Casi todo ha desaparecido

Nada fuera de lo común | Por Manuel Esnaola

UNO

Como una bruma de madrugada que sostiene el suspense de un escenario gótico / la realidad se rehúsa a ceder su parte de la noche / podríamos decir / acaso con nostalgia / que todavía existen algunas cosas que no han desaparecido / pero ya casi todo ha desaparecido / lo que vemos / la imagen / es una ilusión permanente y auto infligida / sin negativos / no hay nada que se pierda allí / sino una sucesión de algoritmos y softwares / que simulan un mundo que hace tiempo ha dejado de ser “real” / y que nos permite prescindir / sin culpa y aún con cierto orgullo caricaturesco / de una conciencia crítica / la fatalidad de lo eternamente “igual” / como decía aquel filósofo francés / nada vive sino en base a su desaparición / y es esto lo que nos fascina / no el culto a “lo real” / sino su desaparición / por poner un ejemplo de coyuntura / la realidad virtual en todas sus formas –ahora mismo nos hemos mudado allí– implica la desaparición de una realidad que asumimos como familiar pero lejana ya / una realidad de la que apenas recordamos fragmentos borrosos / y es esta desaparición implacable lo que verdaderamente nos tiene fascinados / lo que se ha perdido / el rastro como signo de la virtualidad / porque viene a suplantar un lugar donde supuestamente / antes / habitábamos.

DOS

¿Pero de qué carajo estás hablando Esnaola? / yo solo quería enumerar las cosas que desaparecen / para llegar a un acontecimiento particular que precisamente me interesa / quería hablar / primero / de todas las cosas que han desaparecido: la intimidad manuscrita de una carta / la escena de ciencia ficción que implicaba enviar un fax / la pluralidad de interlocutores posibles en un teléfono fijo –anulado de una vez y para siempre– por el inapelable móvil, aparato que no permite fallar el destinatario de la llamada / los casetes y sus mil mañas para regrabarlos / el archivo, aplomado en cientos de megabytes, fraccionado en tres disquetes de 3 y 1/2 / la dócil grabadora que captaba el sonido real del mundo –ese que siempre tiene un ruido de fondo, porque el sonido del mundo nunca es, en el sentido más estricto, un canto de sirenas en alta fidelidad– / el mundo suena mal y generalmente aturde / el CD, DVD y todas sus lápidas derivadas que rompieron una época y después se fundieron en los bolsillos de visionarios fugaces / el despertador como un ente en sí mismo / el “beeper” como un sueño que nació en Chicago y murió en un pestañear del tiempo / la frondosa guía telefónica como antesala de la búsqueda en Google / el mapa rutero, siempre doblado en ocho pliegues, que contenía la geografía del universo / la radio portátil en la cocina de la abuela / el soplido salvador al casete de videojuego del Family Game / y paro acá / porque no quiero agotar un cementerio infinito / la cartografía borgeana que a fin de cuentas acaba por coincidir precisamente con lo que representa /  la evidencia de que casi todo ha desaparecido.    

TRES

Pero del acontecimiento que yo quería hablar / particularmente / es de la desaparición de la guitarreada como entretenimiento en las juntadas de amigos o de la familia / esa práctica tan ligada a la cultura de nuestro pueblo / a la tierra / la provincia / la maravilla de compartir un mantra colectivo / sentir “con el otro” / por qué dejamos de guitarrear / le pregunté a mis amigos / el Mariscal dijo: “YouTube la desplazó, para mí.  Hay más variedad, se oye bien y se ve algo más que a un amigo moviendo las manos. Además hay repertorio infinito” / perspicaz el tipo / igual si uno reflexiona a fondo / la famosa plataforma de videos no logra esa amalgama colectiva que implicaba el cantar todos juntos / esa emoción que se ha extinguido / porque en la guitarreada lo que  estaba en juego no era la escucha o la mirada / sino el "tomar parte activa" / cantar, digamos / aunque se cante mal / el Comandante dijo: “una principal: quienes cantan bien, o saben de música, van inhibiendo al resto de participar. Sin querer hacerlo, pero sus búsquedas de afinaciones y tiempos precisos hacen que los borrachines, recordando vergüenzas pasadas, más vale nos quedemos en el molde. Mientras mejor es el músico, más aire de recitalito cobra el momento. Y suele volverse un poco solemne. Y uno no va a juntarse con sus amigos para ser un mero público” / qué retórica inigualable la del Comandante / lengua filosa si las hay / el Piru / desde otro ángulo / dijo: “creo que depende lo etario y la región. Más jóvenes con sueños de momentos épicos, más guitarreadas. En el norte, folclóricos de nacimientos, las guitarreadas no se van a extinguir nunca” / pero sucede que hace tiempo que yo rasco la guitarra en soledad / poco cantamos ya / y sobre todas las cosas / hemos entrado / con la aceleración pandémica / al universo de las transmisiones en vivo / donde uno está a solas / con un vino / piezas de museo derrumbado / escuchando y viendo a otro guitarrear / pero en realidad no es una guitarreada como la conocíamos antes del apocalipsis / como dice el Comandante / “es un recitalito” / un concierto como un archipiélago de soledades / cada isla en su casa / inundada.

CUATRO

Aquel filósofo francés / muy amigo de mi amigo el Polaco / se preguntaba: ¿Por qué todo no ha desaparecido aún? / decía / que en realidad no estábamos fascinados con la realidad / sino con la desaparición de la realidad / todos conectados / ahora / para siempre / a esta insoportable telemática / una videollamada que no termina nunca / agradecemos / con resignación / que nuestras madres nos hayan enviado / allá por los 90 / a “computación” / sino seríamos un cacharro más en la chacharita de la desaparición / todo esto / que no es poco importante / para evocar aquella práctica fundacional de nuestro ethos / lo dice Sarmiento en la temible sombra de su Facundo / la guitarra como idioma / ha desaparecido / que no decaiga / nada vive sino en base a su desaparición / una más y no jodemos más / tocate el himno / ¿cuál? / esa que dice “todo concluye al fin / nada puede escapar / todo tiene un final, todo termina” / ¿cómo era el bis, Esnaola? / voces que ya no escucho cantan “y olvidé aquello que una vez pensaba / que nunca acabaría, nunca acabaría / Pero, sin embargo, terminó”.

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar