“La literatura no es entretenimiento o evasión, sino indagación de lo real”

La lectura incesante | Por Lucas Gatica

Sergio Colautti nació y vive en Río Tercero. Es docente y escritor. Entre sus publicaciones se encuentran “Apuntes sobre la narrativa argentina”, “El revés del crimen” y “La mirada insomne”. En estas obras se adentra en la crítica literaria y el ensayo, pero también explora y da rienda suelta a la creación literaria.

Hace años que se dedica a la enseñanza en nivel superior y a la publicación de textos en periódicos y revistas de divulgación. Ha sido ganador de los premios Leopoldo Lugones de Periodismo Literario (2005 y 2011), Fondo Nacional de las Artes (1991) y del J. L de Tejeda en tres ocasiones. Este jueves 6 a las 19 horas se presenta su flamante libro “La lectura incesante” enL`ecole (Ayacucho 333) con la participación de Nicolás Jozami y David Voloj.

Nueva editorial: Otra vuelta

La invitación y el festejo es doble ya que se dan a conocer en sociedad, y al mismo tiempo, el libro de Sergio Colautti y una nueva editorial cordobesa, Otra vuelta editorial. El sello editorial nace con este libro de ensayos y está preparando otros volúmenes de narrativa de autores argentinos para 2019.
Aquí hablamos con el autor sobre el libro y suuniverso literario.

HOY DÍA CÓRDOBA (HDC): ¿Qué se puede encontrar en los textos que componen “La lectura incesante”?
SERGIO COLAUTTI (SC): Creo que se puede hallar ahí la persistencia de una lectura sobre textos de literatura argentina cruzados con otros, universales algunos, textos teóricos en otros casos, que son su contexto y referencia, muchas veces. Hay un apartado sobre autores contemporáneos, aparecidos en los últimos años, también jóvenes escritores de la Córdoba actual, como Voloj, Gaiteri, Lamberti.

HDC: ¿Cómo nació tu pasión por la literatura y la enseñanza?
SC: Seguramente en la infancia, entre los primeros libros del primario, como “Corazón” de DeAmicis, y la escritura desde la motivación de la vieja escuela primaria que nos impulsaba a "redactar", a contar por escrito lo que nos iba sucediendo. Seguro que desde esos espacios ha ocurrido, conmigo y con muchos otros.

HDC: ¿Qué claves darías a la hora de enseñar literatura?
SC: Sería largo el asunto, tan cambiante como las teorías y estrategias, pero me parece que la conversación (de la que habla tan bien Chambers) en el aula, es decir, abrir el libro para compartir la lectura con los alumnos, que nos escuchemos todos, que el profesor oriente pero que el trabajo sea sobre el texto, no sobre la historia de la literatura ni sobre el comentarismo de otros sobre el texto. Esa me parece que es la clave más elemental pero que a veces se olvida: la construcción del diálogo entre alumno-lector y docente-lector, en el marco de las otras artes, en el contexto actual de soportes digitales, cómo no, pero sin dejar de establecer la conversación literaria. El deber mayor del profesor es, me parece, dejar en claro que la literatura no es entretenimiento o evasión, sino indagación de lo real, de nosotros y de nuestra realidad, pero eso desde el diálogo textual, no desde el discurso académico.

HDC: ¿Cómo ves el panorama de la narrativa nacional actual?
SC: A mí siempre me seduce y me atrapa: Borges, Bioy, Cortázar, luego Piglia, Saer, después Pauls, Chejfec, Cohen, Kohan, y ahora los más jóvenes, como Quirós o Enríquez... variables muy potentes de una escritura que siempre tiene mucho para decir. A esa actualidad se suma una generación cordobesa joven a la que hay que prestarle atención: un realismo profundo que aparece con mucho talento y que escribirá sus mejores libros en los próximos años.

HDC: Pensando en autores como Sarmiento o Borges, ¿qué lugar en la sociedad ocupan hoy los escritores?
SC: Sarmiento sigue siendo actual: su mirada dicotómica se repite, se repiten y reconfiguran sus perspectivas amables e inclusivas y las otras, virulentas o excluyentes. En “La lectura incesante” hay un apartado para Sarmiento y su tiempo: “La cuestión Peñaloza”. Nos hemos encargado de vaciar la tumba de Sarmiento, todos los días, para que se pasee como un fantasma replicando sus consignas y sus ideas. Lo bueno es que, aun no coincidiendo con él, es un referente ineludible de una escritura monumental (como decía David Viñas). Y de Borges, qué decir... la perfección del texto, el deslumbre de la imaginación, otra escritura ineludible e imposible de escamotear como influencia. Un referente de la evolución de la literatura, y de su concepción moderna, para el campo internacional de la literatura. Los herederos de Sarmiento y Borges, tan buenos y tan potentes, hablan bien de ellos y de la salud de nuestra literatura, ese territorio de tensiones del que sí nos podemos sentir orgullosos los argentinos. Por otra parte, la figura de autor, que tuvo en Sarmiento o Hernández una significación singular en el siglo XIX, subsumida por el discurso ideológico, por la tensión política como arena donde se disputa el sentido político del lenguaje (en un país en guerra civil, no solo en debate), pasa el siglo siguiente con otra perspectiva: el autor ligado al prestigio, el que ocupa en la sociedad el sitio más prestigioso en el uso del lenguaje (que sabemos, es un uso también del saber, del poder). La figura clave en ese proceso es Lugones; luego, en los cuarenta Borges y su generación (Bioy, Ocampo, Bianco, más tarde Cortázar) sostienen esa noción de prestigio, de lucidez, de creatividad reconocida. Aparece también una resemantización del concepto de intelectual, con otra relación con el poder y lo social. En estos tiempos que nos tocan, parece haberse debilitado la figura del autor, quizás al compás de la diseminación de textos desde otros múltiples formatos y variables, el autor pierde su aura mágica o especial para concebirse como un trabajador más, en este caso ligado a la producción textual. Este nuevo sitio, caso de invisibilidad, podría ser entendido como favorable o no, según las miradas. El autor oculto, que prefiere dejar ver el texto, el escritor escondido o silente, que deja que su escritura sea la que transite los caminos posibles, no él. De todos modos, subyace en el imaginario social un respeto, una consideración y una valorización (aunque frágil, perceptible) de los conceptos de escritor, lector, maestro, libro, escritura. No hay desvalorizaciones de esos signos, no asistimos a su destrucción, en todo caso la amenaza es la indiferencia. El tiempo próximo dirá.

HDC: Mucho se habla de la muerte de la lectura y de los escritores, cada cierto tiempo parece que condenamos al libro a la hoguera (con la aparición de la radio, la tevé, internet). Pasados más de cinco siglos y medios de la aparición de la imprenta de Gutenberg, ¿cómo ves el futuro de la lectura y escritura?
SC: Es difícil predecir, no soy yo quién puede o debe hacerlo, solamente me parece que cambiarán los formatos, se multiplicarán, pero el texto seguirá dando vueltas, como siempre. La lectura nunca fue masiva, su circulación es extraña pero persistente, es de algún modo una "lectura incesante", que se cuela por intersticios impensados, dando respuestas a las preguntas sin respuestas.

06 Diciembre 2018
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