43 días

La ciudad / Hora cero | Por J. Emilio Graglia

Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada el 10 de diciembre de 2015. Han pasado tres años, 10 meses y 18 días. Muchas fueron sus promesas electorales: pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos. Ayer, la mayoría del electorado le dijo que no se puede incumplir y seguir en el Gobierno como si nada.

Sin embargo, aquellas promesas marketineras no fueron la causa principal del triunfo del macrismo en las elecciones presidenciales del año 2015. Macri ganó la presidencia de la Nación porque la mayoría del electorado argentino se había cansado del kirchnerismo o, más precisamente, de Cristina Kirchner.

Después de gobernar dos períodos consecutivos la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el partido político de Macri –Propuesta Republicana, más comúnmente conocido como el PRO- hizo una alianza con otros dos partidos: por un lado, la Coalición Cívica (CC), de Elisa Carrió y, por el otro, la Unión Cívica Radical (UCR), de Ernesto Sanz.

Casi a las apuradas, transitando el año 2015 y de cara al inminente proceso electoral, el PRO, la Coalición Cívica y la Unión Cívica Radical conformaron una alianza que se denominó “Cambiemos”. El nombre de la novel alianza sintetizaba su propuesta: no permitir la continuidad del kirchnerismo en el Poder Ejecutivo nacional.

Después de 12 años ininterrumpidos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, la mayoría del electorado quería un cambio, aunque sin saber muy bien su dirección. Las sospechas de corrupción, la inflación y la recesión habían desgastado aquel 54 por ciento de votos obtenidos por la ex presidenta con motivo de su reelección.

Al desgaste de la gestión de Cristina Fernández, se sumaba la división del peronismo. Sergio Massa y el Frente Renovador se habían aliado con José Manuel de la Sota y Unión por Córdoba, para conformar la alianza UNA (Una Nueva Argentina). Es muy probable que sin aquella división, Macri no hubiera sido presidente.

Así las cosas, Cambiemos se presentó como una alternativa entre dos versiones contrapuestas del peronismo. La líder de la Coalición Cívica le dio un discurso republicano y cargado de lucha contra la corrupción kirchnerista. A su vez, la Unión Cívica Radical le dio un soporte territorial que el PRO no tenía. No hacía falta más.

Detrás de un sinfín de promesas electorales, el objetivo de Cambiemos fue impedir que Daniel Scioli ganara las elecciones. Su estrategia se impuso en el ballottaje. Lamentablemente, gobernar es otra cosa y en eso fracasó estrepitosamente. Dentro de 43 días deberá desalojar la Casa Rosada, tras perder en primera vuelta.

Hacerse cargo
Cambiemos fue una exitosa alianza electoral. En su debut, ganó la Presidencia de la Nación, junto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, y María Eugenia Vidal se convirtieron, de esa manera, en las nuevas caras de la nueva política argentina.

Sin embargo, Cambiemos nunca fue una coalición de gobierno. Como dijimos tantas veces en esta columna, ese fue su pecado original. Con el jefe de Gabinete a la cabeza, Cambiemos se hizo macrista y solo macrista. Marcos Peña se ocupó de aislar al presidente de sus aliados y encerrarlo entre los suyos.

Macri y sus funcionarios olvidaron que habían ganado en segunda vuelta y por una pequeña diferencia de votos. Subestimaron la realidad y sobreestimaron sus capacidades. Se equivocaron al pensar que podían gobernar a solas, en nombre del cambio y gracias al antikirchnerismo que fomentaron desde el inicio de su gestión.
El gobierno macrista cometió un sinfín de errores en el diseño y la gestión de sus políticas. Sin embargo, Cambiemos ganó las elecciones de medio término. Sin dudas, ese triunfo fue un espaldarazo del electorado argentino para que el presidente pusiera en marcha las reformas estructurales que había prometido.

Después de ganar aquellas elecciones legislativas, Macri y sus funcionarios debieron dedicarse a realizar las reformas estructurales que el país necesitaba. Pudo hacerlo pero no quiso o no supo. Todo lo contrario, Cambiemos se lanzó a la conquista de la triple reelección de Macri, Rodríguez Larreta y Vidal. Insólito.

Los errores políticos y de gestión se disimularon gracias a un monumental endeudamiento. Hasta que, sin previo aviso, el presidente dijo que el país volvía al Fondo Monetario Internacional (FMI). Claramente, la Argentina se había endeudado por encima de su capacidad de pago y no había hecho las reformas estructurales.

Desde entonces, con la complicidad del FMI, todo fue empeorando. Las devaluaciones del peso siguieron, la inflación y la recesión agudizaron el feroz aumento de la pobreza y el desempleo. Sin dudas, la crisis económica y social es la consecuencia de la mala gestión de Cambiemos y, a su vez, la causa de la derrota electoral.

Mauricio Macri no entendió el irreversible resultado de las Paso. No se hizo cargo y, con llamativa irresponsabilidad, se dedicó a caravanear por el país, abandonando el Gobierno antes de tiempo.

De hoy al 10 de diciembre es indispensable que el presidente saliente se enfoque en llegar y provocar el menor perjuicio posible.

 
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