Triqui, triqui, trí

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

Las mañanas son de terciopelo, / si tus manos me hacen despertar / Me acarician, y en el azul del cielo / juntamos nuestro fuego / y unimos nuestro amor. // Triqui, triqui, triqui, triqui, triqui badapu’ / Triqui, triqui, triqui, trí…

“¡Aquí no ganó el Cordobazo, ganó el Navarrazo!” El que dice esta frase (hace tiempo, con un fernet en la mesa y un palito en la boca como suplencia del cigarrito prohibido) es el periodista Manolo Lafuente. Sus palabras salen a borbotones, amontonadas, con una lógica (una gramática) que se desplaza de los tiempos que corren. Repite: “El Cordobazo perdió, aquí triunfó el pensamiento de la cana, del fascismo con Navarro a la cabeza.” Dentro de dos meses se cumplen cincuenta años del Cordobazo y su lógica aparece como algo desaparecido. Vivimos en una sociedad que desde hace décadas calla -silenciosa y quebrada- la pobreza, la inseguridad más atroz, la muerte de sus más débiles; que normaliza que la mitad de sus niños son pobres, que también a la mitad de los niños -¿mitades que coinciden?- nunca se les leyó un cuento.

Las mañanas son de terciopelo, / si te encuentro al amanecer / Con tus besos, cuando me despierto, / jugando yo te siento, / muy cerca de mi piel. // Triqui, triqui, triqui, triqui, triqui badapu’ / Triqui, triqui, triqui, trí…

En la mayoría de los contactos de mis redes sociales veo los rostros de Claudia Piñeiro, de Teresa Andruetto, de Vargas Llosa; la reproducción de sus discursos magistrales (Google nos da lo que queremos -tierno pibe del norte) con comentarios elogiosos. Me tiento, vuelvo a leerlos. Tienen oficio, pienso; dicen algunas cosas que muchos deseamos que se diga. Sin embargo, desde mucho tiempo atrás (Cordobazo querido), sabemos que lo “políticamente correcto” es sistémico (sobre todo si denuncia al propio sistema), invisibiliza… ¿Pero qué oscurece? ¿Qué tapa? ¿Será esa imagen, de hace pocas semanas, de los libros de dos escritoras argentinas acompañados por el poder, entrando a una bóveda de banco (la Caja de las Letras del Instituto Cervantes)? Es decir, ¿libros en vez de fondos? ¿O libros como fondos? ¿O el Fondo de la bóveda?

Las mañanas son de terciopelo, / si tus manos me hacen despertar / Me acarician, y en el azul del cielo / juntamos nuestro fuego / y unimos nuestro amor. // Triqui, triqui, triqui, triqui, triqui badapu’ / Triqui, triqui, triqui, trí...

Pasó el Congreso de la Lengua, pronto llegarán los cincuenta del Cordobazo y Demis Roussos sigue con su triqui triqui en el Bar Plaza de Unquillo. Pienso en la invisibilización, en esa de Google que sólo nos da lo que queremos, lo que nuestros amigos leen, eso que nos hace creer que estoy en lo correcto aunque siempre yerro. Pienso también en algunos nombres (siempre son los mismos, las manías de lectura). Tarareo a Romilio Ribero que casi no publicó en vida y que su esposa y el editor Juan Maldonado nos regalaron: “Narro lo incierto en esta niebla. Voy entre multitudes sudorosas, asediado de aceros sin batallas, en cotidiano infierno. / Las aguas cantan otra vez. Solamente anda el viento por secretas ciudades. / Se cumplieron los ciclos del fuego y de la música. / La enfermedad, la muerte exorcizó los rostros. / ¿Cuándo rescataremos la rosa elemental, lo saciado de polvo, la especie del misterio consagrado?” Releo en internet a Jorge Barón Biza, El desierto y su semilla: “En el fondo de los pozos que cavaban los médicos, reaparecían cada mañana, después del quirófano, los colores alegres del primer día, los colores de las heridas frescas, que delataban vida y prometían curación.” Me vengo mas acá en el tiempo, aparece Ariel Williams y su entre lengua: “Qué faremmo hacer. / Los suffros que dentran, / corazone. / A miseria de cuerpos en almas. / En allma: / en dentra golpe, dolore. / Qué faremmo hacer...” Luego otra aparición, Carlos Busqued: “Soñó que su madre, desnuda y con el agujero de la perdigonada en pleno esternón, le alcanzaba el bolso amarillo de su hermano. Cetarti lo abría y sacaba un escarabajo enorme, como el que había visto en la estación de servicio de Lapachito pero mucho más grande…” Y por último, para darme un gustazo (para dártelo vos también), me acerco a ese filósofo/poeta/filo/quilombero llamado Oscar del Barco, que cuando lo premiaron con el Konex lo rechazó diciendo que no aceptaba ese “tipo de premios y menos cuando se los jerarquiza como de diamante, de platino, gran premio...” Y recalcó también que estaba en contra de que se premie exclusivamente a intelectuales y “no a obreros, enfermeras, empleados, albañiles, empleadas domésticas…” Escribe del Barco: El mundo / Detrás de los vidrios / De las flores / De la lluvia // La mano sube / Y baja // Detrás de las nubes / Detrás del sol // El mundo / Se inclina / sobre los ojos.

 
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