Francisco en búsqueda del alma perdida

Economía global | Por José María Las Heras

Francisco convocó días atrás para marzo de 2020, en la ciudad italiana de Asís, a economistas de todo el mundo para formular un pacto global económico. Su propósito es dotar de un “alma” a la economía para afrontar tanta miseria en el mundo. El liberalismo creyó en la “mano invisible del mercado” como el alma que equilibraría los conflictos. En ese contexto, Say sostenía que la oferta crea su propia demanda. El lucro capitalista generaría el mayor despertar de felicidad de la historia. Nada de eso ocurrió. Desde fines del siglo 19, con la adhesión de las masas obreras a ideas marxistas y anarquistas, el papa León XIII en Rerum Novarum convocó a morigerar sus abusos. Luego, en 1930 Keynes avizoró su crisis advirtiendo que expectativas negativas hacen que los capitalistas no inviertan, exacerbando la caída de la producción y aumentando la desocupación. Por tal razón, propone aumentar la demanda por parte del Estado. Roosevelt, con el New Deal, compromete una activa participación gubernamental en una sociedad como los Estados Unidos, endiosada con la ortodoxia del mercado. Para el keynesianismo el alma económica es “la mano visible del Estado”.

El modelo en las antípodas, el marxismo, fracasa rotundamente. La caída del muro en 1989 fue su sepultura. Se puso en debate, cuanto Estado se necesitaba. El momento fue propicio para el retorno del liberalismo ortodoxo. El keynesianismo no tenía mayor autoridad frente a sus fracasos de políticas excesivamente proteccionistas y deficitarias. Mas mercado y menos Estado fue la formula reduccionista, desde fines de los noventa, con la impronta del neoliberalismo. ¿Sobre los restos de ambas concepciones se puede formular un nuevo modelo? Un economista prestigioso –de raigambre keynesiana– Samuelson, revaloriza el rol del estado evitando déficits insostenibles. Alain Touraine propone el socioliberalismo, armonizando objetivos sociales y eficiencia económica.

Ahora, sostiene Francisco “practicar una economía diferente, una que da vida y no mata, incluye y no excluye, humaniza y no deshumaniza”. Para ello, se necesitan herramientas que integren un sistema para sostener el “nuevo alma”. Como el alma humana, solo puede ser sostenida en un cuerpo sano, se demanda una economía saludable para evitar lo que señala Stiglitz –economista cercano al papa y Nobel de Economía- “que los costos económicos y sociales de las recesiones pueden ser devastadores en la vida de las personas”.

La iglesia católica –hasta ahora- ha evitado recomendar determinadas herramientas. Inclusive, el principio de subsidiariedad –por el cual el Estado no debe hacer lo que puede hacer el mercado y la sociedad- es interpretado diferentemente. Para el liberalismo: Estado mínimo, Para los estatistas: Estado absorbente. Lograr un equilibrio es una definición política sobre criterios racionales, sin olvidar la tercera pata dela armadura social: las organizaciones de la sociedad civil.

Francisco va por más. En “Oeconomicae et pecuniarias quaestiones” (mayo de2018) formuló una propuesta ecuménica para creyentes y no creyentes, reafirmando el bien común y rechazando fundamentalismos culturales. La necesidad –dijo- de conformar una concertación amplia basada en una economía de producción y no de especulación debe derivar en una farmacopea económica novedosa. En línea con la Encíclica Laudato de la casa común y la protección del medio ambiente, instó a “corregir los modelos de crecimiento”.
Garante del consumo, crítico del consumismo. El desafío es que el bien común sea compatible con el lucro. Para Francisco la economía tiene una función social descreyendo de la mano invisible, fundamento de la teoría del derrame y de los brotes verdes. Ganancia y solidaridad no son antagónicas. El mercado debe estar regulado con orientaciones y reglas robustas, requiriendo un Estado presente detrás de una sociedad civil activa y actora. El alma de un tercer camino es “la mano visible de la sociedad civil”.

En su reciente reunión del papa con Stiglitz se habló de una Economía Social de Mercado, una economía en competencia combinando la libre iniciativa asegurando el progreso social. El Estado garantiza la competividad evitando el poder concentrado. Advierte Francisco el dramático escenario financiero que pone en peligro al trabajo. Denuncia las arteras posiciones dominantes del capitalismo financiero pletórico de fondos de inversión especulativos. Todo ello manipulado por el mundo de los CEOS, personajes codiciosos con colosales ganancias en el éxito y nula responsabilidad frente al fracaso. Recomienda acotar la liberalidad bancaria en un contexto de globalización financiera abusiva. Denuncia una “bomba de relojería” de siniestras experiencias saturadas de títulos de crédito de alto riesgo, avaladas por el desparpajo de agencias calificadoras decréditos como puede verse en el film Inside Job. Propone el control efectivo del mundo financiero con rendición de cuentas de las empresas multinacionales y sanciones incisivas. Denuncia la existencia de mundos paralelos financieros: finanzas offshore y paraísos fiscales con su corruptela: lavado de dinero, agravamiento de la deuda pública y gestión imprudente –y dolosa– en la administración pública. Aconseja crear un Impuesto a la especulación global, un símil de tasa Tobin, un tributo sobre las transacciones financieras destinados un fondo para el desarrollo económico. La apuesta de una economía solidaria y sustentable ha sido puesta sobre la mesa por Francisco. ¡Tamaño desafío para los economistas que concurran a Asís!

15 Mayo 2019
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