una modificación de tu lugar como documentalista en ese acercamiento?
C: No sé si es una modificación. Yo tenía toda la intención de incomodarlo porque generalmente cuando las personas se sienten demasiado confortables no emerge el verdadero yo. Entonces me parecía que era interesante provocarlo un poquito para entender qué le había pasado. Contesta muy bien. Inclusive tiene una forma de filmar y trabajar en el cine y yo tengo otra. Entonces cuando llegué me dijo: “Veamos los temas que tenés y cómo los vamos a distribuir según los días”. Y yo le contesté: “Yo no traje ningún temario, no tengo ningún plan, acá no hay ningún cronograma. Vamos hablando”. El quería controlar. Cada frase que larga no es al azar. Por eso desestructurarlo un poquito estuvo bueno, para humanizarlo. Tampoco me interesaba mostrar ninguna faceta negativa. Simplemente fue una invitación a pensar si realmente se tenía que ir. Yo creo que hizo bien en exiliarse porque después el país fue empeorando. Si hubiera vuelto, no sé si hubiera sobrevivido. Realmente, cuando te ponés a pensar, a él no le fue fácil porque vivió muchos años de frustración, de separación de su familia santafesina, de su mundo. Él se fue a estudiar a Italia y lo primero que hizo cuando volvió fue irse a Santa Fe a crear una escuela.

HDC: Elegís filmar a “compañeros” o referentes como Birri, que a alguien con quien tenés una diferencia política. Salvo en la película El diablo entre las flores, en la que enfocás en la figura de Luis Patti, en general registrás personajes o historias que querés recuperar y amplificar. ¿Por qué?
C: Obviamente creo que tengo más afinidad con esa gente, pero creo también que en el fuera de cuadro queda el horror. Y trabajo también con eso que está fuera de plano. No necesito ir a buscar el enemigo. Además hay que tener una cierta voluntad y disciplina para hacerlo. Y convencimiento también ¿sirve darle ese espacio? Yo no los entrevistaría, no me parece que merecen expresarse y darles un lugar que para muchos puede ser una justificación. Yo elijo no filmarlos. No me interesa registrarlos porque eso sería intentar entender qué les pasó. No hay justificación. Ya lo han dicho mil veces y no les creo. Y no me interesa dar mi propia opinión formada sobre esta gente. Porque las películas no son análisis, no hay una intencionalidad antropológica o sociológica. Yo busco una intencionalidad cinematográfica porque la imagen suscita una emoción que a veces no se puede escribir. Me gusta acercarme a personas que nos permitan pensar el mundo, más allá que haya una afectividad muchas veces construida a lo largo del rodaje. En el caso de Gorriarena, ni lo conocí, cuando hago la película él ya se había muerto. Entonces construí una afectividad a partir de su mujer, de sus archivos y su obra. Me parece que esas figuras, como Fernando Birri, nos permiten un espacio para pensarnos. Sin que sean perfectos te dejan un margen para algo y busco entender esos gestos de creación.

TRAILER - ATA TU ARADO A UNA ESTRELLA from Cine Ojo on Vimeo.

14 Mayo 2019
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