Días de noticias falsas y radiación real

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

MOSCÚ / France Presse-Getty Images.- En publicaciones en línea y llamadas a funcionarios locales, los rusos expresaron su enojo porque la explosión de un pequeño reactor nuclear, la semana pasada, en un sitio de pruebas militares, no ha sido reconocida durante días por su gobierno. “Incluso si no es tan peligroso como parece, merecemos saberlo”, dijo Danil Kotsyubinsky, un residente de San Petersburgo que ha estado presionando a los funcionarios locales para obtener información. El accidente, que se ha ocultado, tuvo lugar en el campo de armas navales de Nenoska, en la costa del Mar Blanco en el norte de Rusia y, aparentemente, implicó una prueba de un nuevo tipo de misil de crucero impulsado por energía nuclear. Los analistas dicen que la explosión mató al menos a siete personas, emitió radiación que elevó brevemente las lecturas en una ciudad a veinticinco millas de distancia y desencadenó una lucha de expertos occidentales para determinar qué sucedió. El ejército y una compañía estatal de energía nuclear anunciaron las muertes, pero pocos detalles del accidente. Algunas transmisiones de televisión de Moscú fueron misteriosamente interrumpidas durante cincuenta y tres minutos la noche del accidente. Más tarde, una agencia de transmisión del gobierno describió la interrupción como un mal funcionamiento de un sistema de advertencia de tormenta. Las pantallas se pusieron azules, un mensaje de texto instó a las personas a quedarse en casa debido a una tormenta con vientos fuertes que nunca llegó. Así, los rusos han quedado en su mayoría adivinando.

Este es el comienzo de un artículo de Andrew E. Kramer para el New York Times que me remitió a lo sucedido en la noche eleccionaria del domingo y los días siguientes: la Rusia de Putin igual a la Argentina de Macri. Podríamos empezar analizando ese “de”: “de Putin”, “de Macri”, pero la lingüística me excede más allá de los esfuerzos de Cecilia Defagó por enseñarme sus rudimentos (pregunta: ¿es lingüística -lingüistería- de lo que se trata?).

Ya es lunes a la noche, ya miramos absortos el discurso de Macri desorientado la noche del domingo y, luego, sus frases enfurecidas del lunes (novio que la novia ha dejado por infiel y que intenta esconder su estupidez en el griterío vano). Ya escuchamos su responsabilizar a la oposición y a sus votantes por la corrida cambiaria (sin acordarse de que es el Presidente, pero, sobre todo Niño Bian, olvidando a los pobres sobre pobres, a los niños con hambre sobre niños hambrientos que tu griterío no puede acallar).

Me tiro en la cama, miro televisión. Cerca de las once de la noche, en el programa de Roberto García aparece el politólogo Jorge Giacobbe. El “gordo” Giacobbe comienza a hablar con su serenidad de siempre. Se lo ve triste, sabe lo que está pasando, lo que implica. Dice que pertenece a una generación que tiene que dejar paso a los jóvenes. Cuenta que se acercó al mundo político en el año setenta y dos, que entonces la Argentina tenía un ochenta por ciento de clase media y un cinco por ciento de pobres. Que lo que siguió es responsabilidad de su generación: “Si no dejamos que los menores de cuarenta, cuarenta y cinco, gobiernen, estamos acabados. Mi generación fracasó rotundamente”.

Antes de dormir, cuando la habitación ya está a oscuras leo un tuit de Jorge Asís: “Esta historia no está cerrada”, confirma Pichetto con esperanzas, mientas El Ángel Exterminador recrimina a la sociedad por no haberlo votado. Disiento. Al macrismo hoy le quedan dos opciones. Nicho o tierra. Ampliaremos… Reenvío el tuit a mi amigo, el matemático y escritor Eduardo Lacoste, él sí me amplía: “Muy bueno, hay algo por otro lado de aquella película de Buñuel, justamente El Ángel Exterminador, donde una burguesía ante el terror de no poder salir porque se han clausurado las puertas, adquiere costumbres animales…”

Antes de dormir vuelvo al artículo de Kramer, Días de noticias falsas y radiación real después de una explosión mortal, y leo: Boris L. Vishnevsky, miembro del Consejo de la ciudad de San Petersburgo, dijo que decenas de personas llamaron para pedir aclaraciones sobre los riesgos de radiación. “La gente necesita información confiable”, dijo Vishnevsky. “Y si las autoridades piensan que no hay peligro y que no hay que hacer nada, que anuncien esto formalmente para que la gente no se preocupe”. Los cinco científicos muertos en la explosión fueron enterrados el lunes. Alexei Likhachev, el jefe de Rosatom, los elogió como el “orgullo del sector atómico” en el memorial. Para el Sr. Kotsyubinsky, el residente de San Petersburgo que dijo que estaba preocupado por la radiación, la declaración emitida en la madrugada, los datos contradictorios y el silencio de altos funcionarios han evocado recuerdos oscuros de Chernobyl.

 
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