Massa, un emergente del peronismo en crisis de poder

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, lanzó una frase para la polémica: “Sergio Massa es el nuevo Menem”, dijo


POLÍTICA NACIONAL
por Alfredo Gutiérrez
El ministro de Defensa, Agustín Rossi, lanzó una frase para la polémica: “Sergio Massa es el nuevo Menem”, dijo. Tuvo la obvia intención de desacreditarlo, pero tal vez, si uno mira la historia del peronismo, la afirmación podría ser un involuntario elogio.

Porque el peronismo sin Perón sabe sacar de sus entrañas un nuevo líder cada vez que comienza un ciclo de ocaso. Un líder democrático, en el sentido en que son los votos los que lo ponen en ese lugar. Y el nuevo liderazgo, una vez consolidado, es seguido y respetado por el resto del Partido Justicialista – PJ. Aunque, en realidad, el camino de Massa se parece más al que transitó Antonio Cafiero en 1985, con la democracia recién recuperada. Obviamente los tiempos son distintos y el país es otro (fundamentalmente, el peronismo ahora está en el poder), pero hay algunas coincidencias. El peronismo venía de una derrota impensada frente a Raúl Alfonsín e insistía con viejas recetas: todavía tenía gran influencia la “rama sindical” (Lorenzo Miguel y las 62 Organizaciones marcaban el camino), las negociaciones por el poder interno se hacían a puertas cerradas o en congresos que terminaban a los sillazos, y los nombres de los “mariscales de la derrota” seguían encaramados en la cima. La presidencia del partido continuaba en manos de la ausente “Isabelita”, votada una y otra vez por los jerarcas del peronismo.

En ese contexto, un grupo comenzó a diferenciarse. Fundaron la Renovación, un sector que buscaba cambiar al peronismo para volver a ganar elecciones. El gobernador José Manuel de la Sota sabe de esto: allí estaban él, Cafiero, Carlos Grosso, Julio Bárbaro, Eduardo Duhalde y Carlos Menem, entre otros.

En las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 1985, Cafiero fue en Buenos Aires por “afuera” del PJ (igual que Massa en 2013). Iba a la cabeza del Frente Renovador, otra coincidencia con el massismo, para pulsear por la verdadera representación del peronismo. Y ganó: obtuvo un 26,35% de los votos, contra el escaso 9,59% de Herminio Iglesias, que tenía el “aparato” peronista. Aunque quedaron por debajo de la UCR, lo cierto es que el liderazgo del PJ comenzó a cambiar de manos.

Los renovadores ganaron en aquella elección la batalla interna, pese a las diatribas y los insultos que les prodigaban los jerarcas del partido. Desde el peronismo oficial, liderado por Herminio y Lorenzo Miguel, los acusaban de “alcahuetes de Alfonsín” y de oponerse al “verdadero” Movi-miento creado por Juan Perón, entre alusiones a la sinarquía internacional y la masonería propias del folclore derechista. Un detalle: la batalla discursiva de ahora es una imagen en espejo de aquella. Los jerarcas actuales acusan a los renovadores de pertenecer “a la derecha”.

Lo cierto es que aquel primer triunfo de Cafiero abrió las puertas para que la Renovación se ampliara, con pases de intendentes y dirigentes de todo el país, hasta llegar a la cúspide partidaria y cambiar la lógica interna del PJ. El 6 de septiembre de 1987, Cafiero volvió a ganar aupado en una montaña de votos, esta vez para gobernador de la provincia de Buenos Aires (sacó el 46%). Fue con el sello del PJ y obtuvo el tardío apoyo del sindicalismo ortodoxo, que le desconfiaba y se definió 15 días antes.

Al año siguiente, Cafiero se convirtió en presidente del PJ y convocó a internas con todo el país como distrito único, tal la promesa de la Renovación. Y aquí aparece otro fenómeno: Menem, ese gobernador riojano petiso, patilludo, con aires de caudillo del interior, desafió todos los pronósticos y ganó la interna. También aupado en una montaña de votos. En el ´89, llegó a Presidente, y no está de más recordar que ganó todas las elecciones durante su mandato, incluyendo la reforma constitucional y su reelección.

Es que el peronismo, maleable, suele acompañar a sus líderes emergentes que tienen votos y reemplazan a la estructura establecida. Es un partido de poder, que ha demostrado que se acomoda a las circunstancias históricas para mantenerlo: en los ´70 fue de derecha con Isabel, López Rega, Italo Luder y Herminio Iglesias. En los ´80 fue socialdemócrata con Cafiero, en los ´90 neoliberal con Menem, y progresista con los Kirchner en la primera década del 2000.

Lo que se mantiene en los distintos contextos históricos es la preferencia del peronismo por el poder, conferido por el voto popular. En ese sentido, Massa es un emergente genuino de un peronismo en etapa de crisis y cambios. Podría ser “el nuevo Menem”, como dijo Rossi. O un nuevo Cafiero, como se afirma aquí. Pero representa el cambio en una estructura que necesita nuevos aires.

Si uno revisa la tradición del peronismo, cuyos integrantes suelen acudir conmovedoramente en auxilio del vencedor –como dice Jorge Asís-, las comparaciones históricas pueden convertirse en un elogio inconsciente. Aunque se hayan dicho con intenciones de descrédito.

 
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