Días de ilusión en medio de la tormenta

Cine, por Martín Iparraguirre

La 33 edición del Festival Internacional de Mar del Plata comienza con la promesa de un programa impecable a pesar de los ajustes presupuestarios

El evento más importante de la cinefilia latinoamericana no escapará a la coyuntura argentina, pero aún con recortes de última horael Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sigue siendo un oasis en el desierto de las políticas cinematográficas emanadas desde el Ejecutivo nacional. El mérito pertenece exclusivamente al equipo de programadores y trabajadores llanos del festival, que esta vez tienen a uno de los suyos al frente de la dirección artística: la cordobesa Cecilia Barrionuevo reemplazó a principios de año al estadounidense Peter Scarlet en el puesto, tras una efímera gestión que sólo pareció servir para consolidar un ajuste drástico en el presupuesto.

El resultado puede parecer paradójico, pero la reducción de tres días en la duración del encuentro (matizado por la encomiable adición del domingo 18 para la proyección de las películas ganadoras de forma gratuita) no hará mella en una edición que promete honrar sobradamente el perfil construido en la última década del festival, que elevó su calidad y diversidad hasta reposicionarlo en el circuito mundial como uno de los más interesantes del año. Nuevamente, lo mejor de la temporada cinematográfica mundial, regional y local estará presente en una ciudad que pocas veces como en estos días merece el adjetivo que las estrategias de venta publicitaria la suelen endilgar.

Formada en el equipo que supo revitalizar al único encuentro de cine “clase A” de América latina mediante una apuesta innegociable por la calidad, heterogeneidad y el riesgo en la programación de sus distintas secciones, Barrionuevo (también colaboradora habitual de HOY DÍA CÓRDOBA) promete inaugurar una nueva etapa en el festival, como coinciden todos los especialistas. No sólo por ser la primera mujer que lo dirige en sus 33 años de existencia, sino porque a su trabajo denodado –que la lleva a involucrarse hasta en los detalles más pequeños del encuentro, como pueden atestiguarlos periodistas–suma una precisión y lucidez en su mirada que no pasarán desapercibidas para nadie que asista regularmente al festival. Dos botones bastan como muestra: la sección que era enteramente suya, “Estados Alterados”, pasará a integrar este año las competencias del encuentro. El cine más arriesgado y desafiante del mundo en todos sus formatos, porque pone a competir en igualdad de condiciones a largos y cortometrajes, tendrá finalmente un reconocimiento simbólico y material a la altura de los máximos premios marplatenses. También habrá, por primera vez en la historia, un foco sobre Cine y Perspectiva de Género, un espacio para debatir en torno a las desigualdades que aquejan a las mujeres en todo el sector cinematográfico, con la participación de actrices, directoras y productoras, lo que muestra una voluntad por incluir e intervenir en las discusiones candentes del presente argentino.

Son apenas dos ejemplos de las novedades que traerá la dirección de Barrionuevo, quien en la presentación del festival anticipó “una edición diferente, más audaz en cuanto a la programación”. Seguramente, su marca más relevante se verá entonces en la calidad general de un programa que reúne a 227 películas de 51 países en siete competencias y un sinfín de secciones paralelas, difícil de sintetizar en pocas líneas. Por el momento, vale anotar algunos nombres rutilantes de la Competencia Internacional, que mostrará las nuevas obras de la portuguesa Rita Azevedo Gomes(“A Portuguesa”), el español Isaki Lacuesta(“Entre dos aguas”), el inglés Peter Strickland(“In Fabric”), el iraquí Abbas Fadel(“Yara”), o el italiano Roberto Minervini(“What You Gonna Do When the World’s on Fire?”), entre otras promesas que incluyen también a los argentinos Alejandro Fadel(“Muere, monstruo, muere”) e Iván Fund (“Vendrán lluvias suaves”). La lista ofrece motivos de sobra para ilusionarse, aunque las otras secciones competitivas no le van en saga a partir de una presencia argentina importante con directores como Gastón Solnicki (“Introduzione all’oscuro”), Ezequiel Acuña (“La migración), Carlos Echeverría (“Chubut, libertad y tierra”), o Martín Farina (“El lugar de la desaparición”), entre varios otros, quienes en sus obras previas han sabido mostrar una mirada singular con estéticas y obsesiones propias, lo que se dice una idea personal del cine.

Presencia cordobesa

Párrafo aparte merece la presencia cordobesa en las secciones competitivas, que parece una selección en sí misma de las promesas surgidas en los últimos años en nuestro suelo. La Competencia Nacional mostrará lo nuevo de Inés María Barrionuevo(“Julia y el zorro”), Fernando Martín Restelli (“Construcciones”), Germán Scelso y Federico Robles (“El hijo del cazador”), mientras que en la Latinoamericana estará la chilena Teresa Arredondo (“Las cruces”), formada en nuestra ciudad, y en la sección nacional de cortometrajes la notable María Aparicio (“Hombre bajo la lluvia”). Acaso nunca hubo una presencia local tan promisoria por su envergadura en el Festival de Mar del Plata, lo que brinda suficientes ilusiones para prensar en la obtención de algún premio.

Una selección mundial

Ya fuera de las competencias, otras secciones honrarán la tradición marplatense de reunir los nuevos trabajos de los grandes autores contemporáneos, sean reconocidos o promesas nóveles. Precisamente, una marca identitaria del festival ha sido su capacidad para reunir las nuevas promesas con los nombres consagrados: en la sección “Autores” se verán así las nuevas películas de los chinos Wang Bing (“Dead Souls”)y Jia Zhang-ke (“Ash Is Purest White”), el rumano Corneliu Porumboiu(“Infinite Football”), el norteamericano Frederick Wiseman (“Monrovia, Indiana”), el español Albert Serra (“Roi Soleil”), el taiwanés Tsai Ming-liang (“Your Face”), los coreanos Lee Chang-dong (la excepcional “Burning”) y Hong Sang-soo (“Hotel by the River”), o los franceses Olivier Assayas (“Doublesvies”) y Bruno Dumont (“Coin coin et les z’inhumains”).
La lista podría seguir de forma interminable pero hay que dejar unas líneas para las retrospectivas, homenajes y restauraciones, acaso donde el festival asienta con mayor fuerza su posición respecto al cine que promueve y defiende. Se destaca en este sentido la retrospectiva del cineasta alemán Wolfgang Staudte, poco conocido para nosotros, curada además por el crítico Olaf Möller; aunque también se verá un programa sobre la ucraniana Maya Deren y otro de la colombiana Laura Huertas Millán, que integra el jurado de la Competencia Estados Alterados.

Otra particularidad de esta edición estará en la elección de Francia como país invitado de honor, acaso una silenciosa declaración de principios por parte de la nueva dirección, que pese a la escases de fondos permitirá contar con la presencia de verdaderas leyendas del cine mundial como el actor Jean Pierre Léaud o el director Léos Carax, que presentarán títulos clásicos de sus filmografías. También, a cien años de su nacimiento, se celebrará la obra de Ingmar Bergman con una selección de sus películas y una muestra en el Museo Castagnino. Mientras que las restauraciones prometen sacudir el tablero, con la proyección de obras inmensas como “A ilha dos amores” (Portugal, 1982), de Paulo Rocha, o “Funeral Parade of Roses” (Japón, 1969), de Toshio Matsumoto.

Quienes asistan a la “ciudad feliz” podrán también presenciar eventos únicos como la master class de Lucrecia Martel sobre su particular forma de construcción del tiempo y el espacio en el cine a través del sonido, o la del cuatro veces ganador del Oscar Mark Berger sobre “Cómo escuchar películas”, por no mentar el estreno mundial de “El último malón” (Argentina, 1917), una película muda de Alcides Greca que será musicalizada en vivo. Como se verá, el pulso del cine estará de nuevo vivo en las salas marplatenses, acaso un derecho colectivo que resiste y se fortalece en la tormenta.

08 Noviembre 2018
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