Persecución del crepúsculo

Con el misterio entre los dientes, por Nicolás Jozami (Especial para HDC)

Sobre El ejercicio del estilo, de Daniel Teobaldi (Babel editorial, 2017)

La autonomía a la que ha sido sometido el arte literario, en manos de profusas teorías, es tan vasta como, por momentos, inabarcable. Será que el discurso literario en sí es una bolsa vacía, donde cada elemento puede ingresar en el orden, dirección y disposición que el creador pretenda. Hacer literatura, en sí, es inventar un pueblo que falta, diría Gilles Deleuze.

La autonomía –relativa- de cada cuento que forma parte de El ejercicio del estilo, se torna etérea en la mente del lector audaz, que quiere penetrar en la opacidad aparente del conjunto. Claro que las pistas sembradas, las conjeturas, ayudan. “Les indiqué la necesidad de que cumplir con la historia permitía a un pueblo asegurarse una memoria a la que podían apelar siempre que fuera necesario”, se cita en el cuento “La clave”. Allí permitimos el descubrimiento que profesa la frase deleuziana, y que hilvana el libro completo: hay una historia, a la que se puede apelar en el recorrido de los cuentos; ello puede surgir en la inquietud que busca reconstituir el pueblo (lugar, zona) que falta, en el ejercicio de lectura.

Entre los temas que toca Teobaldi aparecen la persecución, casi como un leitmotiv, y la reflexión sobre temas históricos y estéticos, dosificados con cafés bien cargados y charlas de amigos. Como se le hace decir al narrador de “La levedad”: “De todos modos, contar la realidad consiste en demorarse reconstruyendo datos con la memoria, para que estos datos resulten, al final, ilusorios, y terminemos creando una obra de ficción, una excelente narración”. He aquí que el apotegma de la excelencia narrativa excluye enfáticamente la veracidad o concreción de la experiencia contada, de la realidad, esa realidad de la que Saer decía que era irreductiblemente sometida a la paradoja de la ficción, que recurre a lo falso para hacer, de la materia contada, algo verdadero.

Sospechamos en El ejercicio del estilo una conciencia narrando trozos de experiencias, unidas a partir de presencias como Bonomi, Sandoval, Tucho Milani, o ese cóndor plateado (debí poner dorado, pero era una cacofonía que hubiera odiado Lugones mismo) llamado Leopoldo Lugones, en un texto donde la esencia está en la idea de que la historia siempre llega detrás de sus hacedores, para rendir un homenaje que nunca será sensato. Lo mismo ocurrirá con la apelación a Rosas, y ese cruce de la barbarie culturizada (eso es “El cautivo”), con que Teobaldi reproduce una otra versión de los hechos.

La planicie y su arquitectura salen a relucir, junto con lo policial citadino. Aparece, más que la pesquisa, la fiereza manejada de la novela negra, cuya frutilla oscura es el cuento “Todos los detalles”. En pocas páginas, el Ñato y el Ruso arman una escena digna de odio y rencor entreverados, donde resuenan exponentes como Firpo o Sasturain.

Tres frases sobre “El crepúsculo del cóndor”, el cuento sobre Lugones, de frondosa amargura, juega con autobiográfico, en un tono histórico al que Teobaldi se le anima: “La lucha sólo se explica con el sentido de la lucha”; “… creo que los logros deben compadecerse con las aspiraciones”; “Acaso la autoinmolación del héroe sirva para salvar de la nada a los que nada esperan, a los que han visto perdidas todas sus esperanzas, todas sus ilusiones”. Un tríptico con el que se pueden auscultar ciertos acontecimientos históricos que signaron a nuestra Nación.

El cóndor va a morir solo, pero no deja de enunciar que sus alas desplegadas han dado sombra a un país. La tradición “es”, en suma, un ejercicio del estilo, que ilumina u opaca las montañas del oro que suele ser nuestro país y que perdemos (o se nos escapa) en cada interpretación que se jacte de ser tan veraz como profunda.
El último cuento lleva el título del volumen. Podemos ser así una “presa léxica” en el recorrido de los textos, perseguidos, pero para que podamos ver de lejos ese pueblo que falta, cuyo suelo palpamos -a tientas- con los pies de la imaginación.

09 Agosto 2018
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