“Lo mejor de la literatura africana es su diversidad”.

Entrevista a José Eduardo Agualusa | Por Leandro Calle

Escritor y periodista, José Eduardo Agualusa, nació en Angola en 1960 y está considerado uno de los escritores africanos más importantes de expresión portuguesa. Ganador de múltiples premios como el Gran Premio de Literatura RTP por “Nación criolla”; el Independent Foreign Fiction por “El vendedor de pasados”; el Dublin International Literary Award por “Teoría general del olvido”, entre otros, Agualusa ha sido traducido a numerosas lenguas y dentro del mundo hispanoamericano tiene un público seguidor que no deja de crecer.

La mayoría de sus novelas pueden conseguirse en las librerías argentinas y esto no es un detalle menor. ¿Por qué? Porque muy poco o casi nada encuentra el lector argentino de literatura africana. En general dicha literatura nos llega a través de Europa, principalmente Francia y España a excepción de algunos pequeños proyectos impulsados por las editoriales independientes en el país.

Agualusa vivió algunos años en Brasil y también en Portugal. Hoy reside en Luanda. Su narrativa interactúa a través de los tres continentes arraigándose en la historia y la lengua portuguesas. Podemos decir que junto al mozambiqueño Mia Couto, José Eduardo Agualusa es hoy uno de los escritores africanos de mayor trascendencia.

HOY DÍA CÓRDOBA pudo entrevistarse con el escritor y conversar con él acerca de la literatura angoleña y de su última novela “La reina Ginga” (Edhasa, 2018).

HDC: Cuando decimos “África” creemos hablar de una totalidad sin darnos cuenta de que dicha totalidad es compleja y diversa. Eres un escritor lusoangoleño que decidió habitar en Luanda. ¿Qué significa escribir desde allí?

- Vivo a caballo entre diversos mundos. En este momento estoy en la isla de Mozambique, o Muhipiti, pequeña ciudad histórica en el norte de Mozambique. Para llegar a Luanda, es preciso tomar un avión hasta Maputo, la capital de Mozambique, un viaje de unas dos horas, y de allí tomar otro avión hacia Angola, unas cuatro horas más. No es tan lejos dentro de la escala del continente. Amo y odio Luanda. Es una ciudad enorme, ruidosa y dura. Por otra parte, toda ella está atravesada por una energía absolutamente única y extraordinaria. Es una ciudad repleta de historias.

HDC: Con “Teoría general del olvido” escribiste una novela que tenía como trasfondo la guerra civil en Angola. “La reina Ginga” es tu última novela y está atravesada por los procesos de la colonización. ¿Hay una intención objetiva en tu narrativa en vincular los procesos históricos para anclarlos en tu escritura? ¿Hay cierto aspecto de denuncia o revisionismo histórico?

- Sí, existe la intención de contar la historia de mi país en una perspectiva angoleña. Creo que sólo es posible comprender el presente entendiendo cómo llegamos hasta aquí, qué viaje fue éste, cuáles fueron los errores que se cometieron. Comencé a escribir - mi primera novela está ambientada en Luanda en el siglo XIX - para tratar de comprender mi país y mi lugar dentro de él.

HDC: Qué puedes decirnos acerca de la literatura africana de expresión portuguesa? ¿Cómo se relaciona con las otras literaturas africanas?

- En África existen muchas literaturas y proyectos literarios muy distintos en cada país. En Angola y Mozambique tenemos escritores que prefieren explorar la capacidad de recreación de la lengua portuguesa por personas que llegan a ella por la vía de otros idiomas; tenemos escritores que ponen más énfasis en la tradición oral, y otros que son extremadamente urbanos y cosmopolitas. Lo mejor de la literatura africana es su diversidad. No obstante, entre los nuevos escritores, tal vez el cosmopolitismo sea el rasgo común. Pensemos en Chimamanda (Escritora y feminista nigeriana) o Teju Cole (escritor y fotógrafo de origen nigeriano), personas nacidas en el continente africano pero que se afirman en realidades lejanas, con gran conocimiento del mundo y la modernidad.

HDC: En “La Reina Ginga” es manifiesto el choque de culturas (más que encuentro, choque). Algo parecido a lo que sucedió con Chinua Achebe y su novela “Things Fall Apart” de 1958. ¿Qué significa para ti como angoleño hijo de colonos blancos, estos procesos que revelas en tu novela?

- Hay choque, hay integración y recreación. A mí lo que más me interesa es la recreación. Las sociedades africanas son, en general, muy curiosas en relación al mundo exterior y tienen una infinita capacidad de adaptación y reinvención.

HDC: Tu personaje, Francisco José de la Santa Cruz, en “La reina Ginga” cita la célebre sentencia de Montaigne: “Chacun appelle barbare ce qui n’est pas de son usage”. ¿Qué es lo que ha cambiado desde aquella época y qué es lo que continúa en Angola todavía hoy en torno al binomio civilización y barbarie?

- Lo que sucedió desde entonces fue sobre todo, la afirmación de una cultura urbana, criolla, centrada en Luanda, que es hoy muy fuerte y muy original. La literatura, es apenas una de las formas que esa cultura tiene para expresarse, y ni siquiera es la más brillante. La música urbana de Angola y el mundo de las artes plásticas andan muy bien y se recomiendan.

HDC: En tu obra podemos encontrar una feliz interacción entre Brasil, Portugal y los países africanos de expresión portuguesa. ¿La patria es la lengua?

- La lengua es una construcción conjunta de todos esos países. A través de la lengua viene la literatura, la música, etc., mil formas de crear y recrear identidades. Hoy existe una identidad lusófona en construcción, cuyo centro ya no es Portugal (si es que alguna vez lo fue. Angola, por ejemplo, creció más ligada a Brasil que a Portugal). En realidad no hay un centro, hay varios polos: Luanda, Lisboa, Salvador, etc., en un proceso permanente de intercambio de palabras y referencias.

Así escribe:

“La estación de las lluvias había terminado hacía poco. La luz refulgía en las láminas perfumadas de los pastos. Los grandes árboles estallaban, cargados de frutos y pájaros. Los indios se mostraron muy curiosos al dar con un baobab, cuyo enorme tronco se destacaba a lo lejos como la alta y ancha proa de una nave irguiéndose en un mar muy verde. Uno de los esclavos, a quien llamaban Colombolo (Gallo), por estar siempre arrastrando el ala a las esclavas más bonitas, escaló el baobab con una vasija y la trajo cargada de agua.

Estos árboles son muy utilizados como cisternas, pues en el hueco de sus colosales troncos pueden almacenar muchos galones de líquido. Rafael siguió el ejemplo del esclavo y desapareció entre el follaje en el interior del árbol…

Rafael se había sacado la ropa y se había sumergido. Lo encontré flotando de espaldas en un agua color cobre, que un hilo de luz atravesaba. Había más paz allí dentro –más paz y hermosura- que en cualquier catedral. Me vino en aquel instante una gran claridad de espíritu, y vi extenderse frente a mí todos los muertos futuros de las guerras de Angola”.

(“La reina Ginga”, Edhasa, 2018. Traducción de Claudia Solans).

25 Enero 2019
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