De qué hablamos los argentinos

De qué hablamos los argentinos
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Por Ernesto Ponsati
Algunos argentinos, sobre todo aquellos que tienen aspiraciones electorales, se esfuerzan por poner sobre el tapete de la discusión ciudadana el tema de las candidaturas. Quien tiene más, quien tiene menos, quienes deberían dejar el camino libre ya para que avancen otros con más posibilidades. Y en ese tira y afloja de encuestas y proyecciones, lograr adhesiones que los hagan correr hacia el objetivo prefijado. Eso querría, por ejemplo, Eduardo Buzzi, recién salido de la presidencia de la Federación Agraria Argentina (FAA) y hoy precandidato por el Frente Renovador (FR) a la gobernación de Santa Fe. Buzzi no dejó fácilmente la FAA. Apenas si pudo imponer a un sucesor después de un proceso complicado que dejó su figura bastante golpeada, por lo que ahora lo que más necesita es espacio y tranquilidad para lanzar su campaña. Pero no. Como otros en su misma situación, están condicionados por los derroteros que va tomando cada día la discusión política, y, como otros, observa que los medios de comunicación, con su terminante veredicto, apuntan hacia otro lado, no hacia el costado del escenario donde se despliega una lucha electoral por el poder formal, ya sea de un municipio, de una provincia como Santa Fe o del país. Y hoy, el autoritario interés de los mass media se pronuncia por una discusión, vana discusión, sobre el tema del aumento de los precios. La mayoría dice que el porcentaje de incremento en este año supera el 40 por ciento,  el Gobierno lo ubica en el 25 por ciento, y otros prefieren verlo a mitad de camino de esos dos extremos: más o menos el 35 por ciento. Nosotros, más que todo porque somos prudentes y desconfiamos de la palabra de quienes se ubican en los extremos citados, nos inclinamos por algún número cercano al 35. Y recalcamos: algún número cercano al 35, grosso modo.

Porque lo cierto, lo único comprobable con solamente mirar las páginas de los principales diarios, es la tremenda dispersión de los resultados de los que dicen ser “estudios confiables”. Y nos paree que no hay estudios confiables. El único que nos podría dar resultados en los que se podría confiar, debería ser el Indec, en especial por su capacidad operativa, por el volumen intelectual de sus expertos, por su posibilidad de controlar los movimientos de decenas de miles de artículos en decenas de miles de comercios a lo largo y lo ancho de un país tan extenso como el nuestro. Ninguna de las consultoras privadas cuenta con esa capacidad, aunque algunas de ellas hayan comenzado a basarse en los resultados que obtiene media docena de provincias argentinas, datos que tampoco se acercan mucho a la realidad.

Empero, el Indec ha perdido toda confiabilidad luego del torpe manejo que hiciera de ese organismo Guillermo Moreno.  Así que si el Indec dice 25 por ciento, más vale pensar en por lo menos un 5 por ciento más, a modo de precaución, nada más. Lo que por cierto no es muy científico que digamos. Pero lo mismo ocurre en el otro extremo: el 41 por ciento de inflación que esgrimen los diputados de la oposición es solamente el promedio de los resultados de media docena de consultoras privadas, lo que significa que alguna, por ejemplo, consideró una inflación del 44 por ciento, y otra, más modesta, se plantó en el 38. Y eso tampoco es muy científico, en especial si se tiene en cuenta que se trata de empresas muy pequeñas, de escaso personal, cuyos análisis suelen basarse en los datos obtenidos de un centenar de bocas de expendio ubicadas casi todas en el Área Metropolitana. Además sabemos que la mayoría de esas firmas juegan en el equipo de los devaluacionistas, que consideran a la inflación el principal mal de la economía y que consideran que hay que apelar, para combatirla, a políticas severas de ajuste, además de proceder a un fuerte achicamiento del Estado. No es necesario ser muy avispado para pensar que algunas de esas ideas e intereses se manifiestan en el cálculo final que obtienen esas consultoras.
No servirá como botón de muestra de la dispersión de interpretaciones en materia de inflación, pero el lunes hubo en esta ciudad de Córdoba un ejemplo digno de mención. Un matutino sostuvo ese día, a partir de datos propios, que la canasta navideña había aumentado en el año algo más del 44 por ciento; en cambio, por la tarde, el noticiero de un canal de televisión, también de fuente propia, establecía que el arbolito de Navidad había aumentado en el año el 35 por ciento. Casi 10 por ciento de diferencia en sólo doce horas, o, a partir de una observación más fina, un trabajo “doméstico” en ambos casos, que condujo a resultados tan dispares. Nada fundamental, pero lo suficientemente claro como para decirnos a todos, hasta los periodistas, que no debemos tomar esos números tan a la ligera. Lo cual abarca a muchos sindicalistas, aunque éstos tienen la responsabilidad de trabajar por el mejoramiento de las condiciones laborales de sus afiliados: y el salario es el factor principal en la relación entre obrero y patrón.

Y hablando de patrones, no todos se prenden de los catastróficos vaticinios de la ortodoxia económica ni comulgan con ruedas de molino, aceptando sin más los números de la “inflación Congreso”. Ayer mismo, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Urtubey, dijo que el índice de precios que difunden diputados de la oposición "distorsiona la realidad" y les pidió "ser serios y responsables". "Hay que ser serios y responsables, primero revelar las fuentes de dónde sacan esas cifras, hablar hoy de 40 por ciento de inflación es un despropósito; hay que tener tecnología, gente, los datos, es muy complejo y muy sensible el tema de la medición de precios, por eso creo que el Congreso tendría que decir de dónde lo sacan", dijo Urtubey a Radio Del Plata. Recordó además que "(la titular del FMI) Christine Lagarde elogió a la Argentina por cómo había avanzado en el tema de la medición (de precios), me parece que si hay un reconocimiento internacional y el hecho de que hayan participado universidades le pone un viso de seriedad a la medición del Indec", afirmó. El empresario dijo que "no ayuda una cifra tan desproporcionada a una planificación con los gremios, porque genera expectativas negativas, distorsiona la realidad y contribuye a generar un clima llegando a fin de año, cuando uno tendría que tener certidumbre para empezar a negociar con las partes". Por último, dijo que para la industria 2014 "fue un año difícil, pero tampoco es una cosa tremenda que cayó la economía en Argentina".

Eso es cierto, porque los números generales del retroceso de la actividad industrial de la Argentina en 2014, si bien trazan un panorama desalentador, no alcanzan a todos los rubros de la industria. Se asientan dramáticamente, eso sí, en la industria automotriz, y eso ha dependido fundamentalmente de la caída de las exportaciones a Brasil, nuestro principal cliente –y socio- continental. Días atrás, una leve recuperación de la economía de la locomotora del Mercosur permitió un aumento –muy menor, es cierto- en las exportaciones del rubro automotor de nuestro país. Y ese dato permite retomar la mirada hacia el futuro de la economía nacional, todavía con posibilidades ciertas a pesar del ciclo contractivo mundial. Así que los políticos preocupados por el debate electoral tendrán que esperar todavía un poco: todavía el tema de la fuga de divisas, con o sin el HSBC de por medio, va a seguir acaparando la atención de muchos argentinos.

E.P.

 
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