Brasil y Venezuela: tan lejos, tan cerca

América Latina | Por Santiago Abel

Unos meses antes de las elecciones brasileñas, días después de las elecciones bolivarianas, una profesora universitaria nos aseguraba a nosotros, sus alumnos, que en Venezuela estaban en una “dictadura”. ¿Cómo se puede decir tan libremente que Venezuela es una dictadura, en un país –Brasil- cuyo presidente en ejercicio llegó al poder mediante una destitución?

Durante el período de las propagandas electorales, spots publicitarios nos advertían que Brasil “se podía volver una Venezuela”. La huelga de los camioneros ocurrida de la última quincena de mayo se sintió en cada rincón del país. Falta de combustible, desabastecimiento en los supermercados, relatos en TV de pequeños y medianos productores que contaban cómo tenían que tirar toda la mercadería podrida. Después de la primera semana de huelga, un compañero de natación cambió su foto de WhatsApp con una imagen que pedía: “intervención militar ya”. No era un compañero de natación, era “mi” compañero de natación, la única persona con la que mantenía mínimamente una conversación estaba arengando una intervención militar. Le escribí y no aceptó un diálogo, simplemente me explicó que los militares eran los únicos que podían parar la huelga.

La huelga terminó sin intervención militar, sino con un arreglo entre los gremios y el gobierno. Meses después ganó Bolsonaro, seguramente con el voto de mi compañero de natación.

En la primera vuelta, Haddad, el candidato del PT, ganó en toda la región Nordeste. Al otro día, en natación apareció nadando con nosotros una señora de unos 50 años, que trabajaba ahí. Blanca y de ojos verdes (no se los vi, ella me dijo que era de ojos verdes). Se quejaba de los nordestinos que votaban al PT por la “bolsa-preguiça”, algo así como un “plan-pereza” (aunque una traducción más exacta sería “choriplaneros”). Mi profesor de natación se envalentonó y contó que él había pensado en votar a Ciro, pero cuando leyó las propuestas de Bolsonaro, ahí decidió finalmente votarlo. Le pregunté cómo podía apoyar esos discursos de odio. “¿Dónde está el odio? Yo no veo odio”, me respondió enojado. Mi profesor de natación manda a los hijos a la escuela militar, levanta a cada segundo la bandera de la virilidad y se despierta a las 4:30 de la mañana para sustentar a sus hijos, a su esposa que tiene cáncer y a su madre que tiene sobrepeso, diabetes y vaya uno a saber cuántas cosas más. Yo, que sí recibo una ayuda del gobierno para estudiar, podría hacer mejores preguntas.

Después del domingo de elecciones, el lunes a las 8:00 me tocaba ir a nadar. Mi profesor había faltado, pero otros dos le gritaban a un empleado, al empleado que limpia los baños, pinta las rejas y saca los bichos de la pileta, que si no le gusta este Brasil “que se vaya a Venezuela”. Se reían, era un chiste, pero a mí me cayó pesado.

Más pesado le cayó a un compañero de la maestría que nada en otro horario. Él sí fue el foco de los chistes: lo hicieron correr más que el resto, 17 veces, que es el número de la lista de Bolsonaro. Él no quiso, o no pudo, responder y se buscó otro gimnasio. Cuando este compañero me contaba eso me di cuenta que había partes del relato que faltaban, pero no indagué detalles porque no lo quería incomodar.

Hay una venezolana en el grupo de la maestría. Un día escribió, cansada de lo que tiene que escuchar y leer a diario sobre los venezolanos, que ella está ahí para responder preguntas. Muchos festejamos su intervención, pero nadie hizo preguntas.

Los primeros que se empezaron a volver a su país no fueron los venezolanos, sino los médicos cubanos. Más de 7.000 vivían con sus familias en Brasil, como parte del programa “Más Médicos” (cerrado recientemente), que se encargó de llevar médicos a zonas que no tenían cobertura. Cuando a mí me preguntan si soy discriminado por extranjero, antes de que responda, me miran y se dan cuenta que no, principalmente por ser blanco.

Brasil no se convirtió en Venezuela, pero ya expulsó extranjeros, tiene presos políticos (nada menos que el ex presidente Lula, el de mayor intención de voto), y promete quitar pauta oficial a los medios no amigos en contra de la libertad de prensa. En Brasil no tenemos ni idea de lo que pasa en Venezuela, más allá de una crisis política, económica y social. Lo que sí está instalado, es que a esa crisis se llega por la izquierda y no por la derecha.

05 Diciembre 2018
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