Pobrecita Ciudadana: Nacimos para sufrir

Lamentos de la calle

¡Llegó la bendita factura del gas de la que todos están hablando! Y la verdad que no sé de qué se están quejando tanto, en casa el aumento no fue demasiado. Es cierto que este último tiempo tuvimos cuidado y no usamos tanto el calefactor a pesar de que se puso frío en serio. A la noche, cuando nos vamos a dormir, apagamos los dos que tenemos, el del comedor que es innecesario a esa hora, nadie va a andar dando vueltas por ahí dormido, y el del pasillo que da a las piezas, total, acostados los cuatro, nos tapamos hasta las orejas con las frazadas y listo, que para eso las tenemos. También es cierto que a la mañana, afuera de la cama, está friísimo.

Los chicos no se quieren levantar para ir a la escuela, pero ese par de vagos no se quieren levantar nunca. Mi señora camina apurada por el pasillo para llegar hasta la pieza de ellos y les insiste una y otra vez para que se levanten. Va ella primero porque yo tengo otros métodos, pero si no le llevan el apunte ahí nomás me levanto y los hago entrar en calor enseguida a esos desgraciados. Después están como dos días sin hablarme, todavía sobándose los chirlos. Para el desayuno no hace falta prender nada, nos tomamos algo bien caliente, un buen matecocido de esos que hace la gorda, y ya los músculos se empiezan a mover normal de vuelta, las manos dejan de temblar y hasta nos vuelve el color a la cara. Es nuestro humilde aporte, la verdad. Entre todos se sale adelante como país, no solos. Algunos se piensan que votando cada tanto ya cumplieron, o cortando una calle, o haciendo paro, qué se yo cuántas le meten en la cabeza a algunos. Todos títeres de los otros, de los que se prenden un habano con un billete de cien verdes. ¿Y el esfuerzo? ¿Y el amor por el país? ¿Y la humildad? Creo que hay que hacer algunos sacrificios, sufrir un poco para valorar lo que se tiene.

Capaz estoy equivocado y mi viejo, que se rompió el lomo desde los doce años, porque eran diez en la casa y no había más que pan duro todos los días para comer, me enseñó mal. No sé. Igual, lo que soy yo, no sé de qué se queja tanto la gente acá en Córdoba del aumento. ¡Amigos! ¿Hasta cuándo iban a pagar los porteños diez centavos por la luz, quince por el gas? Dejémonos de joder, estamos todos locos. Las boletas todas subvencionadas tenían en Buenos Aires. A buena hora el aumento. Que paguen lo que pagamos acá, carajo. Desde el 1800 más o menos que los venimos manteniendo, deslomándonos, cobrando con suerte la mitad de lo que cobran allá por el mismo trabajo. No sé qué se piensan, no ven más allá de la avenida esa enorme que tienen. Deben pensar que acá nos iluminamos con un palo con bosta prendido fuego. Que todos tenemos nuestro ponchito que hicimos con la lana de la oveja que está en el fondo del patio. Y encima después vienen, en el verano, muy contentos a las sierras, haciendo que las cloacas que ellos no pagan exploten por todos lados y las ciudades se llenen de olor a mierda. Nos aumentó el gas un 500%, dicen. ¿Cuánto es 500% cuando pagás diez centavos? ¡Me alegro de los aumentos! A ver si empezamos a vivir en un país en serio y no como peones atrás de los porteños que las tienen todas servidas. Acá banquemos los aumentos con sacrificio, pero por favor no pidamos que no suban los costos.

Es imperdonable que no paguemos lo mismo acá que en Buenos Aires, ni que viviéramos en Chubut o en Neuquén, o peor, Salta o Jujuy… ¡esto es Córdoba! La segunda ciudad más grande del país. Sepamos sobrellevar estos aumentos nosotros que somos distintos y sabemos hacer el esfuerzo que hace falta. Hagamos que los porteños paguen lo que tienen que pagar, ellos que no tienen idea de lo que es ahorro, porque nunca nadie los puso en situación de tener que ver cómo se las arreglaban con la plata. Nosotros somos cordobeses, el corazón del país. ¡Demos el ejemplo!

06 Julio 2018
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