La represión profundiza la crisis en Francia

La nueva jornada de protesta terminó con un récord de 1.723 personas detenidas en todo el país

El presidente Emmanuel Macron profundizó el sábado la crisis que atraviesa su gestión en Francia, al intentar evitar los desmanes de otra jornada de protesta de los “chalecos amarillos” con una radicalización de su política represiva: con un despliegue de 120.000 efectivos de la policía en todo el país, la jornada terminó con un saldo inédito de 1.723 personas detenidas y alrededor de 135 heridos.

Si bien las fuerzas de seguridad lograron evitar que se repitiera el caos vivido en la anterior protesta de los “chalecos”, sobre todo en París, las escenas de batallas campales con la policía, repetidas en varias ciudades, dejaron al presidente al borde del jaque mate. De hecho, el país entero esperaba con impaciencia su palabra para hoy (ver El país...) para ver si puede desactivar la crisis, mientras el reclamo de su renuncia comienza a volverse el factor unificador de todos los manifestantes.

La misma capital había amanecido el sábado sitiada por las fuerzas del orden, donde Macron desplegó 8.000 agentes: con los museos, teatros, la Torre Eiffel o estaciones de metro cerradas, y los comercios amurallados, París parecía preparada para la guerra. El Gobierno puso todo el aparato represivo en acción, al punto de igualar o superar el número de manifestantes: según la prensa, en toda Francia se calcula que hubo entre 120.000 y 135.000 manifestantes, mientras que en París llegaron a cerca de 10.000, casi el mismo número de policías desplegados. Se utilizaron gases lacrimójenos, cañones de agua y granadas de dispersión: hasta se usaron blindados VBRG de 30 toneladas (utilizados para desmontar barricadas), por primera vez en la historia de París. Aún así, se repitieron escenas de violencia en el propio París o ciudades como Marsella, Burdeos, Saint Etienne o Nantes Saint Etienne, que mostraron el estado de fragilidad en que se encuentra la administración central.

El Gobierno de hecho ya había anulado la semana pasada la medida que inició la protesta (los aumentos anunciados para el próximo año en los combustibles), sin conseguir que los “chalecos” volvieran a sus casas: sólo en la capital, fueron detenidas 1.082 personas según los números oficiales, más del doble que el sábado 1 de diciembre (412 arrestos), día en que se registraron los mayores desmanes.

La jornada había empezado con relativa calma pero la excesiva presencia policial fue levantando el enojo y la violencia, al punto que además de los clásicos enfrentamientos se registraron saqueos en algunos barrios elegantes de París y otras ciudades. En la zona de los Campos Elíseos, los manifestantes intentaron de hecho prender fuego a la fachada de un centro comercial de lujo, quemaron autos y lanzaron proyectiles a las fuerzas de seguridad.

El sábado a la noche, el primer ministro, Edouard Philippe, intentó calmar las aguas y prometió que el presidente Macron “hablará y propondrá medidas para nutrir el diálogo”. “Hay que tejer de nuevo la unidad nacional”, argumentó en una breve declaración transmitida por televisión, aunque el objetivo parece por ahora una verdadera utopía. El ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, salió a mentar las consecuencias en la economía como argumento disuasorio: es una “catástrofe para los comercios, una catástrofe para nuestra economía”, aseveró el funcionario, que indicó que la caída de la actividad es de alrededor del 15% en la gran distribución y de hasta un 40% en los pequeños comercios, sacudidos por las protestas en vísperas de la Navidad.

El país espera la palabra de Macron 

El presidente Emmanuel Macron quedó bajo una intensa presión para salir a hablar en un país sacudido por el malestar social. El propio sábado, el primer ministro, Édouard Philippe, anticipó que “Macron hará importantes anuncios” a lo largo de la semana, aunque ayer el Palacio del Elíseo puso fecha: el Presidente “se dirigirá a la Nación” hoy a las 20, hora local. Claro que la crisis comenzó a abrir grietas en el propio Gobierno: el canciller Jean Yves Le Drian, veterano socialista y con excelente imagen, reclamó “un nuevo contrato social” al jefe de Estado y aseguró que Macron “debe salir de su silencio al inicio de esta semana”. “Se necesita una palabra fuerte del presidente”, exhortó Le Drian, quien consideró que esto “puede calmar el malestar y el sentimiento de profunda desigualdad, que (los chalecos...) expresan desde hace un mes y generalmente con razón”.

10 Diciembre 2018
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