A la hora del brindis

A la hora del brindis
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Por Ernesto Ponsati
Como la semana que viene esta columna no va a aparecer, la entrega de hoy se convierte en la última del año. Por lo tanto obliga a dedicar algunas líneas al cierre del período, después de una docena de meses en los que el escenario político y económico fue francamente siniestro. Empero, si echamos una mirada atrás, advertiremos que el país concluye 2014 con mejores perspectivas que aquellas que observábamos en enero, al momento de la devaluación de la moneda argentina dispuesta por el Gobierno. Un artículo del domingo último de Página 12 compara los resultados de algunos de los temas que fueron clave del año con los pronósticos que formularon a principios de 2014 algunos de los más enconados críticos del Gobierno en el manejo de la economía. El diario, uno de los más cercanos al Gobierno, destroza las visiones negativas de varios economistas, en asuntos tan candentes como el tipo de cambio (el oficial y el ilegal), el nivel de reservas del Banco Central y la inflación. Salvo este último ítem, el resultado es negativo para los expertos que diariamente aparecen en diarios y televisoras ubicados doctrinariamente en la vereda de enfrente de la Casa Rosada. Veamos.

Los vaticinios sobre el dólar oficial fueron variados, pero en general apuntaban a un alza pronunciada : 12 pesos (Moody’s), 10,40 (Domingo Cavallo), 10 (HSBC y UBS) y 9,41 pesos (Goldman Sachs, el más cercano). El dólar oficial se cotizó ayer a 8,56 pesos. En cuanto al ilegal, se aventuró que llegaría a 22 pesos (Rogelio Frigerio), 17 pesos (Tomás Bulat) y 15 pesos (Ricardo Delgado). Finalmente, el llamado paralelo termina el año cerca de 13,38 pesos, en tanto el “contado con liqui” cerró ayer a más modestos 11,24 pesos. Como se ve, las exageraciones no fueron la excepción sino la norma en las estimaciones de los economistas. Discrepancias igualmente marcadas arroja la proyección sobre el nivel de reservas internacionales que atesoraría el Central por estos días finales del año. Fausto Spotorno, del estudio Ferreres, dijo que estarían entre los 18.000 y los 20.000 millones de dólares. Desde el Estudio Bein las ubicaron por debajo de los 22.000 millones de dólares, en tanto que en FIEL calculaban que llegarían a 20.800 millones de dólares. La realidad es que las reservas del BCRA rozan actualmente los 31.000 (31.072, al día de ayer) millones de dólares, algo así como un 50 por ciento por encima de lo que los más encumbrados expertos del fundamentalismo de mercado habían predicho.

Donde las cosas no están tan claras es en lo que respecta a la inflación, fundamentalmente porque el matutino mencionado acepta como válido el cálculo del 24 por ciento que hace el INDEC. Nosotros desconfiamos de esa cifra, por más que el procedimiento y el alcance de la muestra (1) cuenten con el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI), que de cualquier manera continúa siguiendo de cerca la evolución de esos datos oficiales. Veamos qué dijeron los voceros de la ortodoxia económica: estará (la inflación) entre el 35 y el 40 por ciento (Martín Lousteau); prevemos una inflación del 40 por ciento (Aldo Pignanelli); será del 50 por ciento (Miguel Angel Broda); otros fueron 45 por ciento (Empiria), 40 por ciento (Nadin Argañaraz), 39 por ciento (Maximiliano Castillo) y 36 por ciento (Abeceb). Ya dijimos que no nos convence la cifra del INDEC, pero desde luego no se aproximará a las que lanzaron los economistas y consultoras en un inocultable afán por justificar, con números previos, la necesidad de una nueva devaluación. Quizás el año próximo se podrá acceder a conclusiones más confiables, entre las que seguramente no estarán las del Centro de Almaceneros de Córdoba, que abrió el paraguas hace más de un mes “clavando” un pronóstico de 44 por ciento, ni las que mensualmente ofrece el Defensor del Pueblo de Córdoba, claramente teñidas de oportunismo político.

El cuadro de situación le permite al Gobierno encarar el inicio del año 2015 con un ánimo un poco reconfortado, en particular porque no se observan indicios de estallidos sociales como los que también se vaticinaron, ahora desde el costado de la oposición sindical. Las amenazas de Huguito (Moyano), Luisito (Barrionuevo) y Pablito (Micheli) no han pasado de eso, por más que el líder de la CTA auténtica haya esbozado días pasados una protesta que llevó a sus huestes a la Plaza de Mayo pero que no tuvo mayor repercusión seguramente porque los medios establecidos siempre le restan espacio a ese sector; lo de Barrionuevo, ya se sabe: su CGT es apenas un sello, eso sí, Azul y Blanco. Los fuegos de la protesta no calientan el fin de año, y el Gobierno aprovecha para lanzar el balsámico anuncio de que las naftas bajarán un poco el mes que viene. El promedio de 5 por ciento es más que humilde, pero llega justo en la época que se consideraba más complicada para el kirchnerismo por efecto precisamente de la incontenible evolución alcista de los precios.
Empero, las mejores perspectivas que coinciden con los buenos augurios de las fiestas findeañeras no pueden ocultar los negros nubarrones que oscurecen el horizonte de la relación de la Casa Rosada con la Justicia. Todo el año fue de dificultades en ese terreno, ya sea por la marea de denuncias contra Amado Boudou y otros dirigentes del kirchnerismo, ya sea por los golpes sufridos en la justicia estadounidense, firmemente decidida a respaldar la causa de los fondos buitre. En aquellas instancias, el juez Thomas Griesa llegó a congelar el pago de intereses que la Argentina hizo a mediados de año, decretando lo que irónicamente se llamó en el país del Norte, el “griesafault”. En cambio, en el plano local, el encadenamiento de hechos va configurando el diseño de algo que sugiere un conflicto con la corporación judicial, dado que no tiene las dimensiones institucionales de un pleito entre dos poderes del Estado. Con el correr de los días, la prédica de los medios concentrados fue extendiendo su influencia hasta derivar en un rechazo de la oposición política a la designación de un juez que dicen que es afín al kirchnerismo, designación realizada con arreglo a todos los procedimientos que marca la ley. El único argumento de la oposición es que el magistrado tendrá injerencia en el proceso electoral, y ella (la oposición) sostiene que decidirá según le convenga al Gobierno. Aquí también funcionan, como en los vaticinios económicos, presupuestos que habrá que ver si se cumplen; por lo demás, el nuevo juez estará sometido al escrutinio de las instancias judiciales que también marca la ley.

Así las cosas, la inminente feria judicial apagará algo de las estridencias judiciales y permitirá que la ratificada disminución de los precios de las naftas traiga algo de beneficio a la castigada economía argentina, ya que volcará al consumo el ahorro generado de, según dicen, unos 30 pesos por tanque lleno de combustible. Algo es algo para un país doblemente golpeado por la crisis económica planetaria y por el acoso económico de la usura internacional, pero que aún encuentra espacio para propiciar una reforma laboral de sentido contrario al de aquella que quiso imponer Alberto Flamarique y su “banelco”. Una reforma que será más progresista y acorde con lo acuñado en siglos de tesonera lucha por los derechos sociales. Por las dudas, los patrones ya han amenazado con menor empleo y Mauricio Macri condenó el proyecto, que seguramente echará en el mismo cajón que el del “curro de los derechos humanos”.
E.P.

(1) El indicador de precios urbanos del INDEC comenzó a usarse este año, y su diseño, previamente aprobado por el FMI, sigue el modelo usado por centros estadísticos de países desarrollados. Releva más de 520 variedades de productos en 146 localidades del vasto territorio argentino y requiere el aporte de 160 encuestadores cada mes.

 
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