Padres limítrofes

Laboratorio De Padre, por Marcelo Lucero

Límites viene del latin, “limes”, y hace referencia a los límites fronterizos del imperio romano.

Hoy los límites parecieran ser el gran enemigo del padre joven y pulenta del siglo XXI que alguna vez soñó con ser piola con sus hijos. Aquel pobre infeliz se imaginaba tomando una birra o quizás fumando un pucho con su hijo o hija de 18 años, mientras estaba todo bien y coincidían en la mayoría de sus opiniones políticas progresistas.
Pero acá lo tenés, sacado, gritándole al mocoso de porquería para que no le conteste -porque no sabría qué hacer con sus respuestas-, que se calle –porque quiere ser amoroso pero el pendejo no lo deja- y que no sea mal educado -él fue quien lo educó. Nada que ver con lo que hacía su papá con él.

Palabras clave: límites, cobani, gorra, yuta, no, ortiva.

A partir de un estudio observacional de distintos momentos en que los padres se enfrentaban al riesgo de poner en tensión su autopercepción como “tipos buena onda” debido a un comportamiento inadecuado de sus hijos, se pudieron registrar y catalogar las siguientes situaciones al boleo:

Un papá que trabajaba en su computadora desde su casa comenzó a notar que su hija estaba sospechosamente callada y que había olor a humo. Por ello, interrumpió su trabajo, se levantó, buscó a la niña de seis años y la encontró prendiendo fuego un libro. Luego de apagar el incendio, miró a la pequeña y le dijo: “yo no te reto si no le contás nada a mamá”.

Otra ocasión se dio en un cumpleaños familiar, cuando una persona que se consideraba piola hasta antes de ser padre, fue advertida por otro adulto de que su hijo estaba escupiendo sistemáticamente en todos los vasos con bebida de los invitados. Furioso, el papá se dirigió hacia el niño y, encuadrando su ira dentro de los modales que la situación requería, le agarró el brazo firmemente, mientras el pequeño retoño se reía con el cuerpo blando, y le dijo “ya vas a ver cuando lleguemos a casa”, haciendo referencia a que cuando llegaran a su hogar derraparía, porque en público quedaba mal.

La última circunstancia observada se dio en frente de la estatua de Rodrigo Bueno, en el Paseo del Buen Pastor. Allí, un padre le pidió a toda su familia que posara frente al homenaje imitando el gesto del Potro, pero la hija adolescente, que estaba chateando con su celular, se negó a hacerlo y cuestionó la autoridad paterna: “¿Por qué?” A esto, el papá contestó, en una mezcla de preguntas, sugerencias, órdenes y amenazas: “¿Cómo por qué? ¿Por qué qué? Catalina, haceme el favor y ponete ahí ya o me das el celular”. Y la chica posó como Rodrigo junto a su familia.

Conclusión 1: Los límites, con amor y respeto –y sin ellos-, también se enseñan –y se aprenden.

Conclusión 2: Poner límites a todo el mundo, no solo a los hijos, es una gran idea y una valiente práctica contra los avasallamientos cotidianos.

07 Noviembre 2018
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