Una revisión del lugar que ocupan las pantallas en la infancia

Uso de la tecnología | Por Ivana Saltanovich

La psicopedagoga Liliana González advierte por la falta de control en el uso de las pantallas y los móviles en los niños y adolescentes. Reclama una actitud “proactiva” de los adultos que estimule el juego y el desarrollo del pensamiento simbólico en los chicos. Destaca que la superabundancia de imágenes limita la capacidad creativa y que, por el exceso de aparatos tecnológicos, los niños llegan a la escuela con complicaciones para escribir. Alerta por los casos de hostigamiento a adolescentes que se multiplican

Los niños juegan cada vez menos en las salas de espera de los consultorios, permanecen más tiempo sentados en los restaurantes, pasean en los carros del supermercado con la disciplina de un adulto y sus berrinches ya no musicalizan el viaje en el transporte público. Todo eso es posible –o consecuencia, según el cristal- por la incorporación de los teléfonos celulares y las pantallas electrónicas a su vida cotidiana. Tan atractivos como pacificadores, suplantan el chupete y cuántas cosas más, evitan discusiones e interrumpen menos las conversaciones de los adultos. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud, los psicopedagogos y las escuelas reclaman a las familias un uso equilibrado y acorde a las edades de las nuevas tecnologías por parte de los chicos.

La idea no es sentar una batalla entre profesionales de la salud, padres e instituciones educativas pero sí trabajar en un acuerdo social –tan de moda en estos tiempos en Argentina- para que la incorporación de dispositivos no desarrolle aspectos negativos en los infantes ni les prive características propias de su etapa como el juego, la construcción del pensamiento simbólico y la creación de vínculos sociales.

Liliana González, además de ser una psicopedagoga con más de 50 años de consultorio, formadora de profesionales y escritora de diez libros vinculados a su área de estudio, ha potenciado su capacidad de docente extendiendo su conocimiento más allá de las aulas y los ámbitos académicos. Comenzó participando en programas radiales, como El discreto encanto de los Galenos, en Radio Universidad –allá por el año 1997, cuando la conocí- y continuó con participaciones televisivas, columnas escritas y disertaciones en diferentes medios de comunicación.

En 2017 se subió al escenario en una charla TED, que luego se viralizó en las redes sociales y traspasó los límites de Córdoba, incluso llegó al famoso conductor televisivo Marcelo Tinelli, que la felicitó en las redes sociales. Seguramente esto es así porque su mensaje llega de manera clara, resolver entonces qué hacemos con ese contenido es una responsabilidad que debemos asumir padres y madres, abuelos y abuelas, tíos y tías, docentes y todas aquellas personas adultas que conviven y participan del crecimiento de los menores. En su último libro, “Volver a mirarnos”, editado este año por Penguin Random House, y escrito en compañía con su hija Natalia Brusa, González aborda el vínculo de adultos y niños con las pantallas.

El origen del libro se remonta a una escena en una sala de espera del consultorio, cuando observó a una mamá dándole el pecho a su hija mientras “chateaba” desde su teléfono celular. Según relata González -en diálogo con HOY DÍA CÓRDOBA-, en ese momento su pensamiento fue “esa mamá le está privando la mirada a su hija, la está privando de una conexión hermosa, la está privando ‘casi’ del amor. Porque el amor al bebé le llega fundamentalmente por la mirada, además de las caricias y los cuidados”, explica. En esa primera etapa de la vida, los menores aún no comprenden el registro simbólico de las palabras por lo tanto el afecto les llega a través del contacto, el sonido y las miradas: “Por más que le digamos te quiero, si no miramos al bebé, ese mensaje no llega a su universo”, advierte.

“Me pareció un mal origen para los chicos tener a sus padres pegados a la pantalla, y que promuevan eso mismo en ellos. Chicos que desayunan, almuerzan, meriendan con pantallas, por ejemplo”, explica en referencia al libro, que nació como una continuidad de la conferencia TED y a partir de un invitación de la editorial. “La propuesta me tomó en un momento de mucho cansancio psicofísico, también sentía que no tenía mucho más para decir. Pero a mi marido se le ocurrió que ese libro podía escribirlo con Natalia (que es periodista), y la verdad que ahí se me iluminó la mente, supe que ella aportaría la experiencia de haber sido mamá de niños y adolescentes nacidos en esta época tecnológica”, describe y agrega: “Una experiencia que yo no tuve, cuando mis tres hijos eran niños había pelotas, elásticos, canchitas, cuentos y barro”.

Uno de los pasajes del libro reflexiona acerca de cómo las pantallas funcionan como distractores de los chicos silenciando sus comportamientos. “Los celulares de los abuelos están llenos de juego y videos infantiles de sus nietos. Es una batalla difícil de dar, y la única manera es proponiendo a los menores alternativas que incluyen sí o sí el compromiso de los adultos a mantener una actitud proactiva”, ejemplifica Brusa. Ambas destacan que no se trata de presentarle una batalla a la tecnología, bajo un cartel de peligro, y reconocen su avance inexorable, pero proponen encontrar el equilibrio en su uso. “También de ser conscientes los adultos que somos un ejemplo para los chicos, y que nuestro comportamiento será imitado por ellos”, dice González.

A sabiendas de que el exceso de pantalla es un problema global que traviesan “las familias de todo el mundo”, González pone como ejemplo lo que sucede en Palo Alto, en el corazón de Silicon Valley, el epicentro de la economía digital, adonde los ejecutivos de firmas como Apple envían a sus hijos a escuelas sin tecnologías, algunos bajo el método Waldorf, instituciones que ponen el foco en las emociones de los alumnos. “Los chicos se están enfermando, tengamos en cuenta que desde hace diez años la OMS viene comunicando que a los bebés hasta los dos años hay que darles cero pantalla, y que después de esas edad como máximo dos horas al día y nunca antes de irse a dormir a la noche”. Como dato, podemos agregar que una investigación publicada en enero de este año en la revista médica Jama pediatrics reveló que un tiempo mayor ante la pantalla a los dos y tres años está asociado con retrasos de los niños en alcanzar hitos de desarrollo dos años después. Otros estudios relacionan el uso excesivo de móviles en adolescentes con la falta de sueño, el riesgo de depresión y hasta de suicidios.

La presencia amplificada del ‘bullying’
Evitar cargarles la agenda de actividades y permitirles el tiempo para aburrirse también son consejos que da la especialista en clínica de niños y adolescentes. “Después de 50 años de consultorio, veo niños emocionalmente frágiles, con mucha fragilidad yoica, lo que explica en parte que el bullying tenga la fuerza que tiene en la actualidad. Si nuestros niños y adolescentes estuvieran fuertes la burla les resbalaría, pero eso no ocurre. Se enferman, somatizan y se deprimen, y eso tiene que ver con que el yo está frágil, porque existe una falta de intercambio emocional”, alerta a este medio. Al mencionar el problema del hostigamiento sostenido entre pares, González presenta como una preocupación que “dé lo mismo jugar en red que jugar en la vereda”, porque “no es lo mismo tener un amigo en el patio que te diga ‘no me grites’, ‘no me pegues’. Ese chico de piel y hueso es el que te introduce en la socialización y te pone los límites que luego te pondrá la sociedad”.

El ‘bullying’ es una inquietud para la psicopedagoga por el crecimiento de consultas y casos que percibe en el consultorio. En ese sentido, lo diferencia de la broma: “Burla hubo siempre, pero la crueldad que un chico o un grupo tiene hacia otro par, esa burla sostenida en el tiempo que finalmente estalla en un acto de violencia por parte de la víctima, es un fenómeno bastante nuevo”. La problemática es tratada en uno de los capítulos del libro, a partir de su vinculación con las redes sociales, fundamentalmente aquellas de uso masivo por parte de los adolescentes como Instagram, Facebook, Twitter o Whatsapp. “Antes lo que empezaba en el colegio terminaba a la salida, ahora no, continúan a través de los grupos de chats y se amplifica, porque además permite el uso de fotos, memes y videos. Es decir, lo que pasa en el aula se potencia en las redes y por lo tanto el ‘bullying’ que sufre un chico se multiplica en ese espacio, y se disemina incluso entre escuelas”, comenta Brusa.

En esos casos, González considera que es necesaria la intervención de la escuela, “porque no solo debemos trabajar con la víctima sino también con el victimario, un chico amoroso no hace ‘bullying’, puede hacer una burla pero disfrutar o presenciar el hostigamiento constante no, tampoco se comporta como testigo silencioso que observa y avala esa agresión permanente a un compañero”. No obstante, menciona que el “desafío es muy grande” y debe incluir además de las instituciones educativas y las familias a los medios de comunicación “que le dan poco espacio a estos temas” y a los Estados. Este último ofreciendo espacio públicos que inviten a los chicos a participar y encontrarse. “El Estado, sea municipal, provincial o nacional, debería hacer más para que funcionen y se mantengan activos los clubes de barrio, por ejemplo”.

La caída del pensamiento simbólico y el deseo de dibujar
El pensamiento simbólico implica la capacidad de pensar sin imágenes, es imaginar y recrear una situación, y como pensamiento debe ser estimulado y desarrollado, de lo contrario se atrofia. “Existen experiencias muy fuertes, por ejemplo en la Universidad de El Salvador, donde hablan de la caída del pensamiento simbólico en los chicos por el predominio de la imagen. Si vos estás todo el tiempo mirando no estás simbolizando, esa prevalencia de la imagen hace que a los chicos les cueste mucho más la fantasía, la creatividad y la autoría. Parece increíble que existan chicos que han dejado de dibujar”, comenta sorprendida González. “Hasta el hombre primitivo dibujaba en las cavernas, dejar rastros es una necesidad humana. Pero hoy vemos niños tan encariñados con la tecnología que llegan a la escuela y no pueden hacer la letra, porque para poder hacer una letra -y sobre todo la cursiva- tenés que haber dibujado, haber logrado tomar el lápiz, hacer una curva, parecen cosas básicas pero no lo son, y es preocupante”.

Dejamos para el cierre la mirada positiva que madre e hija, psicopedagoga y comunicadora, coautoras, exponen en “Volver a mirarnos”, desarrollada en uno de sus fragmentos: “el mundo de hoy es más maravilloso”. ¿En qué radica semejante afirmación?, para Brusa esto es así porque “estamos yendo hacia una sociedad más genuina, donde cada uno se está permitiendo ser como es. No se trata de que ahora haya más homosexuales, más parejas gay o más replanteos sobre identidad de género, sino que ahora puede ser visible y la gente se está permitiendo vivir como siente. Veo una sociedad que tiende a ser más tolerante e inclusiva. Si bien a los adultos nos cuesta romper con los formatos y ponernos en el lugar del otro, las nuevas generaciones lo viven con una naturalidad muy esperanzadora”. Sobre este punto, González agrega la capacidad democrática que ofrece la tecnología, gracias a la cual, infantes y adolescentes de estratos sociales disímiles tienen los mismos accesos al conocimiento y la cultura. “De alguna manera, conocer el mundo hoy es más fácil. El medio digital y la conectividad son herramientas que permiten que el mundo deje de ser solo un lugar para los ricos”.

@IvaSaltanovich

15 Mayo 2019
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