El Salvador, superficie y contenido

América latina | Por Gonzalo Fiore

Tras resultar vencedor en las elecciones del domingo pasado, Nayib Bukele, se convertirá en el nuevo presidente de El Salvador. Con 37 años, será el más joven de América latina en ejercicio. Bukele es un empresario que se desempeñó como alcalde de la capital, San Salvador, liderando una coalición formada por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y el Partido Salvadoreño Progresista. Sin embargo, acudió a los comicios presidenciales por una coalición de derecha, a la vez que mostrándose como independiente, ajeno a la clase política tradicional. Dispuesto a romper con el bipartidismo que gobierna el país desde el final de la guerra civil en 1992. Actualmente, el Estado centroamericano es gobernado por el FMLN, una otrora guerrilla de izquierda reconvertida en partido político.

El presidente Sánchez Ceren fue uno de los pocos mandatarios regionales en asistir a la toma de posesión de Maduro en enero pasado. Según la mayoría de las encuestas, deja el gobierno como el mandatario peor valorado de la historia de la democracia salvadoreña. Por ello, quizás, el FMLN logró magros resultados, cayendo hacía el tercer puesto de los votos. La coalición de centroderecha Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) fue la segunda fuerza más votada. Bukele, como resaltó tras conocerse los resultados, sumó más votos que el FMLN y ARENA juntos, alzándose con el 53,3%. Al no lograr anotar su propio partido debido a problemas con los plazos, el presidente electo se presentó por GANA. Una formación de derecha que en los últimos años fue marcada por varios casos de corrupción.

El Salvador es un país con graves problemas estructurales: según datos del Banco Mundial (BM), el 34% de la población vive en condición de pobreza mientras que el 10,6% lo hace en situación de extrema pobreza. Por otro lado, según el mismo BM, el país ha logrado una notable reducción del índice de Gini, que mide la desigualdad. El cual era de 52 al momento de firmarse los acuerdos de paz en 1992, mientras que en 2018 se ubicó en 40. La problemática de la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado en forma de pandillas como el MS-13 o la Mara Salvatrucha fue un tema central de la campaña. Su tasa de homicidios en 2018 fue de 36,8 cada 100.000 habitantes, la más alta de América latina por tercer año consecutivo según las Naciones Unidas. En 2017, por ejemplo, fue incluso superior, llegando a alcanzar la cifra de 38 muertos cada 100.000 habitantes.

Por lo pronto, quedando cinco meses para su asunción (prevista para junio), Bukele ya se ha mostrado diferente a su predecesor en materia de política exterior. En una publicación en su cuenta de Twitter llamó “dictadores” a sus pares de Venezuela, Nicaragua y Honduras. Aunque lo cierto es que muchas de las ideas del flamante presidente electo aún son una incógnita. En 2017 fue expulsado del FLMN debido a discrepancias ideológicas; durante la campaña se ha mostrado como un candidato sin una ideología clara, o encasillable dentro del espectro político tradicional.

De padres palestinos, empresario, ex alcalde y con experiencia en el campo de la publicidad, nunca ha hablado mucho sobre su plan específico de gobierno. Aunque lo más esperable por diversos analistas salvadoreños es que, al menos en lo económico, implemente políticas liberales.

Bukele es parte de una estirpe particular de dirigentes mundiales. Su manejo de las redes sociales es similar al de otros líderes, como Donald Trump o Matteo Salvini. Al igual que ellos, las maneja él mismo, anteponiendo su persona al partido o a sus ideas. No se enfrasca en grandes debates ideológicos, mientras que prefiere imágenes y frases cortas para apelar al público joven, la mayoría de su base electoral. Por eso algunos medios lo han denominado como un candidato “millenial”. Sí ha sabido aprovechar muy bien el “zeitgeist” de un tiempo político donde se le suele dar más importancia a las formas que al fondo. No obstante, ya cuenta con contundentes éxitos en sus gestiones anteriores. Cuando fue alcalde de Nuevo Cuscatlán su popularidad fue tan grande que el FMLN le ofreció competir para recuperar la intendencia de San Salvador, donde puso en condiciones el centro histórico de la ciudad.

A pesar de la contundente victoria de Bukele, la participación electoral fue la más baja en la historia reciente salvadoreña: sólo el 51,8% acudió a votar el domingo. Con apenas 10 diputados propios en un Congreso formado por 84 asientos (con mayoría de la derecha), el presidente electo deberá construir alianzas para gobernar. Al igual que en muchos otros países del mundo, ha crecido la desconfianza en la política tradicional, especialmente desde las clases medias urbanas y de los sectores populares. Lo que es entendible, ya que ésta no ha logrado resolver sus problemas básicos.

El presidente electo ha sabido capitalizarlo electoralmente. Por lo pronto, el país ha logrado pasar la página de la posguerra eligiendo a un candidato joven que logró romper con la hegemonía bipartidista denunciando la corrupción. Algo similar a lo que hizo el año pasado Andrés Manuel López Obrador en México, de quien se declara admirador. Estará por verse si Bukele logra ser realmente diferente a sus predecesores a la hora de gobernar. O si simplemente logró ser novedoso en lo superficial, mas no en el contenido.

07 Febrero 2019
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