El poema, ¿es el fracaso de la muerte?

El Centinela Ciego, por Leandro Calle

Marcelo Torelli, Poesía reunida (Argos, 2017)

“No habrá recuerdo”, dice Marcelo Torelli. Es el último verso del último poema del libro “Poesía reunida” que publicó Argos, la editorial del poeta Julio Castellanos. El tema del olvido, -tan borgiano y tan nuestro- acecha. Torelli, nació en 1964 y murió muy tempranamente, a los 24 años de edad. Sin embargo, su obra, breve y concisa, es una obra madura. Poesía inundada de imágenes que a su vez están conectadas con un todo, digamos cósmico o metafísico, muy particular en su decir poético.
Bien lo dice el escritor Alfredo Lemon en su lúcido prologo:

“A partir de una captación extremadamente sensible de la realidad, la obra de este autor fallecido joven, muy joven peor notablemente maduro; se elabora mediante el manejo sutil de metáforas en las que el vértigo de la fragilidad de las cosas y los seres, logran una lírica precisa y depurada”.

Lo cierto es que la muerte llegó tempranamente y el poeta ya la estaba esperando, por eso tal vez, su obra, tiene un tono elegíaco pero anclado en la concepción de un todo, una Weltanschauung, donde su muerte personal que se avecina está conectada con una “visión del mundo” que el poeta no solo intuye sino que plasma en su escritura.

Ahora bien, el tema de la muerte acecha y como dicen ciertos apotegmas populares: “nada como la muerte para mejorar a alguien”, pero no es el caso de Marcelo Torelli. Salvo por unos cuantos amigos o lectores generosos, no ha sido una obra que haya calado en –digámoslo de algún modo- el canon literario cordobés. Es cierto que muchos de sus contemporáneos, mantuvieron su poesía en acción, me refiero, entre otros, a Eugenia Cabral, Julio Castellanos, Alfredo Lemon, y varios más. De todos modos hay que notar que existen muertes y muertes. Pareciera que las muertes trágicas y los suicidios, gozan de un enorme mejoramiento de la poesía del muerto, sin embargo, la enfermedad, -si bien temprana en este caso- dejó la obra casi en un letargo, al menos para los poetas y lectores de mi generación y los posteriores. La visibilidad y publicidad en vida, no dista mucha de la visibilidad y publicidad en muerte. Por eso, la edición que en su momento hiciera Eugenia Cabral y la que ahora presentamos de Julio Castellanos, son sumamente importantes. No solo por el “rescate”, palabra a veces difícil de definir, sino por el desvelamiento de nuestros propios olvidos y la evidencia de nuestras propias injusticias literarias como sociedad. En realidad no se “rescata” al autor, el autor está ahí (pensemos en poetas como Glauce Baldovin, Romilio Ribero) lo que se rescata es nuestra falta de memoria, nuestro olvido, la ausencia de reconocimiento y justicia. Sobre todo cuando la actividad editorial, está inundada de modas literarias, oportunismos y autoficciones a la moda (narrativas como poéticas) que ya dejan de ser literatura para convertirse en simple onanismo literario.

La obra de Torelli, marcada de algún modo, por esa angustia de la espera de la muerte, tiene mucho de conjuro. Su poesía es su manera de quedarse, de conjurar la muerte o como mejor dice el mismo Alfredo Lemon en el prólogo re-citando a Graciela Di Bussolo: “…el poema es el fracaso de la muerte”. Claro que hay muertes literarias también, pero lo cierto es que el conjuro sirve en primera instancia para uno mismo, sea quien escribe o quien lee. Conjuro es una palabra cargada de significados y puede entenderse también como “vincularse con alguien”. ¿Viene la muerte o es llamada? ¿El poeta llama a la poesía o la poesía habla en el poeta? Conjurar puede ser también “conspirar contra”, “juntarse con otros para”. La poesía de Torelli, tiene mucho de un “nosotros cósmico”, incluso su propia obra póstuma obedece a un “nosotros poético” que ha querido visibilizar, compartir sus escritos. Este “nosotros cósmico” está emparentado evidentemente con los arcanos del Tarot, los Grimorios medievales, la religión judeo cristiana, la magia, la hechicería, temas que atraviesan la escritura y la lectura del joven poeta.

El poema, ¿es el fracaso de la muerte? ¿Habrá recuerdo? Tal vez queden, como el mismo Borges decía, unos cuantos poemas. Yo elegiría este:

Se olvida a la penumbra.
Sabe que es penumbra
y que arde.
Sabe que la noche es la pantera
que habrá de devorarlo.
Duerme, ensaya un círculo
que ha de hacerse esfera en la vigilia.
Duerme y es un animal de humo.
Pero retorna de lo oscuro
con una rosa aún incandescente.

Ha suspendido la luna en la palma de la mano.

Cierra los ojos,
un solo lado tiene el mundo.

08 Noviembre 2018
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