Natale amarillo

El centinela ciego | Por Leandro Calle

Leer un cuento de Pablo Natale, es como subirte a un taxi. Uno más o menos tiene idea de por dónde va a realizar el recorrido pero el taxi te sorprende, no hay uno que se parezca a otro. Porque hay que decirlo de entrada, con Natale, no interesa mucho a dónde vamos sino cómo vamos. La cosa pasa por el estilo, por la forma de narrar. El que vaya a buscar narrativa de argumento saldrá sin haber logrado su objetivo.

“Amarillo sobre amarillo” título del libro, se compone de seis cuentos. El primero de ellos, “Torre Alta”, trata justamente de un taxista. Un taxista que, llamativamente, no habla, casi no pronuncia palabra. Si hay algo extraño en el mundo vial argentino es que un taxista permanezca en silencio. Wilson Torre Alta, que así se llama el personaje, casi no habla y ese “casi” es un aspecto esencial en este cuento donde todo parece que va a pasar y no termina de pasar, todo es “casi” y esa aparente indefinición, crea una atmósfera, un clima narrativo en el que comienza a deleitarnos el estilo y no ya un posible final.

Subirse al taxi de Wilson Torre Alta, como lector, me hizo recorrer algunos textos y obras del pasado. Eso tiene la buena literatura (al decir de George Steiner) que te abre la puerta de otros libros, conocidos o por conocer. En un primer momento me recordó la película iraní “El sabor de las cerezas” un film icónico de los años ’90. Luego, más tarde, ya entrada la lectura recordé un libro de Raúl Dorra, concretamente una nouvelle: “Donde amábamos tanto”.

El poeta Julio Castellanos alguna vez me había comentado la existencia de un taxista en esa nouvelle que hace las veces de barquero del infierno, un Caronte al volante. Pasé de Natale a Dorra después de una búsqueda pormenorizada en mi biblioteca. Me acosté y busqué de manera aleatoria al taxista “dorrense”. No lo encontré. Tal vez por el sueño, el cansancio o porque ya había comenzado a perderme en los meandros de la literatura natalesca. Al otro día lo llamé a Julio para confirmar el dato y lo confirmó.

Esa misma noche volví con el libro de Natale en mano y con el de Dorraen la otra, a tratar de comparar los dos taxistas. Encontré un colectivo pero entre la vaguedad del sueño, y la lectura desordenada de las páginas el taxista no apareció nunca. “Amarillo sobre amarillo”, ya me había hecho salir y entrar en distintos autores, recorrer alguna película y disfrutar de un perderse literario por la propia conciencia. Volví a Natale y ya pasé al segundo cuento: “La señora Klose”. Natale, construye los personajes de un modo muy particular, hay una precisión imprecisa que exige en el lector una lectura atenta, un (como diría Cortázar) lector cómplice.

Los personajes terminan de delinearse a través de un aspecto, a veces superficial o puesto al margen pero que confieren a los mismos todo el caudal de su personalidad. La señora Klose, por ejemplo, cuando está en la pileta del club: “La señora Klose no entendió: subió por la escalera, la malla y el cuerpo fofo goteando por todo el suelo, e inclinó un poco la cabeza, saludando e indicando vagamente con ese gesto que se iba al vestuario a cambiar”. Ese adjetivo “fofo” pareciera que termina por pintar todo el personaje y el clima del cuento que trasunta cierta indolencia.

“Buenaventura y el fantasma” y “Victoria” son los cuentos del medio. A mi juicio, los mejores. Claro que cuando uno dice los mejores puede entenderse también “los que más me gustaron”. En sendos cuentos, subyace el tema del viaje o quizás los desplazamientos que generan mudanzas externas e internas. Asimismo, el lector asiste a las propias mudanzas, aquellas que se van haciendo en su interior porque determinados climas, suscitan el surgimiento de recuerdos y uno termina afectándose por los personajes.

En mi caso por ejemplo, me enamoré de Melie, el personaje del cuento-nouvelle “Victoria”, nacido en Ontario, Canadá. La nouvelle es el corazón del libro, está exactamente al medio y uno como lector ya viene transitando el clima propiciado por Natale, porque de alguna manera, todos los cuentos en algún punto se tocan y se entremezclan. “Victoria” es el momento de “clímax” de “Amarillo sobre amarillo” y está inteligentemente ubicado en el conjunto de los cuentos.

La narrativa de Natale es una narrativa de estilo. Hay que entrar y dejarse llevar. Es necesario un acto de confianza por parte del lector. Una vez logrado este paso, los límites desaparecen y se agranda en el cerebro el placer de una escritura delicada y minuciosa.

Estos días me di cuenta que sigo pensando en “Melie” la canadiense. Soñé por la noche algo extraño: bajaba por la Cañada hacia Boulevard San Juan y paraba un taxi. El taxista era Pablo Natale. Casi no hablaba. A los “Bosques de Groenlandia”, le dije. Arrancó. Pasadas dos cuadras, me arrepentí. No, le dije, llevame a ver a Melie, llevame a Canadá. Obviamente desperté cuando estábamos a punto de arrancar. Anoté en una libretita el sueño y me di cuenta de que por más que algunos acontecimientos del país se atribuyan el color amarillo, en Córdoba podemos decir que hay un “amarillo Natale” que no puede encontrarse en otro lado.

01 Febrero 2019
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