Roma, un amor que “armó” Cuarón

Cine | Por Mario Trecek

Netflix a veces sirve. Un sábado que no sabíamos qué ver en la casa de unos amigos -Lía y Juan- pusieron el menú de pelis y surgió “Roma”. “Roma” decía poco; podría ser ese sustantivo que tiene la posibilidad de los anagramas, pero como había leído algo, dije, veamos esta.

Con “Roma” podemos armar palabras con sentido diferentes a la original. Por ejemplo amor, armo, armó, maro, mora, Omar, ramo. O remitirnos a la película argentino-española de 2004 dirigida por Adolfo Aristarain y protagonizada por Juan Diego Botto, Susú Pecoraro y José Sacristán, donde es el nombre propio de una madre, también encuadrada en la década de los ´70. Ya que en toda América, y con la llegada del hombre a la luna, no todos eran buenos alunizajes.

Hablando de espacio, reparen en la fotografía del film, sobre todo al inicio y cierre, con un avión que atraviesa el cielo, y que el espejo del charco de lavado de ropa de Cleo nos recordará aquella canción de Amparo Ochoa, que la vida de las mujeres, sea la doméstica o la patrona, se les va por el resumidero, mientras los machos, los hombres de esta película que podríamos reivindicar como feminista, los muestra en su función de hacer hijos, de los que luego no se hacen cargo. Tanto el doctor, como el Kung Fu paramilitar reclutado para reprimir a los de su propia clase en las corridas de Corpus Cristi de 1970, son de parecida calaña.

Alfonso Cuarón, con esta película casi autobiográfica, recupera su infancia en la “Colonia Roma” de la Ciudad de México, protagonizada por Yalitza Aparicio (“Cleo”) de ascendencia indígena mixteca. Yalitza Aparicio es la revelación del cine y la revista “Hola” la hizo más “blanca” (y no tan indígena) con su fotoshop.

“Roma ha abierto conversación sobre el racismo negado en México”, aseguró Cuarón, y la defendió de algunas críticas sobre su marcado sesgo discriminador. “Yalitza es de los mejores actores con los que yo he trabajado, es un error y es una actitud demasiado racista de quien piensa que ella se está interpretando”.

La película es en blanco y negro, está ambientado en 1970 y durante los 135 minutos hay momentos sin diálogos donde la música de la época es protagonista, como José José, Juan Gabriel, Rocío Durcal, Leo Dan y Javier Solís; o canciones que cantaban los revolucionarios de Emiliano Zapata, entre otros. Estas son las canciones que nos acompañan en el transcurso de la historia de una familia de clase alta y sus trabajadoras domésticas.

No es una bajada de línea, no es moralista, sólo se trata de mostrarnos unas fotos en blanco y negro, como las que se suelen sacar del arcón de los recuerdos, y allí, si uno quiere ver, ve, indaga, pregunta, interpela la imagen y su contexto, y si uno hace una lectura honesta, sale una gran película como “Roma”. Que no es la historia de Rómulo y Remo, pero algo tiene que ver, con parir una historia, que no por cariñosa deja de tener una carga dramática, tanto individual como social, y no precisamente a orillas del Tíber.

 

 

 

14 Marzo 2019
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