Macron cede ante las protestas y suspende la suba de las naftas

Anunció también un congelamiento de los precios de la luz y el gas, pero su Gobierno tambalea  

PARÍS.- La presión de la gente común en las calles de Francia, sin militancia ni banderías políticas, consiguió un verdadero hito en la historia del país galo, que deja al gobierno del presidente Emmanuel Macron ante un horizonte pleno de incertidumbre. El mandatario del Partido Socialista debió dar ayer marcha atrás en el incremento del precio del combustible, originalmente previsto para el 1 de enero, y anunció que suspenderá durante seis meses la medida y congelará los precios de la luz y el gas durante el invierno, para calmar las protestas de los “chalecos amarillos”.

“Ningún impuesto merece poner en peligro la unidad de la Nación”, afirmó el primer ministro Edouard Philippe al anunciar las nuevas medidas, en un discurso retransmitido por televisión.

“Hay que estar sordos” para “no escuchar la cólera” de los franceses, agregó el funcionario, que de esta manera se refirió al balance negro que dejaron las refriegas: cuatro muertos en circunstancias confusas y centenares de heridos en las protestas, por no hablar de los daños materiales en todo el país, principalmente París.

La esperanza de Macron es que la moratoria en el impuesto a la nafta y el gasoil apacigüe los ánimos de los “chalecos amarillos”, que el 17 de noviembre iniciaron una ola de protestas en todo el país contra la medida, que derivaría en un aumento del precio de los combustibles desde enero. Pero ahora no está claro que lo consiga: desde entonces, las reivindicaciones se ampliaron hasta incluir los reclamos de un aumento del salario mínimo, una reducción general de los impuestos, una suba de las pensiones y la restauración de un impuesto al patrimonio de los más ricos, entre otros.

Por eso Philippe anunció otra medida para calmar los ánimos: la congelación, también durante seis meses, de los precios del gas y la electricidad, algo que le costará al Estado unos 2.000 millones de euros. El Gobierno confía en que, al menos, los anuncios sirvan para contrarrestar el amplio apoyo al movimiento que existe en la opinión pública francesa: según los sondeos, alrededor del 70% de los ciudadanos simpatiza con la protesta.

Su temor inmediato es que un cuarto sábado consecutivo de manifestaciones cause de nuevo disturbios en la capital y ponga en jaque al gobierno socialista. Por lo pronto, varios líderes de los “chalecos amarillos” calificaron a los anuncios como “insuficientes”. “Los franceses no quieren migajas”, dijo por ejemplo Benjamin Cauchy, una de las figuras emergentes de este colectivo nacido en las redes sociales.

05 Diciembre 2018
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