Perón, los libros y la cultura

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

Juan nació hijo natural, sus padres no estaban casados, fue segundo hijo. Por el lado materno era una familia humilde, por el paterno se entronca con inmigrantes vascos, italianos, uruguayos e ingleses. Su abuelo Tomás Perón fue diputado de Mitre y profesor de química en la UBA. A los veinte años, dos obras de teatro escritas por él son estrenadas en la calle Corrientes; Silvino Abrojo y El detective de la máscara negra son los nombres de esos primeros trabajos de un apasionado de la escritura, de un hombre que durante toda su vida le dedicó tiempo a la página. Pensemos que cuando muere, Perón estaba trabajando en un texto increíble por su actualidad y que quedará inconcluso: Modelo argentino para el proyecto nacional. En un libro de Jorge Taiana, El último Perón, quien fuera su médico y cercano amigo relata los tristes momentos finales del presidente, el abandono a que fue sometido en su última navidad y su empeño en ese texto final. Algunos de los libros del presidente (publicará unos veintiséis a lo largo de su vida) se volvieron canónicos, sobre todo en términos políticos: La hora de los pueblos, La comunidad organizada, Conducción política y La hora de los pueblos; también escribió ensayos históricos como Las Campañas en el Alto Perú y Antecedentes de la Campaña Libertadora del General San Martín.

Perón es el último de la larga tradición de presidentes (y gobernantes) argentinos escritores, algo que prácticamente morirá con él. Nuestros padres fundadores, San Martín, Belgrano, Rosas, Alberdi y Sarmiento serán escritores o gente con una estrechísima relación con los libros. San Martín no se destacó como escritor, aunque si releyéramos sus Máximas para Merceditas, tal vez deberíamos concluir lo contrario. San Martín estará en el origen de las bibliotecas de Mendoza, Chile y Lima; a esta última el Libertador lego 762 volúmenes de su biblioteca personal. Muchas de estas obras fueron robadas de la Biblioteca de Lima cuando el ejército chileno tomó la ciudad en 1881. Belgrano será un escritor prolífico en economía, ensayos educativos, un largo epistolario pese a su corta vida y escritos míticos como su Memoria del Secretario del Consulado de Comercio. Pese a que la tradición popular ha forjado una visión rústica de Rosas, el gobernador tiene una vasta producción epistolar, una serie de libros con fines prácticos para el manejo de campos y el gran libro sobre la lengua de los aborígenes pampas, su Gramática y Diccionario de la lengua pampa, que es de una elegancia y precisión sólo posible en un finísimo escritor. Juan Bautista Alberdi, el padre de nuestra constitución con sus Bases, tiene una extensa obra que abarca ocho volúmenes. No sólo se destacó en política su polémica con Sarmiento reunida en las Cartas Quillotanas deberían ser eje de la formación de nuestros dirigentes- si no que sus estudios musicales son de una rara belleza. ¿Qué decir de Sarmiento? Baste con que pocos años atrás los escritores y especialistas de habla hispana lo eligieron el escritor más importante del siglo diecinueve. El Facundo y Campaña del Ejército Grande son novelas que si fueran publicadas hoy serían innovadoras y maravillosas; piensen lo que fueron hace ciento setenta años. Un dato más: las obras completas de Sarmiento abarcan cincuenta y tres tomos. Otros presidentes como Bartolomé Mitre, Nicolás Avellaneda, el gringo Pellegrini con su ensayo sobre Alberdi y Arturo Frondizi fueron importantes escritores.

Finalmente vuelvo al presidente Perón y dejo unas reflexiones sobre nuestra cultura contenidas en su Modelo argentino para el proyecto nacional: “Si nuestra sociedad desea preservar su identidad en la etapa universalista que se avecina, deberá conformar y consolidar una arraigada cultura nacional. Resulta sumamente compleja la explicitación de las características que tal cultura debe atesorar. Mucho se ha dicho sobre la cultura nacional, pero poco se ha especificado sobre su contenido. Está claro que en cuanto se plantea la posibilidad de una cultura propia surge de inmediato la forzosa referencia a fuentes culturales exteriores... ...la gestación de nuestra cultura nacional resultará de una herencia tanto europea como específicamente americana, pues no hay cultura que se constituya desde la nada, pero deberá tomar centralmente en cuenta los valores que emanan de la historia específica e irreductible de nuestra patria. Muchos de tales valores se han concretado en la cultura popular que, como todo lo que proviene de la libre creación del pueblo, no puede menos que ser verdadera. Dirigir nuestra mirada a esos valores intrínsecamente autóctonos no significa tampoco precipitarnos en un folklorismo chabacano, que nuestro pueblo no merece, sino lograr una integración creativa entre la cultura mal llamada «superior» y los principios más auténticos y profundos de esa inagotable vertiente creativa que es la cultura de un pueblo en búsqueda de su identidad y su destino”.

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar