Biblioteca personal comentada

Biblioteca personal comentada
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por Manuel Esnaola
Especial para HDC

UNO

No hacen falta demasiadas explicaciones. Simplemente me acordé de un ejercicio que hace mi amigo Arturo cada vez que termina un libro. En la última hoja, esa que está en blanco, escribe un “haiku” intentando resumir la obra. Yo estoy lejos de lograr ese periplo. Sólo se me ocurrió que podía hacer un breve catálogo, una lista de supermercado para pegar en la heladera, con los libros que me gustan. Elegir, digamos, algunos títulos de mi biblioteca personal y subrayarlos con un comentario o alguna apreciación. De más está decir que esto no debería ser tomado con demasiada seriedad. Creo que ya lo he dicho… a veces escribo recetas sólo para autocomplacerme.


DOS    
Obras Completas, J. L. Borges: un cristal pulido hasta el hartazgo por alguien que sabe que la única forma de salir de las sombras es labrar otra sombra encerrada en un laberinto; Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato: la quintaesencia de un delirio con arneses históricos; La invención de Morel, Bioy Casares: Roberto Bolaño se dio cuenta que después de esta novela ya no se podía escribir un libro que se sostenga solamente por su argumento y, como tantos otros “detectives salvajes”, movió el foco del “¿qué?” hacia el “¿cómo?” escribir; Glosa, Juan José Saer: una ejecución imposible, una clase magistral de escritura, uno de mis libros favoritos; Rayuela, Julio Cortázar: masturbación adolescente, indiferencia snob de la primera adultez, reconquista y recuperación nostálgica de la segunda adultez; Pedro Páramo, Juan Rulfo: una exquisita parábola de que toda búsqueda es inútil, manotazos entre las voces de los muertos (o de los vivos) que no se resignan a su condición; La vida breve, J. C. Onetti: la invención de una ciudad como albergue de la miseria humana; Cien años de soledad, G. G. Márquez: después de esto el mundo nos parecerá siempre un lugar inhóspito y vulgar; Pequeño mundo ilustrado, María Negroni: un catálogo de breves historias maravillosas de la historia universal de la cultura; El testigo, Juan Villoro: viaje al fondo de un México inhabitable y corrompido por el narcotráfico; Horla City y otros, Fabián Casas: poemas recortados con una tijera desafilada con una familia rota tatuada en el metal.           


TRES
Vamos a otro estante. Hijos de Satanás, Bukowski: mear la nieve en los suburbios marginales de la vida y que se te congele el chorro hasta que te explote el miembro; Short Cuts, Raymond Carver: una autopista sin terminar que te lleva a dónde te pinte ir, lugar que generalmente, es la casa frente a la tuya; El loro de Flaublert, Julien Barnes: los ojos de Emma Bovary son pardos, negros y azulados… una magnífica relectura del franchute desde el humor y la habilidad crítica; Plataforma, M. Houellebeq: el cinismo sobre la imposibilidad de satisfacción del deseo en occidente, a menos que se consiga meterlo en la esfera del mercado y haya que pagar por él… el amor es una invención que jamás funcionó; El Padrino, Mario Puzo: tomate tres días en el laburo, es una droga ampliamente adictiva; Doctor Jekyll y Mr. Hyde, Stevenson: el resultado de un sueño atroz. Cuenta su esposa que Luis comenzó a dar alaridos de horror mientras dormía. Ella lo despertó pensando que tenía una pesadilla. El tipo, visiblemente enojado, le dijo: “¿Por qué me has despertado? Estaba soñando un dulce cuento de terror”; Breve historia del mundo, H. G. Wells: una demostración auténtica de que el poder de síntesis es una onda expansiva incontrolable; El proceso, Kafka: una versión del infierno como si fuera algo ordinario, allí reside el asqueo de su lectura; Demian, H. Hesse: un tratado para niños que se convirtió en explosivos para detonar y construir un sistema moral-inmoral; Niebla: una grieta de la modernidad, personajes (como los de Pirandello) que salen del texto en busca del autor, para interpelarlo; La náusea, J. P. Satre: escritura hastiada del hastío hacia los otros; El míto de Sísifo, Camus: alegoría de una prosa estilística sobre la condición absurda del hombre; La vida difícil, Slawomir Mrozek: ironía lacónica en ebullición; La oveja negra y demás fábulas, A. Monterroso: una filosofía zoológica perfectamente catalogada.   


CUATRO
Vamos terminando porque me parece que al editor se le acaba la paciencia. Naturalmente me quedan muchos libros afuera de este tarro. Los que quieran, vengan que la seguimos en mi departamento… El Principito, Saint-Exupery: la biblia de la posta de la vida; Nueve cuentos, Salinger: la perfección de un solitario; Leviatán, Thomas Hobbes: el primer parto exitoso de la Ciencia Política; El crimen perfecto, J. Baudrillard: ¿cómo es que todo no ha desaparecido aún?... rastros de una realidad que ha dejado de ser real; Enter Eller, Kierkegaard: o lo uno o lo otro… propuesta para la elección de una vida moral o una vida estética; Discurso del Método, Descartes: el manual pulenta que todos hubiésemos querido escribir para levantar minitas con nuestra inteligencia, captándose a sí misma en su soledad; Aullido, A. Ginsberg: grito salvaje de una generación arruinada que renace cada diez años; El macró del amor, L. Lamborghini: el escarabajo de oro de los epigramas; Poesía Completa, Pizarnik: “soy tan inteligente que ya no sirvo para nada”; Cólera Buey, J. Gelman: devolvé la bolsa, ¡de-vol-vé!; Gironsiglos, Ana Emilia Lahitte: escribir es, ante todo, desarmar retazos de una filosofía de los cuerpos, de la sal, de la vejez, de la muerte del amor; Poesías Completas, Oscar Wilde: el genio helénico, el estilista por excelencia, el exiliado inmoral; Romancero gitano, Lorca: un texto sagrado; El burlador de Sevilla, Tirso de Molina: ¡piedra libre Esnaola!, con la colección completa de los Don Juanes (Byron, Zorrilla, Molière, etc.) te agarraron como adolescente con las manos en la masa. Amén.

 
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