La Capital, el trofeo de la nueva generación

Opinión | Por Ivana Saltanovich

Después de veinte años, el peronismo cordobés logró acceder nuevamente al sillón del Palacio 6 de Julio, un espacio que debió relegar en 2003 tras finalizar su mandato Germán Kammerath. A partir de allí, la gestión del municipio quedó en manos primero de Luis Juez (2003/2007), luego de Daniel Giacomino (2007/2011) y finalmente de Ramón Mestre (2011/2019, que sumó un doble período). Dos décadas más tarde, el Partido Justicialista retoma la conducción del distrito más importante de Córdoba, y lo hace a partir del acuerdo alcanzado entre el reelecto gobernador Juan Schiaretti y  Martín Llaryora, abogado diplomado en Gestión Pública, oriundo de la localidad de San Francisco e integrante de la nueva generación de dirigentes peronistas cordobeses.

El primer punto de esta victoria se lo anota el propio Schiaretti, que resolvió sumar bajo su ala a esta nueva camada de militantes que en los últimos años comenzaron a alzar la voz por una silla en la mesa grande del PJ. En 2013, cuando Llaryora cumplía su segundo mandato como intendente de su ciudad natal, encabezaba el espacio El peronismo que viene, desde donde advertía que las decisiones del partido las tomaban “las mismas caras desde hacía treinta años”. El objetivo del nuevo frente interno era impulsar su nombre como candidato a diputado nacional en las legislativas de ese año y participar de las internas partidarias por la Gobernación. Más participación y oportunidades era el mensaje que tanto Llaryora como un grupo de jóvenes dirigentes del interior exigían a los líderes del partido, esto es, a José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti.

Finalmente, el 11 de diciembre de ese año, Llaryora asumió como ministro de Industria, Comercio, Minería y Desarrollo Científico Tecnológico de Córdoba, bajo la gobernación de De la Sota. Su trabajo territorial en el departamento San Justo, el cuarto distrito más importante de la provincia y la buena imagen recolectada en la ciudad cabecera llevaron al hoy elegido intendente de la Capital a acompañar en 2015 a Schiaretti como su vicegobernador, un cargo que dejó en suspenso en diciembre de 2017, cuando pidió licencia para asumir como diputado en el Congreso de la Nación; mandato que también quedará inconcluso cuando asuma el 10 de diciembre la conducción del municipio capitalino.

Son varias las razones de la conquista de Llaryora de la plaza que durante ocho años dominó el radicalismo. Una es la capacidad de armador político que hoy destacan en el plano nacional a Schiaretti, en ese caso por su rol dentro de Alternativa Federal; sin embargo, esa condición ya venía dando señales en el terreno local, y compartía con su socio político De la Sota. Ampliar el partido a los rostros más nuevos se convirtió en un paso ineludible, ya lo había hecho el radicalismo con la figura de Ramón Mestre hijo, y los líderes del sello Unión por Córdoba no podían desoír a los propios.

Llaryora es una muestra de ello, el desenlace fatal del ex mandatario hizo lo propio y el buen entendimiento con el reelecto gobernador hizo el resto. Ahora, gestionar la segunda ciudad más importante del país dará al dirigente peronista una vidriera aún mayor si su objetivo siguiente se encamina a reemplazar a Schiaretti al frente del Centro Cívico, un objetivo tan prematuro como cantado.   

@IvaSaltanovich

13 Mayo 2019
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