Mensaje unidireccional

La apatía de la población ante las Paso es una derivación de determinadas estrategias de campaña diseñadas para evitar la confrontación de ideas sobre asuntos sensibles

CASI TODO ES OTRA COSA

Ernesto Kaplan

@ernestkaplan

De nuestra Redacción

Cuando esta noche se baje el telón de lo que se podría definir como la “avant premiere” de las elecciones legislativas tras la realización de las primarias del próximo domingo, los ciudadanos cordobeses quedarán con una sensación de insatisfacción, como consecuencia de que algunos de los principales precandidatos a diputados nacionales, que prometieron representarlos en el Congreso a partir del 10 de diciembre, no hicieron grandes esfuerzos por receptar sus inquietudes. Incluso, las plataformas con propuestas concretas brillaron por su ausencia. Por lo tanto, es válido concluir que la apatía de la población ante las Paso es una derivación de determinadas estrategias de campaña diseñadas para evitar la confrontación de ideas sobre asuntos sensibles como el desempleo, los desmedidos aumentos tarifarios, la inflación, la corrupción en la obra pública, los recortes en las jubilaciones, los cajoneos de las leyes de bosques o de alquileres, los femicidios como expresión extrema de la violencia de género, la caída en el consumo, y la desaparición de personas en democracia. 

Los espacios políticos tradicionales respetan a rajatabla una regla básica de los medios de comunicación concentrados y de los gobiernos que carecen de sensibilidad social. Instalan una agenda específica para que te pases todo el día discutiendo acerca de problemas importados, con el objetivo oculto de evitar que tomes conciencia sobre los dramas verdaderos que te golpean en la vida cotidiana. Me refiero a lo que te ocurre cada vez que salís de tu casa y no hay luces en las calles, te roban con violencia en la vía pública, o vas a un hospital y te atiende un médico precarizado, y que encima te reconoce que carece de los insumos para garantizar las prestaciones más básicas. Tomate el trabajo de revisar los afiches o spots de campaña. De esto, seguro que no se habla.   

Mientras tanto, la tendencia que se impone en estos tiempos es la de reemplazar los actos masivos tradicionales por el contacto directo con los vecinos en ámbitos amigables tales como las caminatas por las peatonales de las grandes ciudades, los timbreos a viviendas particulares, clubes, fábricas y escuelas, entre otros sitios, que son celosamente sondeados de antemano para medir el grado de aceptación hacia el postulante o funcionario de turno, que asistirá al encuentro de lo supuestamente desconocido. De tal manera, se esquivan las situaciones incómodas que pudieran presentarse ante, por ejemplo, un planteo “inoportuno”. Quédense tranquilos, estimados votantes, ya que, a excepción de las misiones religiosas que nos seguirán sorprendiendo a domicilio con sus extemporáneos operativos de seducción, los aspirantes a cargos electivos no irrumpirán de aquí a octubre sin previo aviso.  

Otra de las características de la actividad proselitista actual está relacionada con la creciente utilización de las redes sociales como herramientas centrales para alcanzar al público mayoritario que navega por Internet. Mediante el uso de avisos sencillos y pegadizos, este instrumento es eficaz para que todos los contrincantes procuren diferenciarse del resto, a partir de premisas básicas. Pero hay un inconveniente. Los medios digitales terminan reflejando la diferencia abismal que existe en términos presupuestarios, entre un candidato que es patrocinado por una coalición que dispone de fondos públicos millonarios, y otra que la tiene que remar desde el llano. En este marco, se observa un común denominador que también sería conveniente revisar. Las cuentas o perfiles de los competidores en Facebook, Twitter o Instagram, no son operadas por sus protagonistas sino por asesores que hacen las publicaciones respetando una línea argumental. Por eso es que cuando un usuario quiere interactuar con un político, por lo general, se choca contra una pared silenciosa e indiferente. El mensaje es unidireccional. Esta postal cotidiana en las redes desnuda una enorme contradicción debido a que el postulante lleva a cabo posteos permanentes, demandando una contraprestación por parte del electorado, que en este caso en particular, se traduce en la necesidad de que lo voten. ¿Qué recibe a cambio? Promesas de mejoras para todos los gustos. Sin embargo, resulta paradójico que ni siquiera se tomen el trabajo de dar respuestas a las inquietudes que van surgiendo como derivación de la propaganda. 

Para finalizar, cabe esperar que una vez que hayamos superado esta primera instancia de las elecciones legislativas, asome un mayor nivel de compromiso por parte de los candidatos que quedarán anotados para las generales del 22 de octubre. Es que, independientemente de quienes resulten ganadores en las Paso, lo importante será exigirles a todos los que continuarán en carrera, que emitan pronunciamientos claros y específicos sobre nuestras preocupaciones, en lugar de las que ellos imponen. Para ello, es necesario sacarlos de su zona de confort e instarlos a que expongan sus pensamientos en escenarios desprovistos de guiones armados. Los gestos, la improvisación, las emociones y hasta la picardía criolla, alimentan los debates en campaña. Como se sabe, los pingos se ven en la cancha.    

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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