Palacio 6 de Julio: seis décadas

Color local | Lucas Gatica

A inicios de los años cincuenta la Municipalidad de Córdoba abrió el llamado a concurso nacional de anteproyectos para la construcción de su nueva sede de gobierno. El lugar elegido para emplazarla fue un solar en forma de triángulo de más de 4.500 metros cuadrados, con uno de sus frentes dando a la Cañada y otro al Paseo Sobremonte. Este último también fue remodelado ese mismo año, 1953, por el arquitecto Carlos David. Según los planos, el frente del Palacio municipal daría al Palacio de Justicia.

El ganador de ese concurso fue la propuesta del estudio Sepra de Buenos Aires. El jurado estuvo integrado por el intendente de aquel entonces, Manuel Federico; un delegado del Ministerio de Obras Públicas; un representante de Obras Públicas del municipio; un profesor de la Escuela de Arquitectura y dos arquitectos. En total fueron presentadas medio centenar de propuestas. La construcción comenzó en 1953 y terminó en 1961.

Según algunas fuentes de la época la elección del proyecto de Sepra era controvertida y desató varias críticas. Ante esto el intendente salió a respaldar la elección: “Sin ningún deseo de polemizar y al solo efecto de ilustrar a la opinión sana e independiente de esta ciudad, voy a contestar por medio de esta nota a los que de una u otra manera han expresado su preocupación ante lo que consideran un atentado contra la historia, la tradición, la cultura o el urbanismo por el hecho de que los arquitectos proyectistas del edificio municipal han previsto un remodelamiento del Paseo Sobremonte”, publicó en octubre de 1953 en el Boletín Municipal.

Sepra

El estudio Sepra venía trabajando en construcciones importantes desde hacía varios años. Fue fundado en 1936 y a finales de los cuarenta es comprado por un estadounidense, un tal Lyman O. Dudley, lo que les permitió abrir y expandir su cartera a clientes del país del norte.

Entre las características que tomará el proyecto de Sepra estarán la gigantesca escala de sus estructuras de transición en las plantas bajas libres, el juego de parasoles en la fachada y el uso de cierres opacos y vidriados. Estas formas arquitectónicas estaban en auge en aquella época en lo que a construcción se refiere.

Así, se define un conjunto arquitectónico divido en un edificio de oficinas para los empleados y otro cuerpo que aloja a los funcionarios, conectados por un corredor y asentados sobre la explanada, que conformaría el subsuelo. El bloque administrativo se caracteriza por la composición de líneas horizontales, los parasoles para la protección del calor veraniego cordobés, las exuberantes columnas de la planta baja y la “piedra bola” como elemento arquitectónico romántico. Por su parte, el bloque ejecutivo está expresado en una cuidada proporción que presenta rasgos más cuidados y se destacan la gran cornisa de hormigón que corona el basamento.

Tanto lo moderno como lo brutalista están representados en el Palacio 6 de Julio. Esta forma arquitectónica y búsqueda de expresividad estructural fue una de las obsesiones de Sepra a lo largo de sus décadas, como su estrecho vínculo con la arquitectura brutalista de Le Corbusier, el archiconocido arquitecto suizo.

¿Adiciones, transformaciones?

En la gestión del intendente Luis Juez se construyó una pieza arquitectónica en metal para resolver la salida para los trabajadores instalados, cumpliendo así con las exigencias en materia de higiene y seguridad del momento. Esta pieza es un núcleo vertical que rompe de algún modo con las proporciones del bloque del cuerpo administrativo. Sin embargo, encuentra cohesión con la elección del material y con lo que en arquitectura se denomina “tectónica”.

No cabe aquí discutir si estas normativas sobre edificaciones ya existentes y en las cuales no se contemplaban futuras adiciones, traicionan la idea original de los diseñadores. Lo que sí es posible pensar es que estas transformaciones irrumpen muchas veces de forma inconveniente dando, en muchos casos, un resultado poco adecuado. Por otro lado, y ya pasados sesenta años de su construcción, podemos preguntarnos si en la actualidad el edificio resiste el tamaño de su masa laboral, no imaginada en 1958; o también es posible criticar la falta de previsión a la hora de expandir el proyecto original de Sepra.

Espejo de una sociedad

La controversia desatada a finales de los años cincuenta respecto a la elección del proyecto de Sepra para buena parte de la opinión pública, algunos políticos y parte de la sociedad, manifiesta los debates de una ciudad. La historia de Córdoba pendula entre el conservadurismo y el progresismo, la Universidad y la iglesia, las revueltas y el statu quo. En términos arquitectónicos, Córdoba oscila también entre “la tradición decimonónica entendida como la manera unívoca de respetar el carácter histórico de la ciudad, y propuestas más vinculadas a las vanguardias que suponen un atentado contra este imaginario de identidad local, han delineado gran parte de este escenario de puja que trasluce en realidad, cuestiones que trasvasan el campo meramente disciplinar”, según el arquitecto Martín R. López.

Hoy el Palacio 6 de Julio convive con todo ello: los vecinos historicistas y vanguardistas, con el arroyo de La Cañada y el espacio del Paseo Sobremontea sus anchas, configurando uno de los sucesos urbanos más relevantes junto a la Plaza Italia y la Plaza de la Intendencia. El Palacio Municipal le dio nuevos aires al paisaje urbano cordobés y puso en diálogo las reminiscencias y ecos de su propia historia con las narrativas futuras, por venir.

27 Febrero 2019
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