Londres: las puertitas de Mr. Boris

EUROPA | Por José Emilio Ortega – Santiago Espósito

A tres años de la celebración del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido (RU, Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda del Norte) en la Unión Europea (UE) y tras un bienio sobrecargado de infructuosas negociaciones entre las partes, el Brexit desencadenó una situación extraordinariamente compleja.

En noviembre de 2018 se suscribió el extenso pacto de divorcio entre el RU y la UE, junto a una declaración política sobre la futura relación entre ambas partes. El acuerdo técnico incorporó: los derechos ciudadanos, manteniendo prácticamente intactos los derechos de residencia de europeos y británicos que residen o vayan a residir en el futuro en RU y en la UE, respectivamente; y la denominada “factura del Brexit”, en la que RU se comprometía a cumplir los compromisos financieros contraídos con la UE. Además, se incluyó una solución “in extremis” para la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte: el “backstop” o cláusula de salvaguarda. Para evitar la temida frontera física entre irlandeses, en caso de que el período de transición concluyera sin acuerdo viable a futuro entre ambas partes, se establecería un territorio aduanero común entre la UE y el RU. A su vez, Irlanda del Norte, gozaría de un estatuto especial, ya que tendría que conservar una alineación regulatoria suficiente con la UE.

Por otra parte, seguía vigente el acuerdo, anunciado en marzo de 2018, sobre el período de transición solicitado por el RU, que duraría 21 meses, desde marzo de 2019 hasta diciembre de 2020. Durante dicho período, RU mantendría el acceso al Mercado Único y estaría obligado al cumplimiento de la normativa de la UE, aunque quedaría excluido de los órganos de toma de decisiones. La salida del RU de la UE tenía fecha: 29 de marzo de 2019.

El 30 de marzo, RU debía convertirse en un país extracomunitario: el primer “antiguo Estado miembro de la Unión Europea”. Sin embargo, la primera ministra, Theresa May, tras sobrevivir a una moción de censura y tres rechazos del Parlamento británico a la aprobación del acuerdo, solicitó una prórroga para la salida; la que la UE acordó hasta el próximo 31 de octubre.

La solución al problema irlandés se convirtió en el punto más controvertido en la discusión política, ya que algunos parlamentarios británicos, especialmente los del partido nacionalista norirlandés, manifestaron que se estaba creando una frontera encubierta entre Irlanda del Norte y el resto del RU.

A fines de mayo, May renunció a su cargo, ante una eventual cuarta y humillante derrota en el Parlamento, abandonada totalmente a su suerte por el Partido Conservador.

Sin Boris Johnson no hubiera existido el Brexit: subido a un colectivo en plena campaña del referéndum de 2016, aseguraba (falsamente) que el RU aportaba semanalmente a Bruselas 350 millones de libras, que de ahorrarlas podrían ir a la salud pública.

Sus inicios como periodista a fines de los 80, en diversos medios escritos, y una posterior participación en un programa de televisión, le dieron notoriedad. Cuando ganó una banca en la Cámara de los Comunes, en el año 2001, ya gozaba de una alta popularidad, lo que le permitió dar el salto a la alcaldía de Londres en 2008.

Nacido en el seno de una familia de clase alta, es egresado de Eton y Oxford, dos de las instituciones educativas más prestigiosas de Europa, a la que asistieron numerosos exponentes de la clase política británica. Sin embargo, Johnson se muestra estudiadamente excéntrico, tosco y desaliñado. Pragmático para conseguir su objetivo de ocupar el 10 de Downing Street, se mostró liberal durante su etapa como alcalde en Londres (2008-2015), ciudad multicultural y abierta a la diversidad, y se convirtió en una celebridad más de la ciudad, asistiendo a todo tipo de evento y siempre arriba de su bicicleta.

En 2016 desafió al entonces primer ministro, David Cameron, en su férrea defensa del Brexit en el referéndum, y posteriormente fue nombrado por May como ministro de Asuntos Exteriores. No obstante, en 2018 presentó su renuncia, operación preparatoria para saltar al poder, tal como estos columnistas lo anticiparon hace un año, ante el ya visible fracaso de May.

Last train to London
“Just headin’ out” (sólo para salir) completaban los hiper británicos ELO, en aquel tremendo éxito de los 80 que todos hemos bailado; parece escrita para describir la encerrona del novel premier ¿Podrá Johnson cumplir su promesa de retirar a Reino Unido antes del 31 de octubre? ¿Bajo qué condiciones? Bruselas ha sido terminante: no se negociará un nuevo acuerdo ni se prorrogará la fecha de salida, con excepción de nuevas elecciones o un segundo referéndum en las islas británicas. Johnson ha prometido eliminar la cláusula de salvaguarda que impide la frontera física entre las Irlandas, a lo que se oponen los unionistas norilandeses, por lo que parece poco viable que impulse la aprobación del acuerdo entre la UE y el Reino Unido.

Un Brexit duro -salida sin acuerdo- a la que se opone un sector de su partido, el resto del Parlamento y gran parte de la sociedad, deberá requerir de un mayor respaldo. Para ello, el nuevo ocupante de Downing Street 10 quizá deba llamar a nuevas elecciones para dotar de legitimidad política a su propuesta, lo que supone una apuesta arriesgada. ¿Boris logrará encontrar la puerta correcta? ¿Es de salida, o de entrada? Su destino estará echado si presiona el picaporte equivocado: “El problema con el suicidio político es que uno queda vivo para lamentarlo”, se afligía -con sabiduría- el inolvidable Winston Churchill, y hasta aquí nadie lo ha refutado.

 
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